jueves, 30 de marzo de 2017

Trasplante de cerebro e identidad personal

Daniel Dennett
En el artículo anterior hablé del trasplante de cerebro, pero quedó pendiente considerar el problema de cómo afectaría un trasplante cerebral a la identidad personal. ¿Está nuestra identidad asociada al cerebro, y por tanto pasaría a un cuerpo diferente en caso de trasplante cerebral? ¿O podría ocurrir algo distinto?
En primer lugar, debo hacer constar que esta disquisición no es científica, sino filosófica, pues por el momento el trasplante de cerebro es pura ciencia-ficción. Ni es factible ahora, ni parece probable que llegue a serlo en bastante tiempo, suponiendo que sea posible realizarlo con éxito. O sea, que estoy apoyándome en el vacío, eso mismo que yo he criticado varias veces cuando lo hacen otros...
En 1978, el filósofo estadounidense Daniel Dennett escribió un ensayo filosófico sobre este problema titulado Where am I? (¿Dónde estoy yo?) en el que, haciendo uso del género de la ciencia-ficción, planteaba el problema de la identidad personal en el caso de que llegasen a ser posibles avances científicos hipotéticos, tales como el mantenimiento de un cerebro vivo y activo fuera del cuerpo (aunque conectado con este por wifi), o la descarga del contenido de un cerebro humano en un ordenador.

Se sabe que algunos de los trasplantes que sí son posibles (como el de corazón, el de rostro, y hasta cierto punto el de las manos) pueden dar lugar a problemas psicológicos en el paciente, pero su identidad personal no suele ponerse en duda, aunque se sienta raro al saber que una parte de su cuerpo ha pertenecido antes a otra persona. Tampoco hay problemas de identidad cuando a un individuo se le realiza un poli-trasplante de corazón, hígado y pulmones, por ejemplo.
En otro artículo de este blog expliqué cuáles son las cuatro teorías filosóficas clásicas sobre el problema de la mente. Las repito aquí, en el contexto del trasplante de cerebro:
1.     Monismo reduccionista o funcionalismo biológico: la mente está totalmente determinada por el cerebro, y este por la red de neuronas que lo constituye. El pensamiento humano es un epifenómeno. La identidad personal y la libertad de elección son ilusiones. Somos máquinas programadas. En este caso, es evidente que, en caso de trasplante, la identidad personal acompañaría al cerebro.
2.    Monismo emergentista: la mente es un producto evolutivo emergente con auto-organización, que ha surgido como sistema complejo a partir de sistemas más simples formados por las neuronas. También en este caso, sin duda, la identidad personal acompañaría al cerebro trasplantado.
3.  Dualismo neurofisiológico: la mente y el cerebro son diferentes, pero están tan íntimamente unidos que llegan a constituir una unidad, son dos estados complementarios y únicos de un mismo organismo. No veo ninguna dificultad para que también aquí saquemos la misma conclusión que en los dos casos anteriores.
4.  Dualismo metafísico: la mente y el cerebro son dos realidades diferentes. La primera es una sustancia espiritual y no espacial (que tradicionalmente se llama alma), capaz de interaccionar con el cerebro, que es material y espacial. Ambas entidades pueden existir independientemente la una de la otra, aunque el cuerpo sin el alma acaba por descomponerse. Pero si el alma es una entidad que interacciona con el cuerpo a través del cerebro, y este es trasplantado a otro cuerpo, ¿por qué no va a seguir interaccionando con él? Si el alma actuara a través del conjunto del cuerpo, y no sólo del cerebro, cualquier trasplante, incluso de piel, provocaría problemas de identidad, cosa que evidentemente no ocurre.
Pierre Teilhard de Chardin
Mi conclusión, por tanto, es esta: de acuerdo con las cuatro teorías filosóficas, la identidad personal acompañaría al cerebro después de un hipotético trasplante, por lo que, si esta operación llegase a ser factible, no proporcionaría ninguna prueba discriminatoria que permitiera apoyar o echar abajo alguna de esas teorías.

Finalmente, como me han preguntado directamente cuál es mi opinión personal sobre este asunto, diré que es obvio, por el resto de mis artículos, que yo no soy materialista, y que pienso, con Teilhard de Chardin y otros autores, que la consciencia es una de las propiedades fundamentales del universo, aparte y además de la materia, pero en estrecha relación con ella. Por lo tanto, no acepto ninguna de las dos posiciones monistas. Respecto a las dos posturas dualistas, por ahora intento mantener la mente abierta.

