jueves, 30 de junio de 2016

La Tierra hueca en la seudociencia y la ciencia

Cyrus Reed Teed (Koresh)
En 1870 surgió, fuera del ámbito literario, una variante curiosísima de la teoría de la Tierra hueca. El estadounidense Cyrus Read Teed proclamó su convencimiento de que la Tierra es hueca, pero (aquí está la diferencia con las teorías anteriores) nosotros vivimos en el interior. A pesar de que sabemos desde hace más de dos mil años que la superficie del mar es convexa, y de los argumentos que llevaron a los filósofos griegos a asignar a la Tierra forma esférica y a situarnos en su superficie exterior, Teed estaba convencido de que en realidad la Tierra es cóncava. El espacio exterior, que parece infinito, sería sólo una burbuja hueca en el interior de un universo de roca. Teed cambió su nombre a Koresh y fundó una religión (koreshianismo) que llegó a tener miles de adeptos, aunque se dispersaron después de su muerte en 1908.
Poco después, un aviador alemán llamado Bender, prisionero en Francia durante la primera guerra mundial, encontró las publicaciones de Teed y les dio crédito. Bender desarrolló estas teorías y afirmó que el universo es una masa infinita de roca que rodea una burbuja de 13.000 kilómetros de diámetro, y que nosotros vivimos en su superficie interior. La atmósfera, de 60 kilómetros de espesor, se enrarece hasta el vacío central, en el que se mueven tres astros: el sol, la luna y el universo fantasma, una bola de gas en la que brillan puntos de luz: las estrellas. Al pasar el universo fantasma por delante del sol, provoca la alternancia del día y de la noche en las diversas regiones de la superficie interior de la Tierra.

Martin Gardner
Martin Gardner explica en su libro Fads and Fallacies in the Name of Science (1952) que las teorías de Bender tuvieron influencia en la Alemania nazi, donde las creían altos cargos del Reich y del ejército. El propio Hitler debió de darles crédito, porque en abril de 1942, durante la segunda guerra mundial, envió una expedición científica a la isla de Rügen, en el mar Báltico, con la misión de enviar rayos infrarrojos hacia el cielo para tratar de detectar su reflexión en el lado opuesto de la Tierra (las antípodas). El objetivo militar del proyecto era la detección de la posición exacta de la flota inglesa. La expedición estaba mandada por el doctor Heinz Fisher, experto en rayos infrarrojos, que después de la guerra emigró a los Estados Unidos, participó en la investigación de la bomba de hidrógeno, y en cierta ocasión dijo en una entrevista de Prensa: Los nazis me hacían realizar un trabajo de locos.
¿Qué dice la ciencia sobre las teorías de la Tierra hueca?
Supongamos que la Tierra fuese una esfera hueca inmóvil, de densidad constante, cuyo interior estuviera en el vacío. Prescindamos por el momento del sol central. De acuerdo con la teoría de la gravitación de Newton (o la de Einstein, que aquí no se diferencian), la gravedad en su interior sería nula en todos los puntos.
Parece un resultado sorprendente. Los partidarios de la Tierra hueca, tanto en las novelas como en la realidad, suponían que los seres que vivieran en el interior serían atraídos por el suelo que tienen bajo los pies, y su cabeza se dirigiría hacia el centro. Esto no es así, porque la parte de la esfera hueca situada por encima de ellos también les atrae. Es cierto que está más lejos y que la atracción disminuye en razón inversa al cuadrado de la distancia, pero esa masa es mucho mayor que la que está bajo sus pies, y los dos efectos se compensan exactamente. La atracción neta resultante es cero.
Para demostrarlo hay que recurrir al cálculo integral, pero las operaciones son sencillas. Todo esto se aplica también a la atracción electromagnética, que se rige por la ley de Coulomb, análoga a la de la atracción gravitatoria. En este caso se puede demostrar que en una esfera hueca con distribución uniforme de carga eléctrica el campo eléctrico en el interior es nulo en todos los puntos.
Los habitantes del interior de una Tierra hueca vivirían en estado de ingravidez. Podrían volar, trasladarse con facilidad de un sitio a otro, pero ninguno de los autores de novelas o los partidarios de que la Tierra es hueca o cóncava ha previsto este estado de cosas.
Como efecto secundario de la ingravidez, la atmósfera interior se distribuiría por igual en todo el volumen vacío. Los 60 kilómetros de atmósfera de Bender son imposibles. Y si la cantidad de aire fuese la misma, la atmósfera sería tan tenue que los habitantes del interior de la Tierra morirían asfixiados.
Esto es lo que ocurriría si la Tierra hueca fuese una esfera perfecta. En realidad habría montañas y valles, tanto por dentro como por fuera, pero esos accidentes serían despreciables comparados con la masa total de la Tierra. Habría una pequeña gravedad, pero sería casi inapreciable. Un ser humano normal, trasladado a las profundidades, no podría notarla.
Si suponemos que la Tierra hueca gira sobre su eje, hay que considerar el efecto de la fuerza centrífuga. Para nosotros, este efecto se opone a la gravedad. En el interior, favorecería la situación preferida por los novelistas: los pies sobre la superficie, la cabeza hacia el interior. Pero en el ecuador, donde es más grande, la intensidad de la fuerza centrífuga en la superficie de la Tierra es trescientas veces menor que la atracción de la gravedad. A 800 kilómetros de profundidad, como en la novela de Burroughs, sería mayor, pero aún así despreciable. La fuerza centrífuga tampoco resuelve el problema.
¿Qué pasaría si añadimos el sol central? Este produciría sobre los habitantes de la Tierra hueca una fuerza de atracción que les haría separarse de la superficie interior y precipitarse hacia el centro. Los resultados serían catastróficos. La única forma de evitarlo sería si ese sol tuviera una masa tan pequeña, que se compensara con el efecto opuesto de la fuerza centrífuga, pero entonces volvemos al estado de ingravidez.

