jueves, 13 de julio de 2017

La destrucción del lenguaje

C.S. Lewis
The same post in English

El lenguaje cambia continuamente. A lo largo del tiempo, algunas palabras desaparecen, otras se crean para aplicarse a conceptos nuevos que antes no existían, y otras cambian ligeramente de significado. El proceso puede continuar hasta que una palabra pasa a significar algo totalmente diferente de su sentido original, o incluso opuesto. A veces, diversos significados de una misma palabra coexisten simultáneamente.
En un libro titulado Studies in Words, publicado en 1960, C.S. Lewis acuñó la palabra verbicidio para referirse al asesinato de una palabra, hacerle perder su significado con un uso distinto del que hasta entonces había tenido, haciendo que este se pierda. Un caso simétrico equivalente es el de acuñar palabras nuevas que en realidad son totalmente innecesarias, pues ya existían otras perfectamente aplicables para ese significado.
Los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande en estos procesos, pues es frecuente que adopten, lancen o copien indiscriminadamente palabras de moda sin tener en cuenta las consecuencias. Casi todas ellas son innecesarias o conducen al verbicidio de alguna palabra útil. Veamos algunas de las formas en que puede tener lugar este proceso, según señala C.S. Lewis en la introducción de su libro:
  • Inflación: utilizar una palabra que exagera desmesuradamente el significado que se quiere dar a entender. Por ejemplo, decir tremendo cuando se quiere decir mucho. Sádico, cuando se quiere decir cruel. Impensable, con el sentido de indeseable.
  • Verbosidad: utilizar una palabra como una promesa que no se va a cumplir. Por ejemplo, decir que algo es significativo, sin aclarar qué es lo que significa. O usar la palabra diametralmente para poner la palabra opuesto en superlativo.
  • Expresión de aprobación o desaprobación: el proceso por el que una palabra perfectamente útil acaba convirtiéndose en un sinónimo innecesario de bueno o malo. De ese modo, una palabra que antes servía para describir algo, acaba convirtiéndose en una evaluación. Este proceso es una de las formas más frecuentes de verbicidio. Históricamente esto ocurrió, por ejemplo, con la palabra cortés, que de relacionado con la corte se transformó en bien educado; villano, que se aplicaba a los campesinos que vivían en una villa y acabó convirtiéndose en un insulto; o la palabra inglesa rotten, que inicialmente significaba podrido y se ha convertido en un sinónimo de bad (malo), hasta el punto de que ahora, cuando se quiere decir que algo está podrido, hay que utilizar la palabra bad. Un caso curioso es el de la palabra burgués, que pasó de un significado peyorativo a otro: de no aristócrata, por lo tanto vulgar, a no proletario, por lo tanto reaccionario.
El verbicidio conlleva una pérdida de riqueza del lenguaje y puede llevar a su destrucción. A medida que se imponen estas prácticas, se pierden sentidos útiles de las palabras, mientras aumentan los sinónimos innecesarios, dando lugar a una inflación de términos que significan simplemente bueno, malo y mucho.
Veamos algunos ejemplos recientes de neologismos posiblemente innecesarios:

  • Corrupción: un sinónimo reduccionista de la frase corrupción política que abarca varias formas de actuación política consideradas en general como inmorales: incluye todo lo que representan los términos soborno (cobro en dinero a cambio de hacer un favor a una persona o empresa), nepotismo (favorecer injustamente a familiares o amigos) y desfalco de dinero público (para enriquecer a una persona, un partido político o un sindicato). Recuérdese que el sentido original de esta palabra es podredumbre, aunque hace ya mucho tiempo que se aplica también a los actos humanos.
  • Populismo: es un sinónimo innecesario de demagógico, que se aplica por igual a tendencias políticas de extrema izquierda, de extrema derecha, e incluso a personalidades sin posición política clara, como Donald Trump. Su objetivo es aumentar la carga negativa de un calificativo político para que se convierta, sin que la audiencia lo note, en un sinónimo de malo, generalmente sin explicar los motivos por los que es malo.
  • Posverdad: es un sinónimo innecesario de mentira o falsedad, inventado en el año 2010, al parecer en un blog de Internet, pero que se ha extendido como la espuma. Su objetivo es reducir la carga negativa asociada a la palabra mentira para hacerla más aceptable. Quien la usa, por lo tanto, está tratando usualmente de darnos gato por liebre. Pues bien: la Real Academia ha decidido aceptarla en una decisión quizá apresurada, pues por un lado debería mantener limpio el idioma, sin introducir en su diccionario términos coyunturales efímeros, y por otro teme quedarse atrás respecto a la lengua que habla la sociedad.
  • Ultracatólico: significa lo mismo que católico practicante, persona que acepta y practica las enseñanzas de la Iglesia Católica, sobre todo en cuestiones relacionadas con el aborto y la sexualidad. Su objetivo es dar la sensación de que esas enseñanzas son malas e inaceptables, que todos los católicos practicantes son extremistas, y que los únicos católicos buenos son los que no aceptan o practican las enseñanzas de la Iglesia.
Manuel Alfonseca
Felices vacaciones. Espero que volvamos a coincidir en septiembre

2 comentarios:

  1. Felices vacaciones para ti también.
    Hasta septiembre, pues.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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