jueves, 6 de abril de 2017

Ideología, listas negras y censura

En este artículo voy a recurrir a mi propia historia editorial, a través de tres anécdotas. Como tengo unos 50 libros publicados por 37 editoriales diferentes, he ido acumulando bastantes de estas anécdotas. Sin embargo, es curioso que estas tres se refieran a editoriales con las que nunca he publicado nada.
Primera anécdota: Una de mis primeras obras (Krishna frente a Cristo, 1978) era un ensayo, una comparación entre dos religiones: el hinduismo y el cristianismo. Cuando tuve el libro terminado, decidí buscar una editorial que se interesara en publicarlo, y para ello me presenté en la sede de una de las más conocidas con el libro bajo el brazo, sin intentar concertar una cita previa. Me recibió en el vestíbulo uno de los empleados, al que expliqué para qué venía y el tipo de libro que traía. El empleado me preguntó:
—Este libro, ¿ataca al cristianismo?
—No, —respondí.
—Entonces no se moleste en dejarlo, —me respondió, sonriente. —Si atacara al cristianismo, quizá tendría alguna oportunidad, pero si no lo hace, no tiene ninguna.
Naturalmente, me fui sin dejar el libro y no he vuelto a intentar publicar con esa editorial.
Segunda anécdota: Hace unos años me puse de acuerdo con una editorial para que publicara una edición actualizada de uno de mis libros descatalogados (El Quinto Nivel, 2005). El contrato estaba firmado y el libro a punto de salir, pues su inminente aparición estaba anunciada en la web de la editorial. Entonces, la víspera del lanzamiento me llamó el director para decirme que habían decidido no publicarlo, después de todo. La razón: que la dirección de la editorial no estaba de acuerdo con mis ideas.
Para explicarlo, indicaré que en el penúltimo capítulo del libro me declaro contrario al aborto provocado y ofrezco algunas razones científicas que se pueden encontrar en otro artículo de este blog. Al parecer, la dirección de la editorial no se enteró de esto hasta el último momento. La tardanza, desde luego, no fue culpa mía, porque el texto completo del libro estaba en sus manos desde varios meses antes. Al consultar el contrato descubrí que esta posibilidad estaba prevista, porque una de las cláusulas especificaba que la editorial se reserva el derecho de no publicar el libro si no está de acuerdo con las ideas del autor. Su decisión, por lo tanto, era legal y yo no podía hacer otra cosa que aceptarla.
Pero la conversación no terminó ahí, porque el director de la editorial continuó hablando:
—En cuanto a los otros libros que teníamos en marcha, su publicación queda cancelada. No queremos publicar nada que haya escrito usted.
Debo aclarar que tenía otros dos libros en vías de publicación con ellos, un ensayo que todavía está inédito y una novela de misterio que ya ha sido publicada en otra editorial (El Zahir de Quetzalcoatl, 2014). Pero en ninguno de los dos casos se había firmado contrato alguno.
Respecto a estas dos anécdotas, tengo que decir lo siguiente:
  • En mi opinión, la dirección de una editorial tiene derecho a negarse a publicar un libro que no está de acuerdo con su ideología. Del mismo modo, una editorial católica –por ejemplo– normalmente se negará a publicar un libro que ataque al cristianismo. Sin embargo, declarar que no quieren publicar nada mío, ni ahora ni en el futuro, es algo muy diferente, porque no saben si esos libros contendrán o no algo contrario a su ideología. Esta decisión huele a lista negra.
Tercera anécdota: Hace algunos años envié una de mis novelas de ciencia-ficción (La historia de la Colonia Tierra-9, 2014) a una editorial perteneciente a una orden religiosa católica, especializada en literatura infantil y juvenil. Al cabo de algún tiempo, la directora me llamó para informarme de que el libro había sido rechazado.
—Porque —adujo— el lector nos ha dicho que tu novela es sexista.
—¿Por qué es sexista? —pregunté.
—Porque de los dos personajes que provocan la catástrofe inicial, la mujer es más mala que el hombre.

La cosa está clara: incluso algunas editoriales católicas han caído bajo el control de la ideología dominante. El malo de una novela no puede ser jamás mujer, negro, judío ni homosexual. Bueno, sobre lo de judío no estoy tan seguro, porque la ideología dominante es pro-árabe y anti-israelí. En otro artículo expliqué que, para colmo, la acusación es inmerecida. Para saber si mis novelas son sexistas, no basta con leer una; hay que realizar un análisis de todos mis libros y contar cuántos de mis malos son hombres y cuántos son mujeres. Cuando hice el cálculo descubrí que el 93% de mis malos son hombres, sólo el 7% son mujeres. Se me podría acusar de sexismo, pero contra los hombres. En cualquier caso, rechazar un libro sólo por este motivo es una clara muestra de censura. 

Manuel Alfonseca

4 comentarios:

  1. Muchas gracias por este artículo, amable (sin pizca de rencor) pero esclarecedor! En el mundo editorial, como en casi todos, estamos necesitados de practicar más lo justo que lo políticamente correcto, mucho más la sinceridad que la hipocresía.

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  2. Francisco Javier García Alonso6 de abril de 2017, 7:57

    Muchas gracias por las "anecdotas". Son esclarecedoras
    Me permito añadir una variante. Que una vez publicado el libro no lo repongan o no lo reediten por razones semejante a las aducidas aquí.
    Quizás el papel de inquisidor sea una de las posibles facetas de nuestra personalidad, como puede ser el de don juan o el de quijote

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    1. En mi caso concreto no he visto este tipo de motivo, mis libros no re-editados lo han sido usualmente porque las ventas habían descendido o porque la editorial estaba pasando por una crisis económica.

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  3. Es que algunos han pasado de "mear agua bendita" a "mear fuera de tiesto".

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