Manuel Alfonseca
Escrito en respuesta a los comentarios de Frank y Ana Márquez
Agradezco a José Amengual, que me proporcionó el artículo de Dennett

11 comentarios:

  1. Un tema hoy por hoy de ciencia ficción que plantea cuestiones apasionantes.

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  2. Don Manuel,
    me encantó leer su artículo entre otras cosas porque el pensamiento de Teilhard de Chardin me parece uno de los grandes olvidados del siglo XX especialmente entre los católicos como yo (y como él).
    Por otra parte y en cuanto de las posturas monistas, yo soy gemelo univitelino. Soy un clon de mi hermano (o él de mi), si fuéramos meramente máquinas biológicas de comportamiento predestinado, incluso planteando que ese tipo de comportamiento humano tuviera un desarrollo caótico o fractal; ante estímulos similares tenderíamos a tener respuestas similares y eso no ha sido así, ni siquiera cuando éramos bebés.
    Por lo tanto de ser una de las 4, la respuesta será dualista.
    Por otra parte, el concepto de alma me chirría las bisagras.
    Me parece un recurso argumental, me suena al "aura" o tantas supersticiones.
    Realmente no sabemos que es la consciencia y como usted dice hablar de ella es apoyarnos en el vacío. Y yo sufro de vértigos.

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    1. Que el concepto de alma (pneuma) sea de origen griego no implica que no exista el alma (decir tal cosa sería una falacia "ad hominem" o, en este caso, "ad philosophiam"). Ya sé que Aristóteles y Descartes no están de moda, pero eso no implica que debamos considerar falso todo lo que dijeron.

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  3. Se puede especular cuanto se quiera, pero existen realidades, como la inteligencia y torpeza, la tristeza o alegría, la memoria y el olvido, la ira y la templanza, etc, etc, que tenemos tendencia a ubicar en el cerebro, pero que está lejos de estar demostrado. De hecho no existen procedimientos de imagen (RX, RM, CT), químicos, histológicos, ultraestructurales que aplicados al cerebro, puedan detectar diferencias visibles y objetivables. ¿Será que no ocupan sitio? ¿será inmateriales? EN TODO CASO CREO QUE ES INNEGABLE QUE SON REALIDADES Y NO ILUSIONES.

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  4. Bueno, felicito, como siempre al señor Alfonseca por su artículo. La verdad es que, poca cosa puedo decir, salvo, que estoy de acuerdo. Yo no estoy seguro, de que si fuera posible hacer un trasplante de cerebro, vaya a cambiar la personalidad de la persona. Aunque el cerebro es el órgano más importante (hay algunos báscicos cerebro, corazón, pulmones,higado, pancreas). Creo, que Descartes en uno de sus equivocaciones buscó el alma en el cerebro. De todas formas, yo estoy de acuerdo con el señor Alfonseca, yo también rechazaría las dos teorías monistas, y materialistas, y creo, que si fuera posible no cambiaría la personalidad del individuo en un ejercicio de ciencia ficción, quizás la fisiología.
    Sé, que varían las listas, porque en la lista unos ponen a Dawkins, Pullman, Hitchens, y Harris, y otros añaden a la lista de de los cuatro jinetes del ateísmo a Denet, y a Onfray. De todas formas con respecto al tema del ateísmo seguiremos hablando en nuestra correspondencia epistolar. Nos queda mucho, que decir con respecto a este tema. Espero, con ansias, y anhelante el siguiente artículo. Atentamente Fonch.

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  5. Bien por Manuel en aclarar su posición. Para todo el que desee profundizar en el tema, es recomendable leer lo que piensa el padre Javier Igea, PhD en Astrofísica. Entre otras cosas dice lo siguiente:
    "El ánima es el principio que anima un cuerpo vivo, lo que distingue un ser inanimado de un ser animado. Por ello, ánima es lo que hace que exista vida", dice el sacerdote-astrónomo.

    "Y también el ánima es lo que da forma a la materia, esto es su in-formación. Por ello, no es incompatible conocer los mecanismos con los que se maneja la información en el cerebro y los mecanismos de la vida humana y creer en el alma tal como se concibe en la filosofía aristotélica: por medio de la causalidad formal". "Es más, no me terminan de convencer las propuestas monistas para explicar el más sagrado de los elementos del hombre: su libertad". "Por todo esto no veo ninguna incompatibilidad entre la neurociencia y la existencia de Dios".



