jueves, 18 de diciembre de 2014

Cómo clasificar los seres vivos: cladística o niveles de complejidad

El árbol de la vida
Desde los tiempos de Aristóteles, los seres vivos se han clasificado en reinos. Al principio se distinguían dos: el vegetal, formado por seres poco capaces de cambiar activamente de posición, y el animal, que en su inmensa mayoría sí son capaces de ello.
Cuando Antony van Leeuwenhoek descubrió los microorganismos, se intentó mantener la dicotomía integrándolos, unos entre los animales (amebas y paramecios), otros entre las plantas (bacterias, algas y hongos microscópicos). Pero a ese nivel la separación entre animales y plantas se difuminaba hasta tal punto, que a mediados del siglo XX se decidió añadir un tercer reino a los dos existentes: el de los protistos, los seres vivos unicelulares.
Poco después, los biólogos llegaron a la conclusión de que el reino vegetal debía dividirse en dos: por un lado, los hongos; por otro, todas las demás plantas (los metafitos). Hacia 1975, por consiguiente, se hablaba de cuatro reinos.

En los años ochenta se puso de moda una nueva forma de clasificar los seres vivos: la cladística. El auge de la biología molecular, el análisis de ADN, cambió la forma de interpretar las clasificaciones, convirtiéndolas en subdivisiones del árbol de la vida, que expresa de forma gráfica el camino de la evolución.
Algunos biólogos han llevado hasta el extremo las ideas sugeridas por la cladística, sosteniendo que cualquier grupo biológico tiene que ser un subárbol en sentido estricto, el resultado de arrancar una rama del árbol de la vida. Esta restricción, que a primera vista parece defendible, si se mira con cuidado resulta tener consecuencias graves:
  • Por un lado, muchos grupos de animales y vegetales clásicos, a los que estamos acostumbrados, dejarían de existir: todos aquellos de los que descienda otro grupo de la misma categoría biológica. Por ejemplo, de los peces óseos descienden todos los vertebrados terrestres; de los anfibios, los reptiles; de los reptiles, las aves y los mamíferos. En las clasificaciones cladísticas no tendrían cabida los peces óseos, los anfibios ni los reptiles.
  • Por otra parte, si admitimos que los animales, los metafitos y los hongos son reinos, tendría que ser también reino cualquier otro grupo de seres vivos que haya dado lugar antes que ellos a ramas independientes del árbol de la vida. Habría, así, más de cincuenta reinos de seres vivos, de los que casi todos serían unicelulares, algunos con muy pocas especies.
  • Por último, los hongos (y probablemente también los metafitos) tendrían que descomponerse en varios reinos, por ser polifiléticos. O sea, que el concepto de reino quedaría desvirtuado.
Además, se olvida un hecho fundamental: que la evolución de la vida atraviesa puntos críticos que dan lugar a nuevos niveles de complejidad. El paso por un punto crítico debería considerarse equivalente a un cambio de reino, independientemente de que el resultado sea un subárbol o no. De hecho, la mayor parte de las veces no lo será. Si aplicamos este criterio (el paso por un punto crítico), los seres vivos se clasificarían en cinco reinos:
  • Reino de los procariotas (unicelulares sin núcleo), que a su vez se dividirían en dos subreinos: arqueas y bacterias.
  • Reino de los eucariotas (unicelulares con núcleo), que surgieron de la simbiosis (vida en común) de bacterias y arqueas.
  • Reino de los hongos, seres pluricelulares muy poco móviles sin fotosíntesis, que surgieron de la simbiosis de un grupo de eucariotas.
  • Reino de los metafitos, seres pluricelulares muy poco móviles con fotosíntesis, que surgieron de la simbiosis de otro grupo de eucariotas.
  • Reino de los animales (o metazoos), seres pluricelulares móviles sin fotosíntesis, que surgieron de la simbiosis de un tercer grupo de eucariotas.
Si se aplicaran las reglas de los cladistas más estrictos, sólo el último tendría posibilidades de ser considerado reino, y aun estaría en duda, pues podría ser polifilético, si las esponjas hubiesen tenido un origen independiente.

El mismo artículo en inglés
Manuel Alfonseca

3 comentarios:

  1. Es muy de agradecer este ejercicio taxonómico actualizado.
    Sin embargo, me resulta "borroso":
    1. En su origen, al arrancar del "árbol de la vida" y no del "árbol de la evolución".
    2. En su estructura, al no identificar los "puntos críticos" o "bifurcaciones" del árbol.
    3. En su desarrollo, en cuanto a indefinición de los términos "reino", "grupo".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. 1. Doy por supuesto que lo que antiguamente se llamaba "árbol de la vida" es lo mismo que modernamente se llama "árbol de la evolución". De hecho, al utilizar la cladística, ambos tienen que coincidir por definición. Utilizo el primer término porque es más conocido.
      2. Los puntos críticos del árbol son:
      a) Paso de la no vida a la vida.
      b) Paso de la célula procariota a la célula eucariota.
      c) Paso de la célula eucariota al organismo pluricelular.
      3. El término "reino" se refiere a la categoría más amplia que se distingue al clasificar los seres vivos. Como todas las categorías biológicas (excluyendo quizá a la especie) es puramente formal y arbitraria.

      Eliminar
  2. Espléndido resumen. Acéptese lo siguiente como comentario diletante, es decir, aficionado y no profesional:

    (a) Por una parte, entiendo que todo progreso científico arranca de un primer esfuerzo por clasificar el objeto de estudio de que se trate en cada caso. Y, en este sentido, bienvenida sea la taxonomía.

    (b) Por otra, creo que la lucidez de Ortega y Gasset (cuando sostenía que 'clasificar es tratar la realidad a hachazos' -no tengo aquí la fuente exacta) ilumina muchas situaciones.

    ResponderEliminar