jueves, 27 de octubre de 2016

Un silencio inquietante

Hace más de medio siglo comenzó el proyecto Ozma (por el nombre de la princesa que gobierna el país ficticio de Oz), que después continuó con el programa SETI (siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre). Partiendo de la base de que debe de haber numerosos casos de inteligencias extraterrestre, muchas de las cuales habrán alcanzado sin duda una tecnología capaz de comunicarse mediante ondas electromagnéticas, seguramente alguna de ellas estará mandando mensajes que quizá podríamos detectar y contestar. Inicialmente se pensó que nosotros podríamos tomar la iniciativa, enviando mensajes hacia estrellas que pudieran albergar planetas semejantes al nuestro, pero esta opción se abandonó pronto, por ser demasiado cara, dedicándose todos los esfuerzos a interceptar mensajes de otros, no necesariamente dirigidos hacia nosotros. Tras medio siglo de esfuerzos, no se ha conseguido nada. Ha habido, eso sí, alguna falsa alarma, pero ninguna se ha confirmado.
En algún artículo anterior he mencionado la paradoja de Fermi, que sostiene que sin duda estamos solos en la galaxia, porque en caso contrario cualquier inteligencia extraterrestre que nos llevara algunos millones de años de ventaja ya estaría aquí, pues no hace falta mucho tiempo para conseguir colonizar toda la galaxia, incluso a las velocidades interestelares que podremos conseguir en unos pocos siglos.

A la paradoja de Fermi se le han dado cuatro explicaciones principales:
  • No están aquí porque somos los primeros.
  • No están aquí porque todas las inteligencias extraterrestres anteriores a nosotros se han autodestruido antes de colonizar la galaxia.
  • No están aquí porque, aunque hay inteligencias extraterrestres, ninguna ha deseado colonizar la galaxia.
  • Están aquí, pero no nos hemos dado cuenta (esto es lo que defienden los defensores del fenómeno OVNI).
En 2002, en su libro Where is everybody?, Stephen Webb intentó recopilar el mayor número posible de respuestas a la paradoja de Fermi, incluidas algunas hilarantemente absurdas, como están aquí y se hacen llamar húngaros. Sus soluciones se agrupan en tres grupos, aproximadamente equivalentes a los indicados más arriba:
  • No existen: 19 soluciones, que se reducen a las dos primeras explicaciones anteriores.
  • Están, pero aún no han llegado hasta aquí, ni se han comunicado con nosotros: 22 soluciones, que incluyen las que se reducen al tercer caso anterior, añadiendo algunas más, que tratan de explicar nuestro fracaso en detectar sus comunicaciones.
  • Están aquí: 8 soluciones que equivalen a la cuarta indicada más arriba. Una de ellas, por cierto, es Dios existe, y por tanto existe vida extraterrestre (Dios). Esta solución es absurda, porque sería preciso redefinir lo que significa vida extraterrestre.
A estas 49 soluciones, el autor añade la número 50, que es la que él prefiere. En realidad, su solución no resuelve la paradoja, aunque sí explica por qué hasta ahora no hemos recibido ninguna comunicación: seguramente hay por ahí inteligencias extraterrestres y están tratando de comunicarse con nosotros, pero, o bien no sabemos qué dispositivo utilizar para recibir sus mensajes, o si lo hacen con ondas electromagnéticas, utilizan una frecuencia en que no se nos ha ocurrido probar, o no hemos buscado bastante y debemos seguir intentándolo durante un par de siglos más.
En su libro The eerie silence, publicado en 2011, del que he tomado el título de este artículo, el físico Paul Davies propone una solución más, distinta de las anteriores:
Si existen civilizaciones extraterrestres, deben estar mucho más avanzadas que la nuestra. Pues bien, todas ellas habrán alcanzado ya el punto en que la inteligencia artificial (las máquinas inteligentes, los robots) habrán superado y suplantado a sus creadores. Esas máquinas habrán conseguido también independizarse de los planetas que giran alrededor de las estrellas a distancia conveniente, invadiendo los numerosos planetas vagabundos que sin duda viajan por los espacios interestelares. Al ser seres superiores, esos robots no estarán interesados en comunicarse con nosotros, pues somos una forma de vida inferior, lo que explicaría su inquietante ausencia y su desinterés por colonizar nuestro planeta.
Frank Drake, inspirador del proyecto Ozma y creador de la famosa fórmula que lleva su nombre, con la que calculó la probabilidad de la existencia de inteligencias extraterrestres, estimó en un millón el número de civilizaciones en nuestra galaxia. Más escéptica, o más científica, la XVII Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional declaró que ese número puede estar comprendido entre uno (nosotros) y mil millones. En uno de mis libros de divulgación (La vida en otros mundos, 1993) expresé nuestra ignorancia de otra manera:
La probabilidad de la existencia de inteligencias extraterrestres es del 50%. Como no sabemos nada, lo mismo da tirar una moneda al aire y, si sale cara, afirmar que estamos solos, y si sale cruz, que tenemos compañía.

