jueves, 27 de noviembre de 2014

Consecuencias del fraude científico: una lección para los políticos

En un artículo anterior sobre el fraude científico mencioné una de sus consecuencias morales: el problema de la presunción de inocencia, en relación con el caso que afectó al premio Nobel David Baltimore y a su colaboradora Thereza Imanishi-Kari, que durante diez años tuvo que luchar contra una acusación de fraude que finalmente resultó infundada.
También pueden presentarse problemas éticos cuando se descubre que el fraude científico sí ha tenido lugar. La novela policíaca Gaudy night (1936) de Dorothy L. Sayers, traducida al castellano como Los secretos de Oxford, plantea un ejemplo concreto. Cuando está a punto de presentar su tesis, un investigador descubre un documento poco conocido que la echa por tierra. La tentación es demasiado fuerte: el investigador hace desaparecer el documento y sigue adelante con su tesis. Desgraciadamente para él, uno de los miembros del tribunal conocía el documento, y al ir a consultarlo descubre que ha desaparecido y quién fue el último que lo consultó. El fraude queda, pues, al descubierto, la tesis es rechazada, el caso se hace público y el investigador es despedido con pronunciamientos desfavorables, lo que le obliga a abandonar la carrera investigadora. Como tiene que mantener una familia, tiene que aceptar un trabajo por debajo de su capacidad y termina suicidándose.

Los personajes de la novela se plantean el siguiente problema moral: ¿Es justo que una persona tenga que renunciar a su vocación por haber cedido una vez a la tentación de cometer un fraude? ¿Es más importante la integridad de la ciencia que el destino y quizá la vida de los seres humanos individuales? Como dice uno de los personajes: ¿Era tan importante ese documento? No le importaba a nadie. No habría ayudado a un hombre, mujer o niño en todo el mundo. No habría mantenido vivo a un gato. Pero ustedes le mataron por ello.
Dorothy L. Sayers
La conclusión es unánime: el principio de la integridad de la investigación debe mantenerse a cualquier precio. El fraude científico debe ser combatido, porque en caso contrario todo el edificio de la ciencia se derrumbaría. Pero los investigadores que tomaron correctamente esa decisión podrían haber hecho algo para mejorar la situación personal del individuo afectado y de su familia.
Pienso que sería bueno que los políticos tomasen ejemplo de estos principios y los aplicaran a su caso concreto. Si el fraude político, la corrupción, el engaño a los electores, fuese castigado con la misma dureza que el fraude científico, quizá nuestro sistema democrático no sería tan corrupto. Que un político sea pillado en una sola mentira debería ser suficiente para terminar con su carrera.
Un conocido político español dijo una vez que ya se sabe que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas. Me parece vergonzoso que, ante este alarde de cinismo, mucha gente le riese la gracia.
Aquí vienen a cuento los versos de Lope de Vega:
            Dijeron que antiguamente
            se fue la verdad al cielo;
            tal la pusieron los hombres
            que desde entonces no ha vuelto.

El mismo artículo en inglés
Manuel Alfonseca

12 comentarios:

  1. ¡Muy interesante reflexión! La pena es que no creo que con los sinvergüenzas de políticos que tenemos en este país, vaya a castigarse el fraude político igual que se castiga el fraude científico... :_(

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  2. "Si el fraude político, la corrupción, el engaño a los electores, fuese castigado con la misma dureza que el fraude científico, quizá nuestro sistema democrático no sería tan corrupto". Quizá no, seguroq ue sería menos corrupto. Sin duda. Dicho lo cual, ofrezco la siguiente reflexión:
    1. Entre los representantes electos (políticos) y los electores representados (ciudadano) existe una (evidente) relación que no se da entre los científicos y los los ciudadanos.
    2. Esta relación hace que la crítica de los ciudadanos hacia los políticos, para gozar de plena credibilidad, deben ir acompañadas de la consiguiente autocrítica.
    3. Nada hay más sospecho que un ciudadano poniéndose "imponente" (es decir, sobrado de razón) señalando con el dedo a un político corrupto, por más razón que le asista.
    4. Una imagen para fijar ideas. Una foto recién difundida: Ucrania; en segundo plano: una inmensa pared cubierta de fotografías con rostros de políticos; en primer plano: ciudadanos, provistos de cubos con tomates, lanzando estos contra las fotografías de los políticos corruptos objeto de sus iras. Si, entre las fotografías, se hubieran pegado pequeños espejos de mano, más de un ciudadano habría abandonado el juego.
    Lo dicho: no a la corrupción de los servidores públicos; un no rotundo. Pero dejemos de entender la corrupción como algo ajeno a nosotros, como un problema sobrevenido, como si los políticos hubieran aterizado en la Tierra provenientes de Marte.

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    1. De acuerdo, Felipe, si la sociedad es corrupta, los políticos también lo serán. Lo que pasa es que en sociedades menos corruptas también se ha dado la corrupción política. Lord Aston lo expresó así: "el poder corrompe". Los políticos siempre tienen más tentaciones que los demás, porque tienen poder. Por eso, para contrarrestarlo, las sanciones contra la corrupción deberían ser mayores.

