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| Cristo crucificado, talla en madera de Manuel Alfonseca Santana |
Si los viajes en el tiempo fuesen posibles, el
mayor aliciente para los viajeros sería asistir como testigos presenciales a
sucesos famosos del pasado, como el asesinato de Julio César y muchos más. El
hecho de que no tengamos constancia de la presencia de gente extraña en ninguno
de esos casos es un argumento importante en contra de la factibilidad de los
viajes en el tiempo.
No cabe duda de que uno de esos sucesos, quizá el
más famoso de todos, sería la Crucifixión de Cristo. Si los viajes en el tiempo
fuesen posibles, debería haber habido en el Gólgota una avalancha de visitantes
procedentes de tiempos futuros para asistir al suceso más importante de la
historia de la humanidad.
De hecho, esta idea ha sido utilizada en la literatura de ciencia-ficción. En una novela corta titulada There will be time, Poul Anderson la aplica haciendo que su protagonista viaje a Jerusalén, en el día de la Crucifixión, para asistir a la muerte de Cristo. Y al llegar descubre que hay una multitud de personas asistiendo, y que casi todos son viajeros en el tiempo.







