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| S.Agustín, por Louis Comfort Tiffany Lightner Museum |
Al estudiar la historia
de la ciencia, un hecho resulta evidente: mientras otras civilizaciones alcanzaron cumbres técnicas,
matemáticas o astronómicas notables, en el seno de la cristiandad europea
germinó un desarrollo científico sistemático, acelerado y desmesurado, incomparable con el de
cualquier otra civilización, precedente o contemporánea. ¿Por qué esa
diferencia espectacular? La respuesta no es
cuestión de azar, sino de cosmovisión. Ciencia y fe no son adversarios, sino
piezas de un puzle diseñado con una precisión asombrosa.
La supuesta guerra entre ciencia y fe es una falsa diatriba alimentada por prejuicios decimonónicos. Mientras la Ciencia se ocupa del mundo material y experimental, la Filosofía y la Fe se ocupan del ser y del propósito. El error de científicos como Stephen Hawking fue declarar que la filosofía ha muerto para, acto seguido, proponer teorías (como el realismo de modelos o el multiverso) que son elucubraciones filosóficas.







