jueves, 12 de febrero de 2026

Cladística: Nueva clasificación de los seres vivos

Árbol de la vida
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El naturalista sueco Carl von Linné (Linneo) creó en 1735 el sistema de nomenclatura biológica binominal que seguimos utilizando, y un sistema de clasificación de los seres vivos que se está quedando obsoleto. Dicho sistema utilizaba al principio siete categorías jerárquicas: reino, phylum, clase, orden, familia, género y especie. Las dos últimas categorías se utilizan para nombrar a las especies. Así, de acuerdo con la clasificación de Linneo, la especie humana pertenece al reino animal, el phylum de los cordados, la clase de los mamíferos, el orden de los primates, la familia homínidos, el género Homo y la especie sapiens. Su nombre científico, de acuerdo con el sistema binominal de Linneo, es por tanto Homo sapiens.

A medida que se iban descubriendo y describiendo nuevas especies de seres vivos, el sistema de clasificación de Linneo se quedó corto. Había demasiados géneros en cada familia, demasiadas familias en cada orden, y así sucesivamente. Por ello se introdujeron categorías intermedias: subreino; subphylum; superclase; subclase; superorden; suborden; superfamilia; subfamilia; tribu; subgénero y subespecie.

A partir de la teoría de la evolución de Darwin, coexisten en el mundo biológico dos árboles distintos: a) El árbol de la vida o de la evolución, que indica cuál ha sido el proceso por el que las especies o grupos de seres vivos han ido cambiando a lo largo del tiempo. b) El árbol taxonómico, el de la clasificación, en el que todos los seres vivos que viven en la actualidad o existieron en el pasado se encuentran en el nivel mínimo, el de las especies. Una ventaja de este árbol es que facilita la segmentación de la biología en ramas más sencillas (zoología, botánica, entomología, ornitología, etc.), cada una de las cuales puede estudiarse como un campo independiente. El grado de parentesco entre dos especies puede medirse por el nivel de la categoría taxonómica más baja que las incluye.

De acuerdo con la clasificación tradicional, los animales vertebrados eran un subphylum del phylum de los cordados y se dividían en cinco clases: peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Todos los vertebrados extinguidos, conocidos por sus fósiles, iban a parar a una de esas cinco clases. Los dinosaurios, por ejemplo, se clasificaban entre los reptiles.

En 1950, el biólogo alemán Willi Henning propuso sustituir la clasificación tradicional por un sistema basado en el árbol de la evolución, pues así tendríamos una clasificación filogenética o cladística. Su propuesta tardó bastante en imponerse, hasta los años 80, y desde entonces se ha vuelto dominante. Los biólogos y los paleontólogos actuales no utilizan otra.

Para ello se divide a las especies vivas en clados, ¿Qué es un clado? Es el resultado de desgajar una parte del árbol de la vida cortando una de sus ramas. Lo que se desgaja del árbol es un clado. Hay, por tanto, tantos clados como cortes podamos realizar. Pero algunos tienen más importancia que otros. Depende de por qué rama se corte el árbol.

De las cinco clases de vertebrados de Linneo, sólo dos son clados. Los peces no lo son, porque si cortamos el árbol por el punto que corresponde al primer pez de la historia de la vida, se nos desgajan al mismo tiempo los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, todos los cuales descienden de los peces. Lo mismo pasa si cortamos el árbol en el punto correspondiente al primer anfibio. Las aves y los mamíferos sí son clados, porque ambos grupos pueden separarse del árbol cortándolo en un solo punto.

Los reptiles, en cambio, presentan un problema. Si cortamos el árbol por el primer reptil, se nos vienen detrás las aves y los mamíferos. El problema se palía, porque casi al principio de la evolución de los reptiles (los primeros animales amniotas) estos se dividieron en dos grandes grupos: sinápsidos y diápsidos. Tenemos, por tanto, dos clados, uno de los cuales incluye a los mamíferos, y el otro a los dinosaurios y las aves. Hoy día se tiende a utilizar la palabra reptil como sinónimo del clado de los diápsidos, por lo que los dinosaurios siguen siendo reptiles, pero las aves son a la vez reptiles y dinosaurios (véase la figura).

Pero ¿dónde empieza el grupo de las aves? ¿Dónde el de los mamíferos? Para decidir esta cuestión, a veces se aplica una regla cladística con la que no todos los biólogos están de acuerdo: un clado de animales con representantes actuales (que no se han extinguido por completo) comienza en el antepasado común más reciente de todos los miembros actuales de ese clado. Según esa regla, en la figura adjunta, que muestra el árbol filogenético de los sinápsidos (y por tanto de los mamíferos) el clado de los mamíferos debería cortarse en el punto 1, pues ese es el antepasado común más reciente de los tres grupos de mamíferos actuales: monotremas, marsupiales y placentarios.

