jueves, 5 de febrero de 2026

Los viajes en el tiempo y la Crucifixión de Cristo

Cristo crucificado, talla en madera
de Manuel Alfonseca Santana

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Si los viajes en el tiempo fuesen posibles, el mayor aliciente para los viajeros sería asistir como testigos presenciales a sucesos famosos del pasado, como el asesinato de Julio César y muchos más. El hecho de que no tengamos constancia de la presencia de gente extraña en ninguno de esos casos es un argumento importante en contra de la factibilidad de los viajes en el tiempo.

No cabe duda de que uno de esos sucesos, quizá el más famoso de todos, sería la Crucifixión de Cristo. Si los viajes en el tiempo fuesen posibles, debería haber habido en el Gólgota una avalancha de visitantes procedentes de tiempos futuros para asistir al suceso más importante de la historia de la humanidad.

De hecho, esta idea ha sido utilizada en la literatura de ciencia-ficción. En una novela corta titulada There will be time, Poul Anderson la aplica haciendo que su protagonista viaje a Jerusalén, en el día de la Crucifixión, para asistir a la muerte de Cristo. Y al llegar descubre que hay una multitud de personas asistiendo, y que casi todos son viajeros en el tiempo.

Esta idea, sin embargo, contiene un contrasentido. Si fuera posible viajar en el tiempo, los viajeros no acudirían al momento de la Crucifixión, sino al de la Resurrección, que es mucho más importante. Constatar que Jesús murió en la Cruz no es tan relevante como constatar que resucitó. Sabemos que la Crucifixión fue un acto público. Por el contrario, la Resurrección fue un acto privado, en el que no hubo ningún testigo. Luego es ahí donde deberían haberse dirigido los viajeros en el tiempo.

Poul Anderson

¿Por qué Anderson cometió ese error? Probablemente porque él no creía que la Resurrección haya tenido lugar. Aun así, para él debería haber sido importante que sus viajeros lo constataran. ¿Cómo hacerlo? Nada más fácil: estableciendo una guardia de viajeros en el tiempo durante la noche del sábado al domingo en la tumba de Cristo para comprobar si Cristo resucitaba. Sin embargo, no se le ocurrió esa idea, o si se le ocurrió no se atrevió a usarla, y en consecuencia su novela pierde.

La novela de Anderson no es la única que gira alrededor de este argumento. Caballo de Troya de J.J. Benítez abunda en esta línea. En esta novela, que no parte del futuro, sino del presente, durante la última parte del siglo XX, la posibilidad de viajar en el tiempo habría sido descubierta por el ejército de los Estados Unidos, que envía al protagonista a la época de Cristo para constatar lo que pasó. El viajero va provisto de adelantos técnicos sugerentes pero imposibles, como un dispositivo que le proporciona visión de rayos X al estilo de Supermán, por lo que, más que como ciencia-ficción, esta novela podría clasificarse en el género de los tebeos de superhéroes.

Benítez no comete el mismo error que Anderson, pues su protagonista investiga la Resurrección de Cristo y constata que sí sucedió, pero que no fue obra de Dios, sino de extraterrestres. Por supuesto, la idea de suplantar a Dios por civilizaciones extraterrestres avanzadísimas no es nueva, como señalé en otro artículo de este blog: Los mundos perdidos de 2001.

Un caso parecido es la novela corta de Michael Moorcock Behold the Man, en la que un viajero en el tiempo viaja a la Palestina del año 28 para conocer a Cristo, pero no le encuentra, lo suplanta, y acaba crucificado en su lugar. En este caso, el final de la novela niega la Resurrección.

Portada de Fantastic SciFi con una
historia de Porges (The shadowsmith)

Finalmente mencionaré un cuento de ciencia-ficción escrito en 1962 por Arthur Porges, titulado The rescuer (El rescatador). Este cuento es un ejemplo excelente de la paradoja de la predestinación que mencioné en un artículo anterior: ¿Será posible viajar en el tiempo? Este es su argumento: los inventores de una máquina del tiempo descubren que un hombre ha entrado en la máquina para viajar hacia el pasado. Para impedírselo, destruyen la máquina con el hombre dentro. Cuando se les juzga por asesinato y destrucción de bienes valiosos, se explican:

Este hombre llevaba un rifle de repetición y cinco mil balas explosivas. Su intención era trasladarse al Gólgota para rescatar a Jesucristo de los soldados romanos. O sea, para impedir la crucifixión. Con un rifle moderno, quizá lo habría conseguido. ¿Y entonces qué?... ¿Qué efecto tendría eso en el futuro, en toda la historia secular y religiosa?

Aparte del éxito mayor o menor que hayan tenido distintos autores para plantear este tipo de argumentos, del hecho de que, ciertamente, nadie ha viajado en el tiempo para ser testigo de sucesos históricos importantes, puede deducirse que los viajes en el tiempo son y serán siempre imposibles, no sólo ahora, sino también en el futuro. Lo cual no es más que otro modo de enunciar la versión de la paradoja de Fermi que se aplica a los viajes en el tiempo.

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Manuel Alfonseca