jueves, 2 de noviembre de 2017

El fin de la humanidad


Lord Kelvin
En un artículo anterior en este blog hablé del mito de la Ilustración, que dio lugar a la teoría del progreso indefinido y a la previsión de avances enormes para la humanidad, que estarían a su alcance en un futuro no demasiado lejano. A pesar de que la primera mitad del siglo XVIII supuso un freno en casi todas las actividades culturales de nuestra civilización, incluida la ciencia, ellos estaban encantados de haberse conocido. Friedrich Melchior, barón von Grimm (1723-1807), lo expresó con inigualable candor, con estas palabras [1]:
El siglo XVIII ha superado a todos los demás en los elogios que se ha prodigado a sí mismo.
Una de las ideas que se puso en boga por entonces fue la de que los avances científicos permitirían al hombre alcanzar la inmortalidad en breve plazo. Aunque la idea se remonta a Roger Bacon como algo posible, aunque muy lejano, a finales del siglo XVIII parecía mucho más cerca. De ahí la anécdota que se cuenta de la octogenaria mariscala de Villeroi, que al asistir al ascenso del profesor Charles en un globo de hidrógeno, exclamó:
Si, es cierto; descubrirán el secreto de no morir ¡cuando yo ya esté muerta!
Las ideas optimistas del siglo XVIII dieron un vuelco impresionante en el XIX, en el que pasó a dominar una visión más pesimista del futuro de la humanidad, que se basó principalmente en dos descubrimientos:

Angelo Secchi
  1. La muerte térmica del universo, divulgada en 1852 por William Thomson (Lord Kelvin), que procede de la idea de entropía, descubierta por Carnot y Clausius: una magnitud termodinámica que mide el grado de desorden de la energía, y que en un sistema cerrado (aislado del exterior) sólo puede crecer. Como el universo es un sistema aislado, de acuerdo con el segundo principio de la termodinámica le espera, a muy largo plazo, la muerte térmica en el desorden total.
  2. El descubrimiento de las estrellas gigantes rojas como fase de la evolución de las estrellas, realizado en 1868 por el jesuita y astrónomo italiano Angelo Secchi, que predijo que el sol abandonará su fase actual en un tiempo mucho más corto que el necesario para llegar a la muerte térmica del universo; un tiempo que hoy se estima en unos pocos miles de millones de años.
El fin del universo y el fin del sistema solar pusieron límite al ansia de inmortalidad, hasta el punto de que durante algún tiempo no se habló mucho del tema. El filósofo Nietzsche, con la idea del superhombre, volvió a proponer una visión más optimista que no duró mucho, porque el siglo XX impulsó de nuevo las ideas pesimistas. Y esta vez el fin de la humanidad parecía mucho más próximo, casi inminente, debido también a dos descubrimientos en el campo de las armas de destrucción masiva que hacían posible que el hombre llegara a exterminarse a sí mismo, no ya en un futuro muy lejano, a millones de años de distancia, sino en el presente:

  • Los gases venenosos, de los que hablé en otro artículo, desarrollados a partir de las investigaciones del químico alemán Fritz Haber, cuyo primer y más mortífero ejemplo fue el gas mostaza, que se utilizó en la primera guerra mundial con efectos tan horribles, que nadie (ni siquiera Hitler) se atrevió a usarlo en la segunda.
  • Las armas nucleares, cuyos arsenales mundiales son, y han sido durante décadas, capaces de acabar con la vida humana en la Tierra.
Durante la segunda mitad del siglo XX, el mundo se encontró permanentemente al borde de una guerra nuclear total que acabaría con nuestra civilización y, probablemente, con nuestra especie. La guerra nuclear y sus consecuencias se convirtieron en uno de los temas favoritos de la literatura distópica de ciencia-ficción, en la que destaca A canticle for Leibowitz, de Walter M. Miller Jr. (1959).
Es curioso que sea precisamente la disuasión nuclear lo que habría impedido que se desencadenara la tercera guerra mundial, como señala un artículo reciente de Carl Bildt [2] en La Vanguardia, quien teme que la eliminación total de las armas nucleares podría precisamente empujarnos hacia ese escenario.
Con el hundimiento de la Unión Soviética, el peligro inminente de guerra nuclear pareció alejarse, lo que dio lugar, a finales del siglo XX y principios del XXI, a un renacimiento de las ideas optimistas y al resurgimiento de la previsión de la inmortalidad humana como algo inminente, especialmente por parte de la corriente filosófica llamada transhumanismo, nombre inventado en 1957 por Julian Huxley, quien entendió mal la obra de Pierre Teilhard de Chardin, como demostró en el prólogo que escribió para la versión inglesa de El Fenómeno Humano.
Ahora, sin embargo, empezamos a darnos cuenta de que la proliferación nuclear creciente aumenta considerablemente el peligro, como expresa significativamente A canticle for Leibowitz:
Hemos recopilado la suficiente información desde que esto se escribió para saber que incluso algunos de los gobernantes menores de ese tiempo habían puesto sus manos sobre tales armas antes de que llegara el holocausto.
En esta novela, cuando la humanidad empieza a recuperarse de la guerra atómica algunos siglos más tarde, nadie recuerda ya qué país fue el que la desencadenó. La evolución reciente de la política internacional es indicio sobrado de este peligro. ¿Nos acercamos a una nueva época de pesimismo?

