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| Friedrich Nietzsche |
Con la pérdida de impulso del cristianismo, han vuelto a surgir en Occidente concepciones cíclicas de la historia. Veamos cómo lo expresa Nietzsche en Así habló Zaratustra (III parte, 2,2), que sin embargo predijo la suplantación del hombre por el superhombre, y debería haber sido inmune a ello:
Y esa araña que se arrastra lentamente
a la luz de la luna, y esa misma luz lunar, y tú y yo, que estamos delante de
esta puerta charlando sobre cosas eternas, ¿no tenemos que haber existido ya
todos nosotros alguna vez? ¿Y no tenemos que venir de nuevo y recorrer esa otra
senda que se extiende ante nosotros hacia adelante, esa senda larga y horrible?
¿No tendremos que retornar eternamente?
Los cosmólogos ateos del siglo XX han expresado a menudo su preferencia por una cosmología cíclica, que en su opinión haría innecesario recurrir a Dios para explicar la existencia del universo. Aunque algunas de esas teorías (la cosmología estacionaria y la alternancia del Big Bang y el Big Crunch) no están de moda, gracias a los datos que tenemos sobre el origen y el futuro del universo, continuamente surgen otras teorías nuevas que las sustituyen.







