jueves, 10 de diciembre de 2015

Cómo surgieron las sociedades de insectos

Abeja solitaria (Megachile) y social (Apis)
Entre los insectos del orden de los himenópteros existen bastantes especies que hacen vida independiente, pero también hay muchas que viven en común formando sociedades. La vida social ha surgido varias veces por evolución, tanto entre las hormigas (todas las cuales forman sociedades), como entre las abejas y las avispas, muchas de las cuales viven solitarias. De aquí ha surgido la necesidad de explicar por qué es tan frecuente entre estos insectos la vida social y cómo ha podido llegar a existir. Con otras palabras: qué ventajas evolutivas proporciona.
En las sociedades de insectos, la mayor parte de los individuos renuncian a reproducirse y dedican su vida a cuidar de la reina (la única que pone los huevos) y de sus hermanas y hermanos mientras son larvas. Normalmente existen al menos dos castas de individuos: los que son sexualmente activos (machos y hembras) y los neutros (usualmente hembras asexuadas). La diferencia entre las hembras activas y neutras la produce exclusivamente el tipo de alimentación que reciben durante la etapa larvaria.

El problema puede enunciarse así: ¿Por qué las hembras neutras han renunciado a la reproducción? La teoría de la evolución se basa en la supervivencia de los individuos más capaces de reproducirse. ¿Qué puede inducir a ciertos individuos a delegar su capacidad reproductiva en algunos de sus hermanos, como hacen los himenópteros?
Tenemos un dato adicional: los himenópteros son haplodiploides, lo que quiere decir que algunos individuos (los machos) son haploides, porque nacen de huevos sin fecundar. Las hembras, en cambio, nacen de huevos fecundados y son diploides. ¿Afecta esto al problema del origen de la vida en sociedad?
Muchos biólogos creen que sí, que este hecho proporciona una explicación plausible del misterio. Como los machos son haploides, tienen una sola dotación genética, que (aparte posibles mutaciones aleatorias) transmiten íntegramente a todos sus hijos. Las hembras activas, en cambio, al ser diploides, transmiten a sus hijos sólo la mitad de sus genes. Dicho de otro modo: una madre himenóptero tiene la mitad de sus genes en común con cualquiera de sus hijos. En cambio, dos hermanas hijas de los mismos padres comparten el 75% de sus genes, pues mientras los del padre son idénticos, los de la madre sólo tienen un 50% de probabilidades de coincidir. Por lo tanto, desde el punto de vista de los genes, es más conveniente para una hembra renunciar a la reproducción y dedicarse a ayudar a su madre a generar más hermanas suyas, que compartirán con ella un 75% de los genes, que reproducirse por sí misma, porque sus hijos sólo asegurarían la supervivencia de la mitad de esos mismos genes.

Coptotermes y termitero africano
La explicación parece muy razonable, y lo sería más aun si no fuese porque existe un contraejemplo impresionante: hay otro orden de insectos (los isópteros, emparentados con las cucarachas) que también forman sociedades, aun más espectaculares que las de los himenópteros. En efecto, los termes construyen nidos, a veces gigantescos, en los que viven millones de individuos, más numerosos que los que habitan en cualquier hormiguero, avispero o colmena. Pues bien: los isópteros son todos diploides. Por lo tanto, la explicación anterior no se les aplica. ¿Cómo surgieron las sociedades de isópteros? ¿Qué ventaja evolutiva pudo proporcionarles la vida en común? De momento, no se sabe.

Manuel Alfonseca

3 comentarios:

  1. Jejejeje, misterio sin resolver, de momento! :-)

    Un placer pasar por tu blog, como siempre.

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  2. Un artículo muy interesante, ¡Muchas gracias por él! Ojalá contemos con mas datos en el futuro que nos ayuden a entenderlo =)

    También es intrigante el hecho de que existan poblaciones que se reproducen por clonación y aún así siguen manteniendo la estructura de reina y obreras.

    http://axxon.com.ar/noticias/2011/07/se-creia-que-un-insecto-era-asexual-pero-su-sexo-se-practica-ocultamente/

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