[1] Citado en El reino del hombre. Génesis y fracaso del proyecto moderno, de Rémy Brague.

[2] Ex primer ministro de Suecia.


Manuel Alfonseca

6 comentarios:

  1. Buenas Manuel.
    Si una de las propiedades de la materia es:"No se crea ni se destruye" ¿Significa que la materia es eterna?

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    1. No existe un principio de la conservación de la materia. Esa fue una idea decimonónica. La materia se crea y se destruye, de acuerdo con la fórmula e=mc^2.

      Sí existe un principio de la conservación de la energía, aunque teorías como la inflación lo transgreden. Pero eso no significa que la energía sea eterna.

      Hay que distinguir dos conceptos diferentes (el primero que lo hizo fue Boecio, en el siglo VI):

      - Eterno es lo que está fuera del tiempo. Nada en el universo puede ser eterno, incluida la energía, porque todo está sujeto al tiempo. Que sepamos, sólo Dios es eterno.

      - Perdurable es lo que dura indefinidamente en el tiempo. Si vamos hacia el final del universo, la energía permanecerá constante (aunque degradada en forma de energía térmica), pero la materia acabará desapareciendo. Si vamos hacia el principio, no sabemos qué pasó antes del Big Bang, ni siquiera si tiene sentido ahí la palabra "antes".

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    2. Ya entiendo, eso es algo que deberían actualizar en los libros de primaria :/.

      Gracias por responder.

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    3. Por cierto ¿Cómo la ecuación "E=MC^2 apoya que la materia si se crea y se destruye?

      ¿Qué opina sobre la teoría de el Inflatón?

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    4. La materia es una forma de energía que puede transformarse en otras formas de energía de acuerdo con esa ecuación. Por lo tanto, la cantidad total de materia no es constante. En el sol, por ejemplo, cuando cuatro núcleos de hidrógeno se transforman en uno de helio, el núcleo de helio tiene una masa ligeramente inferior a la de los cuatro núcleos de hidrógeno. Esa masa se ha trasformado en otras formas de energía. Por eso brilla el sol. Por eso estamos aquí, porque no hay un principio de conservación de la materia.

      La teoría del inflatón es la de la inflación cósmica poco después del Big Bang. Por el momento es una teoría sin confirmación.

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  2. HACE POCO ESCRIBO UN CORTO ARTÍCULO PARA LINKEDIN- COMPAÑEROS EN DEBATES-LO INTITULE "TEORÍA O REALIDAD"--PONGO COMO EJEMPLO LOS CIEN AÑOS QUE CUMPLE LA FILOSOFÍA DE RUSSIA Y LA E.C.B.- DE LA CUAL COMPARANDO A LA E.C.B.-Y, EL CASO DE LA R.B.Vz...ESTO POR RELACIONAR LO MATERIAL-YA QUE EN EL CAMPO ESPIRITUAL---CREO EN DIOS Y EN SU ENÈRGÌA CREADORA---POR ENDE ENTIENDO QUE TODOS SOMOS ENERGÌA Y, SI TODO ES ENERGÌA---DEDUZCO QUE: SOMOS EVOLUCIÓN CONSTANTE HASTA LLEGAR A LA PERFECTIBILIDAD---JUNTO A DIOS....¡UN ABRAZO GIGANTE QUERIDO COMPAÑERO MANUEL ALFONSECA!!!!

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