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  6. Hola Alfonseca, me sumo a todos en felicitarte, pero ello no impide que me sienta obligado a discreparte en algún pequeño pero a mi parecer importante aspecto. Me considero espiritualista monista, nada que ver con los monismos materialistas que mencionas, pero diferente al dualismo tal y como creo que lo ves. "En el origen" todo habría sido un "espíritu universal", algo sutil que algunos confunden con "la energía universal" y que los filósofos llamaban "esencia". El Uno-original creó (supongo que dentro de sí) multiplicidad de "unos espirituales particulares" seres secundarios con individualidad propia (que Pitágoras consideraba "unos-enteros" y que Leibniz denominó "móneras"). Entiendo que el mundo material es terciario y que es utilizado por los espíritus como "realidad aparente" para su entrenamiento y progreso espiritual (especie de escuela donde nuestro planeta sería solo un grado intermedio). Este Monismo es trinitario (pues está compuesto de 3 niveles principales; Dios/Uno-Todo, Mundo Espiritual (unos-múltiples espirituales) y Mundo Material (unos-múltiples sustanciales-formales). Creo que la verdadera filosofía, siempre fue monista (en el origen)(véase Nu egipcio, Tao chino, Éter vedanta, Esencia griega. Solo después "emergieron-surgieron" entidades secundarias o duales (Amón-Ra egipcio, Ying-Yang chino, Espíritu-Materia en otras filosofías más modernas). Algunos han interpretado algunas de las antiguas filosofías como "politeístas" (yo entiendo que solo hablaban de divinidades secundarias o espirituales, como hoy las iglesias hablan de ángeles y no se refieren ni los confunden con Dios). Tampoco comparto que Descartes fuera Dualista (el creía en Dios por encima de todas las cosas), otra cosa es que explicara nuestro mundo centrándose solo en los aspectos secundarios y duales de la realidad, tal y como también hiciera Platón (al igual que Pitágoras) que era Monista en el origen pero dualista o pluralista en la actualidad. Disculpa mi lenguaje filosófico y metafórico, pero estamos hablando, no de realidades científicas, sino de especulaciones lógicas.

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    1. No pretendo que mi clasificación sea exhaustiva: me he dejado fuera el bi-monismo de Leibnitz, el realismo espiritual de Berkeley, el solipsismo, y algunas otras teorías, incluida la tuya, pero reconocerás que son todas minoritarias y que no tienen cabida en un artículo de una página y media (salvo en tu comentario).

      Por otra parte, pienso que intentas apuntarte, como ejemplos de tus teorías, corrientes filosóficas más o menos antiguas como las que citas que, si se miran a fondo, son bastante distintas de lo que propones. Estoy convencido de que, si le cuentas tus ideas a un taoísta que conozca a fondo el taoísmo, te diría: "eso no es lo que yo pienso". En cuanto al Nu egipcio y otras corrientes, ya no podemos hacer ese experimento, porque han desaparecido de la faz de la Tierra.

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    2. Los grandes genios de todos los tiempos cumplen la Curva de Frecuencias de Gauss y siempre han sido minoritarios (y hasta incomprendidos en sus respectivas épocas). Cuando uno de estos genios tiene razón, sus seguidores van creciendo en número (aunque su filosofía se diversifique y pierda cierta autenticidad), este podría ser el caso del Cristianismo (primitivo), único, sencillo y natural en sus orígenes y complejo y hasta contradictorio entre las diferentes sectas eclesiásticas derivadas de él (Gnósticos, Ortodoxos, Católicos, Anglicanos, Evangelistas, etc.). En el Taoteking quedó claramente reflejado, que el Tao es algo abstracto e imperceptible (que solo tiene que ver con el origen del Ying y del Yang). Tienes razón en que encuentro en antiguas filosofías (incluyendo la cristiana), líneas de pensamiento que parecen tener una contigüidad histórica (que se ha dado en llamar "filosofía perenne" y que es el basamento de mi enfoque filosófico. Comprendo que tu exposición no sea exhaustiva, pero me entristece que no incluyas la tuya propia (que estoy seguro que no es ninguna de las dualistas que has mencionado).

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    3. Gustavo dice: "me entristece que no incluyas la tuya propia (que estoy seguro que no es ninguna de las dualistas que has mencionado)."

      Esta es una afirmación categórica a la que no creo haber dado pie. Por otra parte, lo que yo pienso no constituye una doctrina filosófica, sin un conjunto de ideas deslavazadas (como no soy filósofo no tengo obligación de construir una doctrina coherente), y probablemente es más fácil deducirlo de mis novelas que de mis artículos. En particular, te recomiendo mi novela "La escala de Jacob", que puedes descargar gratuitamente de aquí:
      http://arantxa.ii.uam.es/~alfonsec/formul2.htm

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  7. Muchísimas gracias, Manuel. Comparto tu opinión. Te dejo una de las citas más potentes que recuerdo ahora sobre la supremacía de la mente sobre la materia:

    "El curso del conocimiento se enfrenta a una realidad no mecánica: el universo empieza a parecerse más a un gran pensamiento que a una máquina. La mente deja de parecer un intruso accidental en el reino de la materia... deberíamos, en cambio, honrarla como a creadora y gobernadora del reino de la materia" James Jeans.

    Gracias. Comparto en Google + con tu permiso. Un abrazo.

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