jueves, 14 de octubre de 2021

Crecimientos malignos

Ernest Schumacher
The same post in English

Joseph Pearce es autor del libro Small is still beautiful, cuyo título indica claramente la influencia de la obra más conocida de Ernest Schumacher, Small is beautiful (Lo pequeño es hermoso) en la que este economista defiende la idea de que las grandes empresas y organizaciones no son la forma más eficiente de lograr la felicidad de los seres humanos, lo que debería ser el objetivo de toda actividad económica, en lugar de buscar únicamente el aumento de los beneficios.

Pearce aborda la cuestión del Producto Nacional Bruto (PNB), que usualmente se utiliza para medir el crecimiento. El PNB suele tomarse como medida de éxito: cuanto mayor sea su crecimiento, mejor se supone que va la economía. En opinión de Pearce, este modo de medir el éxito económico no responde a las necesidades de la sociedad, porque presenta los siguientes problemas:

  • Sólo considera actividades humanas que supongan intercambio de dinero. Como consecuencia, algunas actividades ficticias pueden tener un peso importante en el PNB. Veamos un ejemplo: un individuo podría comprometerse a pagar cierta cantidad a otro individuo por un trabajo ficticio, mientras el segundo se compromete a pagarle a él la misma cantidad por otro trabajo ficticio. Al tratarse de actividades económicas, el doble de esa cantidad se suma al PNB, aunque de hecho se cancelan mutuamente. Esto ya lo señaló el sociólogo estadounidense Alvin Toffler en su libro La tercera ola (1979).
  • Considera las actividades económicas como si fueran neutras, sin tener en cuenta si son buenas o malas. Por ejemplo: si aumenta el consumo de drogas, habrá que dedicar más fondos al tratamiento y rehabilitación de los drogadictos, lo que supone más actividad económica, y por tanto un aumento del PNB. ¿Debemos deducir que el aumento del consumo de drogas es favorable para la economía? Si aumenta el número de asesinatos, habrá que invertir más en cárceles y contratar funcionarios, lo que también contabilizará como un aumento del PNB. ¿Debemos deducir que el aumento del número de asesinatos es favorable para la economía?
  • La obsolescencia planificada consiste en fabricar bienes de consumo de tal manera que al cabo de cierto tiempo dichos bienes se estropeen sin posibilidad de arreglo, de modo que el consumidor se vea obligado a sustituirlos por otros. En consecuencia, cuanto menos duren dichos bienes, más crecerá el PNB. No importa que estemos convirtiendo el mundo en un basurero y que agotemos los bienes primarios no renovables. Pearce lo expresa así:

El mundo de la economía se parece al té del sombrerero loco, en el que al final de las festividades se rompe toda la vajilla para que la economía sea estimulada por la necesidad de comprar una vajilla nueva.

Es curioso, señala Pearce, que nuestro sistema económico considere que una persona que economiza (o sea, que ahorra) se comporta de forma antieconómica, puesto que el dinero ahorrado deja de participar en el PNB, al no corresponder a ninguna actividad económica mensurable como intercambio de dinero.

Supongamos que fuese posible alcanzar un crecimiento anual acumulativo del 3% del PNB, y que fuese posible prolongar indefinidamente ese crecimiento, como pretenden casi todos los economistas. ¿Habríamos alcanzado la utopía, viviríamos en el mejor de los mundos?

Tal vez, pero no por mucho tiempo.

Un cálculo sencillo demuestra que, con una tasa de crecimiento del 3%, el PNB se duplicaría en 23 años; se multiplicaría por 10 en 78 años; por 20 en un siglo; por 100 en siglo y medio; por 400 en dos siglos; y por 7.100 en tres siglos. No hay recursos naturales ni sistema social que aguanten ese ritmo de crecimiento.