Por supuesto, los partidarios de la Tierra hueca o cóncava (no sé si quedará alguno) pueden aducir que las leyes de la gravitación son falsas. Pero ese argumento no es razonable y no merece respuesta.

Manuel Alfonseca

7 comentarios:

  1. Francisco Javier García Alonso30 de junio de 2016, 4:01

    Que interesante

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  2. Hay teorías para todos los gustos en varias asignaturas de Historia. Nosotros estudiabamos el caso del molinero Menochio, quien según Carlo Ginzburg tuvo un proceso inquisitorial por decir, que la Tierra era un enorme queso. Esto está descrito en "El queso y los gusanos".
    Así, como es interesante leer novelas sobre seres intraterrestres, y la posibilidad de que la Tierra sea hueca y exista un mundo interior. Sostenerlo científicamente, como brillantemente apunta el Señor Alfonseca es muy diferente. Lo del tal Kosher me ha recordado mucho a las teorías cienciologos de Hubbard, que pueden estar bien para el mundo de la ficción, pero que científicamente parecen disparatdas.
    No es lo mismo ver a estos simpáticos seres intraterrestres en las obras de Julio Verne, Burroughs, y en Doraemon (los dos capítulos de bienvenidos al centro de la Tierra. Haciendo trampa Doraemon usando un invento, que le permite crear una teoría alternativa). De hecho en ese episodio se explican algunas teorías intraterrestres, pero no pusieron de acuerdo sobre dónde estaba la entrada para llegar a ese mundo. Si el Polo Norte, o el monte Etna.
    En fin nada más felicitaciones al Sr. Alfonseca y decir, que durante dos meses le voy a echar muchísimo de menos :-(. Atentamente Fonch.

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    1. Aunque estoy de viaje, he dejado programados dos artículos que saldrán los dos primeros jueves de julio, así que el blog sólo se suspende 6 semanas:-)

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  3. Como nos tiene acostumbrados, un interesante artículo del Sr. Alfonseca. Es la primera vez que comento en este blog, aunque lo sigo desde hace años, pero me parecía curioso aportar algo sobre los jerarcas del partido nazi y estas teorías.
    El caso es que a mediados de los años 30, sabedor de que había en el Partido seguidores de estas disparatadas ideas, un ingeniero alemán de los primeros interesados en la astronáutica (colega de von Braun, lamento ahora no recordar el nombre pues cito lejos de mis fuentes) se las apañó para conseguir financiación del Partido para la construcción y lanzamiento de un cohete experimental con el objetivo formal de tratar de alcanzar el otro lado de la Tierra, siendo ello posible dado que era hueca. Se trataba de enviar un proyectil con trayectoria vertical a lo largo del diámetro interior de la esfera. No les importó demasiado que cayese sobre alguien en las antípodas... al que menos, al ingeniero, perfectamente consciente de lo absurdo del objetivo declarado del proyecto. Su objetivo personal, claro, era disponer de los fondos para el diseño y construcción de cohete de gran altura.
    Se lanzó, funcionó de modo más o menos correcto y, lógicamente, cayó de nuevo en Alemania...

    Saludos,
    Juan José Pérez

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    1. Gracias por la información, que complementa el artículo.

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  4. Me dio tanta risa eso de "Los nazis me hacían realizar un trabajo de locos" Me recordó mucho a Stalin, sus pirámides y la biología proletaria.
    Buen artículo señor Alfonseca.

    Por cierto y desviandome del tema,el otro día vi un cartel sobre datos relacionados con el "género" en el que usaban la "x" como vocal y lo primero que pensé fue en algunos de sus artículos.
    Total que preguntando los motivos de esa aberración me enviaron a la wiki https://es.m.wikipedia.org/wiki/Lenguaje_no_sexista
    Tengo la hipótesis de que puedo justificar mis estupideces si encuentro suficientes personas que quieran ayudarme

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    1. Y a pesar de sus reticencias, la RAE va pasando por el aro. Así, hay ahora una segunda acepción de "ciudadanía": "Conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación", donde antes sólo había una: "Cualidad y derecho de ciudadano".

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