jueves, 2 de junio de 2016

El antropomorfismo de los animalistas

Bandera de los animales en
Animal Farm, de George Orwell
Hace un año publiqué un artículo en el que demostraba con múltiples argumentos que el hombre no es un animal más, a pesar de los intentos de los materialistas por rebajarlo a ese nivel. En cambio, muchos animalistas parecen hacer exactamente lo contrario: sin darse cuenta, elevan a los animales al nivel humano. Lo hacen incluso con los insectos, como cuando hablan del horror que sufre una oruga al ser devorada por la larva de un himenóptero, aunque reservan especialmente su compasión para los animales superiores: las aves y los mamíferos.
En su campaña contra los espectáculos con animales en los circos, los animalistas utilizan el siguiente lema:
El circo es una cárcel
Suelen decir lo mismo de los parques zoológicos, a pesar de que los más modernos no tienen nada que ver con los que había a principios del siglo XX, las así llamadas casas de fieras.

¿Es así? Se sienten encarcelados los animales de los circos y de los parques zoológicos? ¿O quizá los animalistas tienden a ponerse en el lugar de esos animales, a imaginar cómo se sentirían ellos y a extrapolar sus propios sentimientos?
Voy a contar una anécdota que me parece un argumento bastante potente para demostrar que los animales de los zoológicos no se sienten en una cárcel. Para ello citaré la experiencia de Gerald Durrell, que al principio se dedicó a recolectar animales para zoológicos; después fundó su propio zoo en la isla de Jersey, que dedicó a la tarea importantísima de formar colonias de animales en peligro de extinción, para conservar un resto que pueda servir para mantener viva su especie; y por último fundó la Fauna and Flora Preservation Society, una organización que dedica sus esfuerzos a la conservación de especies amenazadas. Un personaje así no debería ser sospechoso para los animalistas más estrictos.
Gerald Durrell
Hermano del famoso novelista Lawrence Durrell, autor de El cuarteto de Alejandría, Gerald Durrell publicó 26 libros autobiográficos que abarcan desde su niñez en la isla de Corfú (My family and other animals, su obra más famosa) hasta relatos de sus viajes en busca de animales, sus andanzas para fundar el zoo de Jersey, o sus expediciones para rodar documentales sobre animales en lugares exóticos de la Tierra.
Y ahora, la anécdota prometida, extraída del libro The drunken forest (1956):
En 1954 Gerald Durrell organizó una expedición al Paraguay para recolectar animales para zoológicos. Después de varias semanas en las selvas del Chaco, había reunido una buena colección, alojada provisionalmente en jaulas pequeñas, cuando tuvo lugar el golpe de estado del general Alfredo Stroessner, que fue dictador del Paraguay durante 35 años. Durrell recibió el aviso de que la situación en el país hacía aconsejable y urgente su evacuación, y en consecuencia se le prometió enviarle un avión pequeño que le recogería en la selva, junto con su equipo, para trasladarle a la Argentina. Naturalmente, tenía que renunciar a llevarse los animales que había recolectado, salvo un puñado de ellos, los más vulnerables, que tendrían que viajar sobre el regazo de Durrell y sus acompañantes.
Con gran pena, porque sus esfuerzos quedaban en nada, Durrell se vio obligado a devolver la libertad a casi todos sus animales. Y entonces ocurrió lo impensable: los reptiles, es cierto, abandonaron el campamento y penetraron en la selva lo más deprisa que pudieron. Las aves y los mamíferos, sin embargo, se negaron a marcharse. En esas pocas semanas se habían acostumbrado a la vida fácil de la cautividad, y durante varios días rodearon el campamento y persiguieron a todo el que aparecía ante su vista, esperando recibir comida. Les costó varios días convencerles de que no iban a darles nada, lo que les obligó al final a dispersarse por la selva para buscar por sí mismos su sustento.

¿Se sentían los animales de Durrell en una cárcel durante su cautiverio, como se habría sentido un ser humano en su lugar, y como afirman los animalistas? Permítanme que lo dude.

Manuel Alfonseca

19 comentarios:

  1. Francisco J. Garcia Alonso2 de junio de 2016, 2:43

    El artículo suscita en mi dos comentarios.
    El primero se refiere a que la naturaleza es en sí misma, y de forma simultánea, un hogar donde hemos de vivir y una amenaza que puede eliminarnos con gran facilidad. Nunca he entendido la reverencia entusiasta e incondicional a la naturaleza por parte de los ecologistas más furibundos . Me da la impresión de que la miran desde la óptica del humano avanzado que se ha librado de los principales peligros "naturales".
    El segundo comentario es de orden práctico. Gracias a la presión de los grupos ecologistas la peligrosidad de los nuevos productos químicos es, a veces, calculado y no experimentado en animales. El problema es complejo y no se puede simplificar, pero, al final, podría ocurrir que se introdujeran en el mercado algun producto químico sin suficientes garantías.

