jueves, 26 de marzo de 2015

Sobre el problema del mal

campo de concentración de Auschwitz
En un artículo anterior sobre los himenópteros cazadores mencioné el problema del mal, también llamado a menudo problema del dolor, título del conocido libro de C. S. Lewis. Aquí quiero volver sobre este asunto, que aunque es más bien ético o filosófico, tiene también alguna relación con la ciencia, como se verá al final de este artículo.
Se distinguen dos tipos diferentes de problema del mal:
  1. El mal humano, el que provoca el hombre. El campo de concentración de Auschwitz se ha convertido en el paradigma más mencionado.
  2. El mal natural, el hecho de que los procesos naturales provocan mucho dolor al hombre y a otros seres vivos.
Aunque el problema del mal humano no es realmente más que un problema aparente, ha sido utilizado tradicionalmente por los ateos para demostrar que Dios no existe con un argumento como este:
Si existiese un Dios bueno, no habría permitido Auschwitz (por ejemplo). Como Auschwitz  ha ocurrido, ese Dios no existe.
Este argumento es muy fácil de desmontar. Al crear el mundo, Dios tuvo que elegir entre dos posibilidades: dejar que contenga seres inteligentes libres, o limitarse a poblarlo con simples marionetas sin libertad de elección. En el primer caso, el mal humano es inevitable. En el segundo, no existiría. La contestación al argumento es esta: Si tú estuvieras en lugar de Dios y pudieras crear seres inteligentes, ¿los harías libres o marionetas? Como investigador en el campo de la vida artificial, yo tengo muy claro que haría lo primero. ¿Qué interés puede tener hacer lo segundo?
Una consecuencia adicional del problema del mal humano es el problema de la justicia divina: el mal debería ser castigado de algún modo. Cada religión ha elegido una solución diferente a este problema. Las religiones de la India, por ejemplo, creen que el mal que hacemos en esta vida se castigará en la próxima reencarnación. El judaísmo sostuvo que las culpas de los padres recaen sobre los hijos. El cristianismo ofrece otra: Dios se hizo hombre y murió para asumir las consecuencias del mal que nosotros hemos provocado.
El problema del mal natural es más complicado, porque usualmente no podemos echarle la culpa al hombre. Por eso los ateos lo utilizan frecuentemente como argumento contra la existencia de Dios, con una formulación muy parecida a la anterior:
Si existiese un Dios bueno, no permitiría que exista tanto dolor en la naturaleza. Como lo hay, ese Dios no existe.
En el artículo sobre los himenópteros cazadores mencioné dos respuestas posibles al problema del mal en la naturaleza. Sin embargo, hay una manera más drástica de enfocarlo, aportada por el filósofo estadounidense Alvin Plantinga, quien utiliza el problema del dolor para demostrar la existencia de Dios con una argumentación parecida a esta:
Alvin Plantinga
En el mundo existen males aborrecibles porque el hecho en sí es horrible, males que reconocen como tales todos los seres humanos, sean ateos o creyentes. Pero si Dios no existe, el concepto de mal aborrecible no tiene sentido. Luego Dios existe.
¿Por qué no tendría sentido el concepto de mal aborrecible si Dios no existe? Recordemos que de la ciencia no puede sacarse ninguna conclusión ética. La ciencia se ocupa exclusivamente de hechos y explicaciones de los hechos. Es decir, trabaja exclusivamente con oraciones en modo indicativo: esto es así; esto se debe a aquello. Ahora bien, la lógica elemental nos dice que de dos premisas en modo indicativo es imposible extraer una conclusión en modo imperativo. Luego la ciencia no puede deducir ni inducir ningún principio ético. La ética está fuera del alcance de la ciencia. Para obtener conclusiones éticas necesitamos premisas en el modo imperativo: haz esto; no hagas aquello. ¿Quién nos las proporciona? ¿La selección natural? ¿Surgen las normas éticas porque son favorables a nuestra supervivencia? Pero entonces no existirían males aborrecibles, males independientes de nuestra especie. Todos esos males que aducen los ateos en su argumento contra la existencia de Dios, no lo serían en realidad. Que un himenóptero cause dolor a una oruga (si es que lo hace) no afecta a nuestra supervivencia, no sería un mal. Luego el argumento ateo es un caso flagrante de antropocentrismo. 

Manuel Alfonseca

7 comentarios:

  1. Es importante recordar la sentencia del Evangelio: 'En el principio no fue así...' Vivimos en un mundo muy dañado, el mundo después de la caída. Al principio todo era muy bueno, aunque no perfecto. La pregunta de por qué Dios no hizo un mundo perfecto es absurda, porque sería pedirle que hiciera otro Dios, y lo absurdo es imposible, aún para Dios.

