jueves, 26 de febrero de 2026

El uso de las herramientas de “IA”

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La tercera acepción del artículo de la Real Academia de la lengua para la palabra herramienta dice esto:

Instrumento que sirve para hacer algo o conseguir un fin.

Desde el origen del género Homo, los seres humanos hemos utilizado herramientas, que aparte de los esqueletos o piezas óseas fosilizadas constituyen una de las fuentes principales de información sobre nuestros antepasados. Los cantos tallados monofaciales y bifaciales hoy nos parecen muy primitivos, pero durante la prehistoria de la humanidad desempeñaron el papel de armas y herramientas y seguramente nos ayudaron a sobrevivir.

La tecnología informática, que se ha desarrollado mucho durante el último siglo, nos ha proporcionado numerosas herramientas muy útiles. A lo largo del siglo XXI, esas herramientas se han vuelto cada vez más “inteligentes”, abordando tareas que hasta muy recientemente sólo podían realizar los seres humanos. Pero al utilizarlas deberíamos tener en cuenta algunas ideas muy generales, que siempre se deberían aplicar, pero no siempre se aplican:

jueves, 19 de febrero de 2026

Los reinos y la Cladística

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En el artículo anterior hablé de la Cladística, la nueva forma de clasificar los seres vivos partiendo de su posición en el árbol de la vida, y mencioné alguna de las dificultades que surgen si se intenta adaptar a la cladística el sistema de clasificación anterior, basado en el árbol taxonómico y las categorías clásicas de Linneo: reino, phylum, clase, orden, familia, género y especie.

Hay más dificultades. Por ejemplo, consideremos el concepto de reino, la máxima categoría taxonómica de Linneo. Tradicionalmente los seres vivos se dividían en dos reinos: animal y vegetal. Estos dos reinos estaban claramente separados, con características muy diferentes. Así, los animales se definían como seres orgánicos que viven, sienten y se mueven por propio impulso (diccionario de la RAE), mientras las plantas (el reino vegetal) serían seres que viven, pero no sienten y no se mueven. Se admitía que estas definiciones eran imperfectas, porque existían excepciones, como las esponjas, que apenas se mueven, pero son animales, y algunas plantas, como las mimosas, que parecen sentir ciertos estímulos y se mueven en respuesta a ellos.

jueves, 12 de febrero de 2026

Cladística: Nueva clasificación de los seres vivos

Árbol de la vida
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El naturalista sueco Carl von Linné (Linneo) creó en 1735 el sistema de nomenclatura biológica binominal que seguimos utilizando, y un sistema de clasificación de los seres vivos que se está quedando obsoleto. Dicho sistema utilizaba al principio siete categorías jerárquicas: reino, phylum, clase, orden, familia, género y especie. Las dos últimas categorías se utilizan para nombrar a las especies. Así, de acuerdo con la clasificación de Linneo, la especie humana pertenece al reino animal, el phylum de los cordados, la clase de los mamíferos, el orden de los primates, la familia homínidos, el género Homo y la especie sapiens. Su nombre científico, de acuerdo con el sistema binominal de Linneo, es por tanto Homo sapiens.

jueves, 5 de febrero de 2026

Los viajes en el tiempo y la Crucifixión de Cristo

Cristo crucificado, talla en madera
de Manuel Alfonseca Santana

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Si los viajes en el tiempo fuesen posibles, el mayor aliciente para los viajeros sería asistir como testigos presenciales a sucesos famosos del pasado, como el asesinato de Julio César y muchos más. El hecho de que no tengamos constancia de la presencia de gente extraña en ninguno de esos casos es un argumento importante en contra de la factibilidad de los viajes en el tiempo.

No cabe duda de que uno de esos sucesos, quizá el más famoso de todos, sería la Crucifixión de Cristo. Si los viajes en el tiempo fuesen posibles, debería haber habido en el Gólgota una avalancha de visitantes procedentes de tiempos futuros para asistir al suceso más importante de la historia de la humanidad.

De hecho, esta idea ha sido utilizada en la literatura de ciencia-ficción. En una novela corta titulada There will be time, Poul Anderson la aplica haciendo que su protagonista viaje a Jerusalén, en el día de la Crucifixión, para asistir a la muerte de Cristo. Y al llegar descubre que hay una multitud de personas asistiendo, y que casi todos son viajeros en el tiempo.