Como todo matemático sabe, un crecimiento acumulativo de tasa constante da lugar a una curva exponencial, pero las curvas exponenciales son insostenibles en la práctica. Gordon Moore, célebre por su ley sobre la evolución de las componentes de los ordenadores, lo expresó así en 2005: Ninguna exponencial dura para siempre. Todo crecimiento exponencial acaba deteniéndose más pronto o más tarde, por la acción de causas naturales. Las curvas que al principio parecen crecer exponencialmente, al final se convierten en curvas logísticas, en las que el crecimiento alcanza un máximo, a partir del cual se reduce poco a poco hasta desaparecer.

Ante esta situación hacen falta ideas revolucionarias: más pronto o más tarde tendremos que adaptarnos a un mundo en el que el crecimiento económico llegue a ser cero, un mundo autosuficiente. Quizá todos los economistas deberían estar obligados a leer el libro de Schumacher.

Hilo Temático sobre Política y Economía: Anterior Siguiente

Manuel Alfonseca

Este artículo fue publicado por La Nueva Razón el 30 de julio de 2021.

2 comentarios:

  1. Alguna vez he leído que para valorar el éxito de un país la esperanza de vida es mejor que el PNB al ser un parámetro que resume el funcionamiento de un grupo humano (más longevidad en general significa más calidad de vida). Efectivamente, puede que se produzcan muchos bienes y el PIB suba, pero a costa de un impacto social a veces inasumible. No recuerdo bien la referencia, pero creo que el declive de la Unión Soviética pudo predecirse años antes de que sucediera por una caída continuada de la esperanza de vida de su población, que terminó derivando en un colapso económico.
    Luis

    ResponderEliminar
  2. Es llamativo que, siendo tan contundentes los argumentos en contra de usar el PNB como indicador por excelencia del crecimiento económico, se siga utilizando como si tal cosa. Yo diría que esto es una manifestación más de ese mal de nuestro tiempo: "mide lo que puedas medir, ignora lo que no puedas medir”.

    Cuando estamos acostumbrados, es más, entrenados, para medir determinados aspectos de la realidad, existe el peligro cierto de ignorar más o menos deliberadamente lo que no se puede medir, o lo que es muy difícil de medir, de modo que lo medible adquiere una importancia desmedida. La felicidad de la sociedad no se puede medir, así que la ignoramos, y en su lugar medimos algo más tangible. La actitud contraria, mucho más sensata, se expresa en otro dicho: "no todo lo que cuenta puede ser contado".

    ResponderEliminar

NORMAS PARA PONER COMENTARIOS:

1. Estos comentarios están moderados para evitar la publicación de comentarios insultantes o irrelevantes. Los que no cumplan estas normas no serán publicados.

2. Los comentarios deben tener algo que ver con el tema del artículo al que se asocian.

3. También son aceptables comentarios del tipo: "Por favor, considere la posibilidad de publicar un artículo sobre tal tema".

4. No son aceptables comentarios que digan: "¿Qué opina de este artículo?", seguidos de un enlace. Este blog no es un consultorio. No tengo tiempo para leer tantos artículos. Además, ya he contestado a la mayor parte de las preguntas que se me hacen, ya sea en artículos o en comentarios anteriores. Utilicen la búsqueda en el blog para localizarlos.

5. No ponga Anónimo o Unknown como firma del comentario. Ponga cualquier nombre, o al menos diga dentro del texto de quién se trata (no tiene que ser su nombre y apellidos). Si todos pusieran Anónimo o Unknown, no sabría si estoy hablando con una persona o con varias.

6. Sea lo más conciso que le sea posible. Los comentarios no deben competir en longitud con el artículo.

Aunque este blog está preferentemente dirigido a la divulgación de la ciencia, es inevitable que mis ideas influyan en mis artículos. Si a algún lector le molestan mis ideas hasta el punto de no poder mantener la calma, le recomiendo que deje de leerme. Pero si se empeña en discutirlas, exijo respeto, y que se evite la falacia ad hominem. De lo contrario, el comentario no será publicado.