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La teoría que sostiene que
somos una pizarra en blanco, sobre la que
alguien (quizá nosotros mismos) debe escribir nuestro carácter y nuestro
comportamiento es muy antigua. Podría remontarse al menos hasta la teoría de la
potencia y el acto de Aristóteles, según el cual el alma humana nace en estado
de potencia, como una tablilla sin escribir, y debe
convertirse en acto:
Lo inteligible ha de estar en [el
intelecto] del mismo modo que en una tablilla en la que no hay nada escrito:
esto es lo que sucede con el intelecto. (Sobre
el alma).
La idea fue recuperada por
filósofos medievales como Avicena y Santo Tomás de Aquino, y ya en el siglo
XVII por John Locke en su An Essay Concerning
Human Understanding, donde sustituyó el término Tabula Rasa por White Paper (papel en
blanco):
Porque quienes tienen cuidado... de
dar buenos principios a los niños... les inculcan en su entendimiento... libre
de prejuicios (porque el papel blanco recibe cualquier cosa) las doctrinas que
quieren que retengan y profesen.
Y más adelante dice:
Supongamos que la mente es, como
decimos, un papel en blanco, vacío de caracteres, sin ideas: ¿Cómo se amuebla?