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  2. No entiendo, existiendo tantísimos estudios reales, este ejemplo específico que ni demuestra ni pinta gran cosa. Los «animalistas» (extraño nombre, como si sólo existieran de un tipo) no piensan que los animales sean iguales «al hombre» (sexista el término en falso neutro, aunque buuuueno), sino que son capaces de SENTIR. Nadie va a decir que un hurón sea capaz de componer una sinfonía, pero evidentemente un hurón tiene sistema nervioso y como tal sufre dolor, estrés y todo lo demás. Negar esto y usarlo como base para justificar cualquier barbaridad no tiene ya ningún sentido, existiendo la evidencia que existe.

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    1. Este artículo está escrito como reacción a las pegatinas "animalistas" que se ven en los faroles y que anuncian que "el zoo es una cárcel". En ningún sitio he dicho que los animales no puedan sentir dolor. ¿Qué barbaridades son las que dice usted que yo justifico? Señale alguna.

      En cuanto al supuesto "sexismo" de la palabra "hombre", le recuerdo que la primera acepción de esa palabra según el diccionario de la RAE es: "Ser animado racional, varón o mujer". Aunque a usted no le guste, seguiré utilizándola, porque no pienso caer en la dictadura y la censura asfixiante de la corrección política.

      En cuanto a su firma, le recomiendo que ponga cualquier nombre. "Anónimo" (que es la opción por defecto) no nos permite reconocernos en caso de futuros comentarios.

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  3. Excelente, Manuel. Supongo que esta reflexión viene inspirada por el triste suceso del niño y el gorila... Yo alucino, si me permites la expresión, con la incapacidad del ser humano (vamos a decirlo así para no molestar a los policías de la corrección política :-)) para mantenerse en un sano término medio. Tendemos al radicalismo de un modo que solo puedo calificar como "suicida". O estamos en un extremo o estamos en el otro y, muchas veces, nos vamos al extremo contrario solo con la intención de polarizarnos visiblemente, de distanciarnos lo más posible (y que se nos note mucho desde fuera, claro) de quienes consideramos nuestros "enemigos" ideológicamente hablando. Eso lo estamos viendo últimamente en muchos ámbitos, y es algo que se puede achacar tanto a las derechas como a las izquierdas, a los de arriba y a los de abajo. He visto a mujeres de extrema izquierda, fuertemente feministas, defendiendo el Islam a capa y espada, así como el "derecho" de la mujer musulmana a llevar el velo si lo desea y a bañarse en la piscina pública vestidas de negro y tapadas hasta las cejas... Si a alguien de la Iglesia se le ocurriera la peregrina idea de anunciar que la mujer debe ir completamente cubierta, estas mismas feministas se rasgarían las vestiduras (literalmente, ya sabes, muchas se quedan en paños menores para amenizar sus reivindicaciones con un poco de espectáculo :-)). ¿Por qué esta contradicción absurda? Pues porque muchos suponen -suponen, repito- que Islam es lo contrario de Catolocismo, el polo opuesto. Este concepto maniqueísta de lo religioso es un error de bulto a poco que lo pienses dos segundos seguidos, pero ellos creen que por defender el Islam están molestando a la Iglesia, que es, en el fondo, de lo único que se trata.

    No sé si me estoy explicando bien porque voy con prisas. En este tema de los animalistas, más de lo mismo. Yo siempre he sido amante de los animales, ya lo era cuando no estaba "de moda" :-)que era cuando de verdad te la jugabas. En los setenta, los críos de mi barrio jugaban a matar gorriones con el tirachinas (ganaba el que mataba más), mientras yo llenaba mi casa de pajarillos heridos para curarlos. Los chiquillos también mataban a pedradas a los gatos y perros callejeros por pura diversión... Nadie se lo impedía. Mi hermano y yo éramos los tontos del pueblo porque defendíamos a los animales. Dos auténticos frikis.

    ¿Qué pasa hoy? Pues sí, justo el extremo opuesto. 700.000 firmas recogidas para exigir que se tomen medidas legales contra la madre del crío, que igual no se asustó ya lo suficiente cuando el niño se le cayó al foso de un animal potencialmente peligroso, y hay que darle un disgustillo más a la mujer, castigarla más. Da igual que la mujer sufriera entonces con el suceso y sufra después con la oleada de insultos que le han caído por un descuido que le puede pasar a cualquiera. Que la mujer "sufra" es lo de menos. Lo importante es que "no sufran" los gorilas, las focas monje, los berberechos y los mejillones de las Rías Bajas. Si el gorila, sobresaltado por el pinchazo del dardo tranquilizante, le arranca la cabeza al crío en los cuatro minutos que tarda el sedante en hacer efecto, pues nada, mala suerte. Pero lo importante -por lo que parece- es que niños hay muchos y gorilas de espalda plateada pocos...