Otros biólogos no están de acuerdo. Para ellos, aunque se hayan extinguido algunos grupos, el clado de los mamíferos debería desgajarse cuando los grupos correspondientes presenten todas las características que consideramos propias de los mamíferos. En la figura, eso sería en el punto 2. Obsérvese que eso obliga a introducir dos grupos extinguidos más en el clado de los mamíferos.

En cuanto a las categorías de clasificación de Linneo, se intenta seguir utilizándolas, aunque a veces es muy complicado. Por ejemplo, en la clasificación tradicional, las aves y los reptiles eran una clase; los diápsidos una subclase; los dinosaurios un superorden. Con la clasificación cladística, los diápsidos o reptiles contienen a los dinosaurios, que a su vez contienen a las aves, luego las categorías jerárquicas clásicas ya no sirven. Habrá que ir acostumbrándose, aunque no creo que las nuevas clasificaciones lleguen pronto a formar parte de la cultura general, pues la enseñanza primaria y media son muy lentas en adoptar ideas nuevas. Lo cual, en este caso, quizá sea una suerte.

Las dos imágenes que muestran los clados de los dinosaurios y los sinápsidos las he sacado de los libros The Rise and Fall of the Dinosaurs: A New History of a Lost World y The Rise and Reign of the Mammals: A New History, from the Shadow of the Dinosaurs to Us, de Steve Brusatte. Nota: Intenté que un LLM me generara esas dos imágenes describiendo lo que deseaba, pero solo conseguí que me ofreciera basura.

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Manuel Alfonseca

7 comentarios:

  1. Interesante tema y preciosa la ilustración, me refiero a la de la cabecera, de Leonard Eisenberg. Pensé al leer el último párrafo que era ésa la que quisiste generar con un LLM, pero no, ya veo que te referías a las otras, que son más sencillas.

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  2. La cladística como clasificación única choca con la clasificación clásica funcional de andar por casa, que creo sigue siendo útil. Decir que las aves son dinosaurios es absurdo, porque han llegado a tal punto de cambio que ya no son ni dino (terribles) ni saurios (reptiles), y oscurece el término dinosaurio. Y los divulgadores jóvenes actuales que lo dicen todos al unísono luego no dicen que los insectos son crustáceos porque desciendan de los crustáceos, aunque puedan comentar la noticia reciente de dicho descubrimiento.

    Hay que plantearse si no hay puntos de un grado de novedad tal que la especie nueva surgida no sea ya otra cosa (o al menos, a partir de cierto punto, superadas las especies ancestrales de transición).

    Otro ejemplo, que enlaza con la clasificación de toda la vida, podría ser el ser humano, que ha alcanzado tal intelecto que quizás se podría considerar que no es un animal (de hecho, a importantes efectos es lo que se ha considerado toda la vida, como diferente de los animales). También es notable su locomoción bípeda erecta y distribución del pelo, que son únicas, aunque eso no es no animal en sí.

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    1. No está tan claro que decir que las aves son dinosaurios sea absurdo. ¿Cómo se definen las aves? Como animales ovíparos, con temperatura corporal constante, el cuerpo cubierto de plumas, la boca convertida en pico, y las extremidades anteriores transformadas en alas. Pues bien, los dinosaurios terópodos, de los que descienden las aves, eran ovíparos, tenían el cuerpo cubierto de plumas, algunos tenían pico, y se sospecha que tenían temperatura constante. Sólo les falta volar. Pero no todas las aves vuelan...

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    2. Hay una zona gris más o menos amplia dentro de los terópodos; pero la falta en las aves de cola larga, dientes, garras o patas delanteras (menos los pollos de hoacin), escamas (esto algunos terópodos bastante avianos no sé si tendrían) y el tamaño mucho menor (ídem) son argumentos de cierto peso para diferenciar aves y dinosaurios. Y no sé si decir también la cadera (curiosamente provienen de los saurisquios, no de los ornitisquios).

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    3. Algunas aves conservan escamas en las patas. Cada vez hay más datos de que muchos terópodos tenían plumas (incluso el tiranosaurio las tenía). El tamaño no sirve para diferenciar grupos distintos (en los mamíferos abarca desde la musaraña hasta el elefante). Hay aves grandes, como el avestruz (y el epiornis, y los moas) y hubo terópodos pequeños.

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    4. Algo he leído por internet de que las escamas de las patas de las aves no son homólogas a las escamas de los dinosaurios y demás reptiles, sino que son plumas modificadas o estructuras que provienen de la ruta de desarrollo embrional de las plumas pero modificada.

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    5. Pero como las plumas son escamas modificadas, al final todo lo que recubre a las aves viene de las escamas.

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