jueves, 5 de abril de 2018

Preformación y epigénesis


La historia de la evolución de las teorías científicas sobre el origen de los seres vivos (la vida embrionaria) es muy curiosa. Voy a intentar resumirla en un par de artículos.
A lo largo de la historia de la ciencia, el problema del desarrollo embrionario de los organismos pluricelulares ha sido uno de los misterios más arcanos que el hombre ha intentado resolver. Ante este problema, se le han ocurrido esencialmente dos soluciones contrapuestas:
  • Preformación: Lo que se produce durante el desarrollo embrionario es un crecimiento del embrión, cuya constitución y composición están completamente predispuestas desde su origen. Todo está hecho desde el principio, ya sea en el óvulo, el espermatozoide o el zigoto.
  • Epigénesis: El desarrollo embrionario es un proceso. No todo está decidido desde el principio, todo ocurre porque algo –una fuerza vital, o una acción externa o interna– obliga al embrión a desarrollarse de una manera y no de otra.
Aristóteles
El dilema es muy antiguo. Aristóteles (siglo IV a.e.C.) decidió aplicar el método empírico para resolver la cuestión. Para ello, puso a incubar 21 huevos de gallina, y cada día abrió uno de ellos y estudió en qué estado se encontraba el embrión. Naturalmente, tenía que realizar sus estudios a simple vista, pues en su época no había microscopios. De todas formas, lo que descubrió le movió a excluir la posibilidad de un embrión preformado desde el principio, pues ciertos órganos (como el corazón o el hígado) no aparecían hasta etapas relativamente avanzadas del desarrollo, y en etapas anteriores no pudo encontrar rastros de esos órganos. Consiguientemente, Aristóteles se inclinó por una postura basada en la epigénesis, aunque él mismo nunca utilizó esa palabra, de origen griego, que significa literalmente después del principio.
Cuando hacia el siglo XI tuvo lugar en Occidente el redescubrimiento de las teorías de Aristóteles, era lógico que su aceptación de la epigénesis influyera también en las ideas de los médicos y naturalístas de la época. Así, a principios del siglo XVII, el médico inglés William Harvey, más conocido por su descubrimiento de la circulación sanguínea, mantuvo aún una teoría basada en la epigénesis para explicar el desarrollo embrionario. Pero poco después surgió en Occidente una reacción global contra Aristóteles, basada esencialmente en las nuevas ideas cosmológicas, que dio lugar a que, a finales de ese mismo siglo, cambiasen las tornas, y los científicos se inclinaran decididamente hacia la teoría de la preformación.
Pero por entonces la preformación no era una sola teoría, sino varias, de acuerdo con dos puntos posibles de discrepancia:
  • Por un lado, parte de los defensores de la teoría de la preformación sostenían que la estructura del nuevo ser estaba desde el principio en las células generativas, que contenían dentro de sí mismas una especie de pequeño individuo completamente formado que sólo estaba esperando desarrollarse. Era la teoría del homúnculo si se refiere a seres humanos, o animáculo si hablamos de animales. Nicholas Malebranche fue uno de los defensores de esta teoría, también llamada preformación encapsulada. Lo malo es que, llevando las cosas hasta el extremo, esta teoría obligaba a admitir que las células germinales de dicho homúnculo tenían que contener otros homúnculos, y así sucesivamente, de modo que todos los descendientes posibles de un ser humano cualquiera estaban contenidos ya en su primer antepasado, como una a modo de muñeca rusa que se prolongara hasta el infinito.
  • En el lado opuesto estaba la teoría de la pangénesis, según la cual el poder generativo se encontraría distribuido por todo el cuerpo, desde donde se desplazaría hasta las células germinales, y al reunirse allí haría a estas capaces de engendrar un nuevo ser, evitando así la muñeca rusa infinita.
  • Por otra parte, la teoría de la preformación se dividía en tres ramas independientes: los que sostenían que todo el poder generativo está concentrado en los elementos masculinos de la esperma (espermismo, defendido por van Leeuwenhoek, por ejemplo); los que decían que todo está en el óvulo (ovismo, entre cuyos defensores estaban nombres tan señeros como Marcello Malpighi y Lazzaro Spallanzani); y un tercer grupo (minoritario) que sostenía que el origen de todo nuevo ser está en el zigoto.
Emmanuel Kant
En el siglo XVIII, con el advenimiento de mejores microscopios, la balanza se inclinó una vez más hacia el lado de la epigénesis, gracias a los trabajos de los biólogos Caspar Friedrich Wolff y Johann Friedrich Blumenbach, y del filósofo Emmanuel Kant en su Crítica de la Facultad de Juzgar. En particular, Blumenbach propuso que existe una fuerza especial, que llamó Bildungstrieb (fuerza formativa), semejante a la gravitación de Newton, que regularía la aparición y la distribución de las partes y órganos de los embriones durante su desarrollo. Aunque Blumenbach sostenía que dicha fuerza es puramente física, es fácil ver que la teoría de la epigénesis se prestaba también a la propuesta de alguna fuerza vital o entidades análogas, por lo que más tarde volvió a entrar en decadencia.
No vayáis a creer que con el avance de las ciencias de la vida durante los siglos XIX y XX se resolvió definitivamente el problema en favor de una de las dos alternativas. Pero esa parte de la historia se queda para el artículo siguiente.


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Manuel Alfonseca
Primer artículo de una serie de cuatro

3 comentarios:

  1. Lo primero, que voy a hacer es felicitar al autor por su excelente artículo como siempre. Meha gustado muco reencontrarme con viejos conocidos. Malebranche intento cristianizar el cartesianismo. He visto nombres que conozco como Spallanzani, Malpighi, Leuwenhoek, Harvey. Es una pena, que no haya salido el interesante Nicholas Steno, pero el artículo de mi amigo está muy bien. Le felicito por su trabajo, y espero ansioso su siguiente artículo.

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  2. Tienes razón Alfonseca, está es una parte de esta interesante historia.
    Vamos a esperar al siguiente artículo, para ver cómo termina.

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  3. No quiero dejar de felicitar a Manuel Alfonseca por esta magnífica serie de artículos en genética. Muchas gracias por todo lo que me ha enseñado, las nuevas perspectivas que me ha abierto sobre el tema, y científica visión con la que ha abordado las diferentes facetas. Enhorabuena.

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