    Por lo visto, Manuel, solo podemos ser salvajes. En un extremo o en el otro, pero salvajes. Debe haber algún aviso de "prohibido aparcar" en la vía intermedia.

    Perdón por la extensión, un abrazo y saludos a todos tus comentaristas y... ejem, "comentaristos" ;-)

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    1. Pues no, no me lo inspiró el suceso del niño y el gorila, yo lo había escrito antes, pero a veces la realidad (que es más sorprendente que la ficción) nos proporciona coincidencias inesperadas. Cuando en una novela encontramos coincidencias, pensamos que "esto en la realidad no pasa", pero sí que pasa, lo sé por experiencia.

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    2. Ay, perdón, entonces, por todo el rollo que te he metido con el gorila... La coincidencia, desde luego, es asombrosa. ¿Se tratará de una de esas "sincronicidades" de las que hablaba Jung? :-) ¿Quién sabe? Un abrazo.

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  4. Fuerte lo que sucedió con el niño y el gorila, me gustaría escuchar la versión de los padres y testigos para saber que ocurrió realmente.

    Me dio risa lo de "sexismo" por usar la palabra "hombre#. Me recuerda una discusión sobre la "cuerpa", esta "palabra" era utilizada por una lesbiana feminista que argumentaba la evolución y cambio del lenguaje español para justificar su uso, comparándola con el cambio de la "V" por la "U". Temo el día en que tengamos que usar la "X" o el "@" para ser socialmente aceptados.

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  5. Yo me considero muy espiritualista, pero considero que el hombre es un Animal más, y que la diferencia está en el grado de evolución de cada especie e individuo(la evolución la considero en su doble carácter, evolución material y evolución espiritual. Muchos espiritualistas creemos en la evolución de las almas a través y en sucesivos cuerpos y entendemos que los animales encarnan espíritus todavía muy primitivos, pero que algún día, en futuro muy lejano, podrán estar incorporados a seres humanos. Los pitagóricos (500 a.C.) ya defendían toda forma de vida e incluso practicaban una dieta vegetariana (no por cuestiones nutricionales, sino por criterios espirituales). En general respeto todas las opiniones, pero la mía es que un ser humano que aprecia y respeta la vida de otros seres, es más humano del que no lo hace.

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  6. La anécdota de Durrell me recuerda el debate clásico entre libertad y seguridad, que no siempre se ha decantado por la libertad. En cuanto a lo demás, no soy un idealista y dudo que el gorila habría tenido tantos reparos si hubiera considerado su existencia amenazada.

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  7. Finamente irónico... me ha gustado.
    Creo que se encuadra en la noción de "naturaleza Walt Disney" que detecto en mucha gente. Mi frase preferida: "yo quisiera ser civilizado como los animales..." Tela
    Saludos

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  8. Buen artículo doctor, por curiosidad me gustaría escuchar su opinión sobre las corridad de toros.

    Haciendo un paréntesis, no sé como les vaya en España, pero a algunos en México nos tocó (nos obligaron) a leer esta cosa para ser más "incluyentes".
    http://www.ciidet.edu.mx/ciidet/documentos/meg/MANUAL_USONOSEXISTA.pdf
    Gracias jefe de gobierno....

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    1. Ya que me pregunta, le diré que nunca me han gustado las corridas de toros. Nunca me ha gustado que se haga daño a los animales. A mis hijos les enseñé que no se debe matar alegremente a los insectos (a los mosquitos sí, porque eso es defensa propia).

      En España también estamos dominados por la ideología de género, a la que considero una forma asfixiante de control del hombre por algunos hombres, eso de lo que C.S.Lewis habló en su libro La abolición del hombre, y que Ray Bradbury predijo en su novela Fahrenheit 451. Hablé de ello en otro artículo de este blog: http://divulciencia.blogspot.com/2014/07/la-prediccion-del-futuro-social-y-la.html

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  9. Vean este enlace:
    https://porelfindeloszoosyacuarios.wordpress.com/

    Contra esto es contra lo que se dirige mi artículo. Observen que los convocantes son la Asamblea Antiespecista de Madrid. Es decir, gentes que sostienen que el hombre es una especie más, idéntica a cualquier otra especie. Contra esto se dirigía mi artículo ¿Es el hombre un animal más?

    Los antiespecistas no se dan cuenta de que su propia postura les hace caer en contradicción. Aparte del hombre, ¿hay alguna otra especie que se plantee su responsabilidad moral con respecto a otras especies? No. Luego no somos una especie más, somos únicos.

