En el artículo anterior hablé de la Cladística, la nueva forma de clasificar
los seres vivos partiendo de su posición en el árbol de la vida, y mencioné
alguna de las dificultades que surgen si se intenta adaptar a la cladística el
sistema de clasificación anterior, basado en el árbol taxonómico y las
categorías clásicas de Linneo: reino, phylum, clase, orden, familia, género y especie.
Hay más dificultades. Por ejemplo, consideremos el concepto de reino, la máxima categoría taxonómica de Linneo. Tradicionalmente los seres vivos se dividían en dos reinos: animal y vegetal. Estos dos reinos estaban claramente separados, con características muy diferentes. Así, los animales se definían como seres orgánicos que viven, sienten y se mueven por propio impulso (diccionario de la RAE), mientras las plantas (el reino vegetal) serían seres que viven, pero no sienten y no se mueven. Se admitía que estas definiciones eran imperfectas, porque existían excepciones, como las esponjas, que apenas se mueven, pero son animales, y algunas plantas, como las mimosas, que parecen sentir ciertos estímulos y se mueven en respuesta a ellos.







