Todos conocemos la zona Ricitos de Oro, que se considera necesaria
para la aparición de la vida en un sistema planetario. Es la región en que la
temperatura en la superficie del planeta hace posible la existencia de agua
líquida, que se suele considerar indispensable para que pueda aparecer la vida,
al menos tal como la conocemos, porque en la literatura de ciencia-ficción
(recordemos La Nube Negra de Fred Hoyle) hay formas de
vida que quizá no necesitarían de ese requisito.
Los planetas muy próximos a su estrella tendrían una temperatura demasiado alta para la existencia de agua líquida; toda el agua se vaporizaría, y en algunos casos escaparía de la atracción gravitatoria del planeta. En los muy alejados, la temperatura sería demasiado baja y toda el agua estaría en estado sólido (hielo). En ambos casos se piensa que la aparición de la vida no sería posible.
Que un planeta se encuentre en la zona Ricitos de
Oro de temperatura sería condición necesaria, pero no suficiente, para la
aparición de la vida. Si el planeta es demasiado pequeño, o es un gigante
gaseoso, se piensa que tampoco sería posible que aparezca en él la vida, tal
como la conocemos. El planeta debería tener un tamaño parecido al de la Tierra,
o bien un poco más pequeño, o un poco más grande (supertierra). Este requisito
define una segunda zona Ricitos de Oro que se superpone a la
primera, lo que disminuye la probabilidad de encontrar vida en los planetas
extrasolares, de los que unos 6000 han sido descubiertos, junto con otros 8000
en espera de confirmación.
De los 6000 exoplanetas confirmados, unos
70 se encuentran en la zona Ricitos de Oro de temperatura de su estrella,
lo que da una probabilidad de alrededor del 1%. De ellos, no más de 30 están
también en la segunda zona Ricitos de Oro, la del tamaño. Por lo tanto, la
probabilidad conjunta de que un exoplaneta se encuentre a la vez en ambas zonas
Ricitos de Oro sería aproximadamente igual a 0,5%.
Pues bien: recientemente se ha detectado una tercera
zona Ricitos de Oro (esta vez química, al revés que las dos anteriores, que son físicas), lo
que limitaría aún más la probabilidad de encontrar vida extraterrestre. Se
trata de un equilibrio entre las proporciones de oxígeno, nitrógeno y fósforo
en la superficie del planeta. Estos tres elementos se consideran necesarios
para la vida. Veamos cómo opera este equilibrio:
·
En un planeta en formación, el nitrógeno y el fósforo pueden optar
entre combinarse con el oxígeno o con el hierro. La cantidad inicial de oxígeno es crítica.
·
Si hay mucho oxígeno, se ligará con el fósforo,
que permanecerá en el manto del planeta y en la superficie, mientras el
nitrógeno se combinará con el hierro y se hundirá con este en el núcleo del
planeta, quedando aislado e inutilizable para la vida.
·
Si hay poco oxígeno, ocurre lo contrario: el fósforo se combina con
el hierro y se hunde en el núcleo, mientras el nitrógeno se queda cerca de la
superficie.
·
Como cantidades significativas de fósforo y nitrógeno son necesarias
para la aparición de la vida, si falta uno de los dos elementos, se piensa que
la vida no podría aparecer. La cantidad inicial de oxígeno, por lo tanto, sería
crítica: ni demasiado grande, ni demasiado pequeña. Lo que nos lleva a admitir
la existencia de una nueva zona Ricitos de Oro.
Los investigadores que han llegado a esta
conclusión han realizado una simulación de la probabilidad de que la cantidad
inicial de oxígeno de un exoplaneta se encuentre en la zona Ricitos de Oro. Su
conclusión: dicha probabilidad es de un 10%. Por lo tanto, la probabilidad de
que un exoplaneta se encuentre a la vez en las tres zonas Ricitos de Oro se
reduciría al 0,05%, o sea, que entre los 6000 planetas que conocemos habría
como mucho tres con las condiciones necesarias para que pueda aparecer la vida.
Y a esto hay que añadir otras condiciones, que
también se consideran indispensables: a) que el planeta tenga atmósfera; b) que
tenga un campo magnético que proteja la vida de los rayos cósmicos; c) que,
aunque esté situado en la zona Ricitos de Oro de temperatura, no presente siempre
la misma cara hacia su estrella, lo que haría que la temperatura fuese
demasiado alta en un lado del planeta y demasiado baja en el otro; d) que, en
el caso de exoplanetas que giran alrededor de enanas rojas, cuya zona Ricitos de
Oro está muy próxima a la estrella, la órbita del planeta debe ser casi
circular (para que no se salga de la zona favorable), y la estrella debe ser
muy estable, para que no achicharre de vez en cuando al planeta (las enanas
rojas suelen ser inestables).
El conjunto de todas estas condiciones reduce aún
más la probabilidad de encontrar un exoplaneta con condiciones adecuadas para
la vida, lo que explicaría por qué hasta ahora no hemos encontrado ninguno. Y
extrapolando este resultado hacia la existencia de inteligencias
extraterrestres, podríamos obtener una explicación de la
paradoja de Fermi.
Cuando Drake propuso su famosa fórmula para
calcular la probabilidad a priori de la existencia de inteligencias
extraterrestres en función del producto de siete términos, calculó (a ojo) que
debería haber alrededor de diez civilizaciones detectables en la galaxia de la
Vía Láctea. Con los nuevos datos, uno de los términos de su fórmula (ne,
el número de planetas habitables por sistema solar) debería dividirse por 10. Varias
estimaciones actuales de la fórmula de Drake calculan que el número de
inteligencias extraterrestres detectables en la galaxia puede estar comprendido
entre 0 (estamos solos) y 1 (estamos casi solos).
| Fórmula de Drake |
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Manuel Alfonseca

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