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  2. El tema del mal me parece de extrema importancia porque, en mi opinión, ninguna religión ni ningún sistema filosófico le ha dado una repuesta definitiva, o al menos convincente.
    Algunos enfoques personales:
    -Con respecto al "mal humano", se entiende aceptablemente que es consecuencia de su libertad, y no habría excesivos problemas para su comprensión.
    -La dificultad, para mí, estriba en el "mal natural", y las objeciones ateas están justificadas (no quiero decir que tengan la razón), y se podría resumir en el dilema de Epicuro:
    ¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
    ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.
    ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?
    ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?
    Y quizás el problema provenga de la idea que se tiene de Dios. Hemos asumido el concepto griego de dios con sus atributos clásicos, pero y si este concepto no atendiera a la realidad de Dios? Podríamos aspirar a una nueva visión de Dios desde los conocimientos actuales prescindiendo de los pre-conceptos pasados?
    Bueno, ha sido una parrafada metafísica; no sé si es el lugar adecuado...
    Saludos

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    1. Evidentemente no vamos a resolver aquí el problema del mal, que lleva milenios preocupando a los filósofos. Sin embargo, algo sí se puede decir. Por ejemplo, en relación con el razonamiento de Epicuro que usted menciona, es preciso definir bien los términos. ¿Qué significa omnipotencia? Aparte de su sentido etimológico, en el pensamiento cristiano no significa que Dios pueda hacerlo cualquier cosa, sino sólo "lo lógicamente posible".
      Para sostener el argumento de Epicuro, primero habría que demostrar:
      a) Que un universo en el que no sea posible el mal natural es lógicamente posible.
      b) Que sería posible crear un universo compatible con la existencia de seres inteligentes con menos mal natural que este.
      Un filósofo tan importante como Leibniz llegó a la conclusión de que quizá este sea el mejor de los universos posibles [yo añadiría: compatible con nuestra existencia]. Teniendo en cuenta las considerables restricciones que impone el principio antrópico a los universos compatibles con nuestra existencia, parece que la ciencia moderna se aproxima cada vez más a la concepción de Leibniz.
      Lo cual no quiere decir, desde luego, que el único objetivo de Dios al crear el universo sea nuestra existencia.

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  3. Jorge López Lázaro1 de abril de 2015, 11:04

    No tiene por qué: dios podría habernos hecho semilibres, de forma que nunca hiciéramos el mal. El hecho de que nos hubiera restringido a no cometer maldades no implicaría necesariamente que seríamos marionetas. De hecho, un humano por el hecho de serlo no es enteramente libre: por mucho que quiera no puede correr a 50 km/h ni aguantar sin respirar más de unos pocos minutos (y la voluntad de hacer estas cosas puede ser tan fuerte como la de matar a alguien). No veo por qué no nos podría ese supuesto dios haber impuesto restricciones al respecto.

    El problema es que nos consideramos especiales y la cumbre de la evolución, y por tanto consideramos que todo lo que a nosotros nos parece maldad para las demás criaturas también es maldad (el mal natural), y que también lo que a nosotros nos parece maldad al dios creador también le tiene que parecer maldad (el mal humano). Ese antropocentrismo innato contamina no sólo los argumentos creyentes, sino también los argumentos ateos sobre todos estos asuntos.

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    1. Tu concepto de "semilibertad" es para mí indistinguible de la ausencia de libertad.

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  4. Jorge López Lázaro1 de abril de 2015, 13:20

    Es como el dominio de una función matemática, o la región factible de un problema de optimización, o las reglas que se le permiten a un programa informático. Se puede operar/optimizar/ejecutar dentro de ese espacio factible, pero dicho espacio no es infinito. Claramente un humano no tiene un espacio de operación infinito, porque hay cosas que se le ha restringido no poder hacer (volar, ver de noche...). No veo por qué el tener alas en vez de brazos nos haría menos humanos y existen criaturas que las tienen y pueden volar, así que debe entenderse que Dios nos ha restringido el no poder hacerlo, con lo cual existen restricciones de partida.

    Si queremos algo más moral y menos físico, por así decir, pensemos por ejemplo en el canibalismo. Consideramos la mayoría de humanos que eso está mal, pero el hecho es que ha habido unas cuantas (y parece que en algún remoto caso como en Papúa-Nueva Guinea todavía hay) tribus caníbales, con lo cual Dios no nos ha restringido a que eso no lo podamos hacer. En cambio, que yo sepa, no hay documentados casos de canibalismo para absolutamente todas las demás especies, con lo cual en principio la restricción es posible. ¿Por qué no nos la ha impuesto?

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    1. Comparar con otras especies es irrelevante, pues la nuestra es la única que tiene restricciones morales, lo cuál es una consecuencia de nuestra libertad. Los otros ejemplos que aduces son restricciones físicas, que no tienen nada que ver con las restricciones morales, que es de lo que estamos hablando. Si Dios hubiese impedido que hiciésemos el mal, automáticamente dejaríamos de ser libres. Ya sé que no somos absolutamente libres, que estamos condicionados por muchas cosas, pero estoy hablando de la libertad que tenemos, o por decirlo con otro nombre, de nuestra responsabilidad (que es lo mismo que la libertad). Si no pudiésemos hacer el mal no seríamos responsables. Si no somos responsables, somos marionetas.

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