Fórmula de Drake
El mismo artículo en inglés
Manuel Alfonseca

14 comentarios:

  1. Lo del Paul Davies viene a coincidir con lo que expone Gregory Benford (que además de novelista es astrofísico) en la Saga del Centro Galáctico, especialmente en "Great Sky River" y sucesivas, que seguro que has leído.

    Un saludo,
    Juan.

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    1. Pues no los he leído. Tomo nota.

      En general, la ciencia-ficción se adelanta a los científicos. Así, las teorías del multiverso se remontan a un cuento corto que publicó en los años 30 Clifford D. Simak.

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    2. Pues el enfoque que hace sobre la vida artificial dominante en un futuro lejano es muy sugerente.

      A veces es quizá un tanto oscuro y denso, pero son de esas novelas que recuerdas pasado el tiempo.

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  2. Francisco Javier García Alonso27 de octubre de 2016, 1:02

    Confieso que empecé a sospechar de la no existencia de extraterrestres cuando me percaté de que tenian los mismos poderes que las brujas medievales (o muy parecidos, al menos en las novelas de ciencia ficción) y que la preocupación por los ovnis coincide con la aparición de la aviación (salvo que relevaluemos hechos raros pretéritos, el más conocido sería el carro de fuego del profeta Elías)
    No me repugna la idea de extraterrestres, pero ya deberiamos haber dado con alguno ¿no?

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  3. Lo más curioso es la cantidad de dinero que invierte la Nasa en algo de lo que no hay ni el más leve indicio . La ideología por encima de la ciencia y el sentido común

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  4. La explicación de Davies es absurda. Ninguna combinación de las cuatro fuerzas de la materia sería capaz de crear inteligencia. Ergo, no existe la 'inteligencia' artificial. Las máquinas solo ejecutan la inteligencia de otros.

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  5. Hola Alfonseca, el tema es interesante, pero complejo.
    ¿Cómo se definiría Inteligencia ET, en este artículo?

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    1. ET (extra-terrestre) significa fuera de la Tierra, pero dentro del Universo.

      ETI (inteligencia extraterrestre) significa, para mí, cualquier tipo de ser que tenga consciencia de sí mismo, capacidad de prever el futuro, y pueda guardar información fuera de su cuerpo.

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  6. Sabe Dios...

    O Dios sabe ;-)


    Te he nombrado en mi última entrada, Manuel, donde comentamos un excelente capítulo de "¿Dios o la materia?" del profesor Soler Gil. También puse un enlace a uno de tus posts antiguos que trataba del multiverso, espero que no te importe. Un abrazo y gracias siempre por ilustrarnos.

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    1. Gracias por la cita. Paso el enlace a Soler Gil.

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  7. Gracias, Manuel, espero que al doctor Soler no le importe que haya transcrito tantos párrafos de ese capítulo, estaba entusiasmada, me pareció tan magnífico que no supe por dónde cortar y quería compartir lo más posible con todos, creo que su exposición es magistral. Sé que muchos lectores no leen este tipo de obras divulgativas (y si son ateos, mucho menos), creo que esta es una forma de acercar estos temas al gran público y de dejarles "con la miel en los labios" :-) para que les entre el gusanillo y lean el ensayo completo. Felicidades, una vez más, a los dos, también a ti, por vuestra valiosa labor divulgativa. Seguimos a la escucha. Un abrazo.

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    1. Esto es lo que dice Soler al respecto:

      "A mí no me importa en absoluto que copien párrafos de cosas que escribo. Al contrario. En realidad ni siquiera me importa que me citen o me copien sin citar. Lo que importa es que las ideas circulen."

      Estoy de acuerdo con él.

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  8. ¡Muchísimas gracias! :-) Transcribir sin citar al autor no sería justo, además, se trata de dar a conocer a la gente la postura del bando teísta, con sus nombres y apellidos, en este aspecto, en "Dios y la Ciencia" usamos el truco de Hansel y Gretel :-), ir dejando "miguitas" por el camino para que los lectores lleguen a través de ellas a los libros de donde salieron los párrafos, los lean de cabo a rabo y comprendan que la apuesta por el teísmo es fuerte y no es una apuesta "por lo irracional", como pretenden los ateos y el actual zeitgeist fisicalista en el que estamos inmersos. Desgraciadamente, como decía, a estos ensayos teístas no se les da el bombo del que gozan las obras de los ateos mediáticos, pero es bueno, creo, ir dando pasitos para "nivelar" un poco la balanza.

    Pues seguiremos citándoos y mucho, porque vuestro trabajo lo merece. Un abrazo a los dos y gracias de nuevo :-)

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  9. Como pitagórico-platónico-cristiano, yo creo que la mayor inteligencia existente está en Dios-Kosmos-Naturaleza-Totalidad (o como quieran llamarlo). Pero también creo que por debajo de esa inteligencia máxima-suprema, hay toda una gradación de "entidades individuales" corpóreas e incorpóreas, que están tanto en la Tierra como fuera de ella (ETs).

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