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    2. De acuerdo, Manolo: las sanciones son, claro, necesarias y deben ser, sin duda, proporcionales. Pero no solo sanciones. Aqui no se acaba el debate. Echo en falta la llamada a la ejemplaridad pública (Javier Gomá), por iniciativa propia, libre y soberana, más allá, y además de, las leyes y las sanciones. Por eso el debate de estos días (PP, PSOE, IU, UPyD, Podemos, etcétera) resulta patético y, en defintiva, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.

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    1. Actualmente se da la circunstancia de que hay partidos políticos que ni siquiera tienen que llegar al poder para cambiar su discurso y alterar sus propuestas electorales, para ello les basta con darse a conocer. Es cierto que 'darse a conocer' también es una forma de adquirir poder.

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  4. Hola Manuel
    Me parece bien el paralelismo que se hace entre Ética en la Ciencia y en la Política. Yo insisto en que “la Filosofía es la Madre de todas las Ciencias” (y de todo saber) y lamentablemente creo que la humanidad se ha retrasado más en el desarrollo y educación de la rama de la filosofía que llamamos ética, de la que hemos aprendido y avanzado menos que en el desarrollo científico. ¡Claro que todos tenemos debilidades éticas! (el que esté libre de culpa que lance la primera piedra), aunque no todas las faltas son de la misma gravedad y por supuesto a mayores facilidades (concentración de poder y falta de control interpersonal-social), mayor expresión de dichas debilidades éticas y eso sucede tanto en la política, en la ciencia, en el arte y en cualquier tipo de actividad humana. Ahora bien, yo antes pensaba como Manuel, ahora pienso más parecido a Felipe, creo que la corrección de las distintas faltas o debilidades éticas, debe hacerse mediante una mezcla de educación, crítica constructiva, tolerancia consecuente cuando hay rectificación, y con sanciones “temporales/no eternas ni irreversibles” que destruyan a las personas. Yo tengo Fe en la humanidad y creo que todos, hasta los más corruptos tienen derecho al arrepentimiento y a la rectificación de sus faltas, tenemos derecho a nuestro perfeccionamiento moral. También creo que los más avanzados éticamente, deben mostrar el camino a los menos éticos, ¿no fue eso lo que nos enseñó Jesús? Hay que tomar medidas preventivas, hay que educar en la ética y no solo en la escuela, sino en la casa, en los lugares públicos, con los medios de divulgación, con la ejemplaridad que en algún aspecto nos falta a todos. MM

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    1. Sí, claro, Gustavo, estoy de acuerdo, todo el mundo debería tener derecho a arrepentirse y a rectificar, pero a veces no se puede. En ciencia, por ejemplo, si se condena a alguien a apartarse durante 10 años de la investigación y dedicarse a otra cosa, en muchos casos es como si se le condenase para siempre, porque la carrera investigadora es muy exigente y usualmente precisa de un 100% de dedicación.

      Por otra parte, Felipe, también estoy de acuerdo en que no todo debe hacerse con medidas sancionadoras, pero las sanciones a políticos no han sido hasta ahora demasiado convincentes.

      Mi artículo propone un paralelo sobre el tratamiento del fraude en los mundos científico.y político. Parece que la aplicación al mundo político de las reglas contra el fraude científico te parecen demasiado fuertes. ¿Te lo parecen también para el fraude científico? La autora de la novela que comento no propone ninguna alternativa, no dice que hay que dulcificar la pena, sólo recomienda que no se abandone a su suerte a los afectados, que se les ayude a rehacer su vida. ¿Tienes alguna alternativa mejor que proponer?

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  5. Respondo por mí:
    1. Las reglas para combatir el fraude político no me maprecen fuertes ni débiles; me parecen condición necesaria pero no suficiente. Porque la conducta de los servidores públicos, má allá de que sean o no sean legales, deben ser ejemplares. Estupendo resumen en http://bit.ly/1zCR0AN
    2. El análisis comparado científicos - políticos tiene un punto ciego: la desigual relación de unos y otros con los ciudadanos, como decía más arriba

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    1. Quizá en el fondo estemos diciendo lo mismo, pero poniendo énfasis en distintas cosas. Yo también pienso que esas reglas son necesarias pero no suficientes.

      Respecto a la comparación científicos-políticos, tienes razón en que la relación con los ciudadanos es diferente. Si un científico comete un fraude como el comentado en el artículo, no atenta contra nadie, sólo contra la verdad (o contra la ciencia). Los políticos, en cambio, traicionan a sus electores.

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  6. Sin ánimo de polemizar.
    Estoy casi-totalmente de acuerdo con Uds., pero la realidad siempre supera a la ficción, sobre todo en complejidad. Creo que lo Moral tiene un doble o triple aspecto; uno externo, consensual e interpersonal que está relacionado con la ejemplaridad y con la evaluación social de las conductas (científicas, políticas, culturales, etc.); otro aspecto de la moral es “Interno-Espiritual” relacionado con “Nuestra Conciencia” y con nuestras propias “Creencias” y donde cada uno se evalúa a sí mismo, contrastando “su conducta y su pensamiento”, con sus propios criterios, que por supuesto van evolucionando y cambiando con nuestra formación, cultura y experiencia vivencial. Los egipcios hacían uso de esta “auto-evaluación” ante Osiris, que al emitir su Juicio se apoyaba en Maat (dándose a entender que había un tercer “Patrón Moral Superior o Universal” al que los pitagóricos luego asociaron a Conocer, Ajustarse y Respetar las Leyes Numérico-Matemáticas (Leyes Divinas o Superiores). MM

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