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  10. Interesante deficiencia de empirismo y comprensión lectora para alguien que promulga la divulgación científica. Ninguna persona antiespecista sostiene que la especie humana sea "idéntica" a cualquier otra especie, sino que sus diferencias no le hacen superior. El hecho de "elevar" a los demás animales al nivel humano no se hace "sin darse cuenta". Es un cuestionamiento consciente y basado en hechos demostrables de todos los argumentos arbitrarios e infundados de las jerarquías que crea tu prejuicio especista.
    La idea de antropomorfismo carece de todo empirismo también, es un término basado en el antropocentrismo político y cultural que existe sólo para crear un abismo entre el ser humano y los demás animales, para seguir justificando impunemente su explotación. La ciencia lo utiliza ahora igual que en su día lo utilizó la Iglesia, por pura fe. Se acepta sin cuestionarla igual que en su día se aceptó la eugenesia y la jerarquía racial.
    El grado de inteligencia racional del ser humano no es ni más ni menos importante que la capacidad de un murciélago de ver en la escuridad. somos diferentes y ya está; pero hay cosas que nos igualan, científicamente demostradas, como la capacidad de sentir.
    Frente a tu relato del secuestrador Gerard Durel, más que sospechoso, existen cientos de pruebas de fugas, ataques, zoocosis y suicidios de animales en zoológicos, exactamente igual que en cualquier otra cárcel.
    Me gustaría saber si has leído realmente el blog que citas, y si eres capaz de rebatir con argumentos (en lugar de prejuicios) lo que en él se explica.

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    1. Me pide argumentos. Aquí tiene alguno. En el blog en cuestión dice esto:

      Algunos animales pueden ver en la oscuridad. Otros son ciegos y se comunican a través del tacto, o se guían a través del olor. Algunos pueden volar. Otros corren a gran velocidad o son capaces de nadar contra fuertes corrientes. Algunos pueden utilizar herramientas. Otros saben hacia dónde tienen que ir nada más nacer, sin que nadie se lo explique. No existe ninguna razón para argumentar que algunas de estas capacidades sean superiores a otras, al igual que no hay razones para pensar que la especie humana es superior a las demás especies. Sencillamente, nuestras capacidades nos hacen especiales y diferentes entre nosotras.

      Veamos la comparación con la especie humana:

      1. Algunos animales pueden ver en la oscuridad. Nosotros podemos ver en la oscuridad mejor que ellos, gracias a las gafas de infrarrojos y otros procedimientos tecnológicos.

      2. Otros son ciegos y se comunican a través del tacto. Nuestros ciegos son capaces de leer, comunicarse e integrarse en la sociedad a través del tacto (braille) y por otros muchos medios.

      3. Algunos pueden volar. Nosotros podemos volar mucho más alto y más deprisa que ellos.

      4. Otros corren a gran velocidad. El guepardo, por ejemplo, alcanza los 110 km/h. El hombre, en cambio, sólo alcanza 25.000 km/h.

      5. Otros saben dónde ir sin que nadie se lo explique. Cierto. En el hombre esto no es necesario, porque nuestro sistema social lo compensa proveyendo con creces el cuidado de los pequeños, lo que deja su cerebro libre para poder aprender.

      5. Cita usted los murciélagos, que más que ver en la oscuridad, utilizan un sistema de ecolocalización (sonar) para orientarse en esas condiciones. El hombre también es capaz de utilizar esos sistemas, mucho más potentes, pues alcanzan distancias interplanetarias, cosa que ningún murciélago ha hecho jamás.

      No han demostrado ustedes que ninguna especie sea superior al hombre en alguna actividad. Por el contrario, el hombre, con su tecnología, supera a todas las demás especies. Esa superioridad, además, puede cuantificarse (como he hecho en el punto 4).

      Hay otras dos diferencias esenciales que vuelvo a repetir (están ya indicadas en el artículo de mi blog cuyo enlace puse más arriba): el hombre es la única especie que se dedica a estudiar a otras especies, y la única que se ha planteado su responsabilidad moral hacia otras especies.

      Por mucho que ustedes se empeñen, el hombre es una especie única, no en un solo sentido, sino en todos.

      Llama usted "secuestrador" a Gerald Durrell (por cierto, podría usted escribir bien su nombre). Interesante muestra de antropomorfismo... Ha de saber usted que Durrell ha sido siempre un defensor de los animales. Lea usted su libro "Encounters with animals" y verá cómo los defiende.

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  11. ¡¡¡¡Jajajajaja!!!! ¿Qué parte de "sí, somos diferentes, pero eso no demuestra que seamos superiores" no has entendido? Todas las especies son únicas, claro. Los individuos que las integran son únicos, más bien.
    No se pide demostrar que somos diferentes, se pide un argumento científico que explique por qué la especie humana es "superior" a las demás. Porque hay muchos seres humanos que no pueden diseñar, pilotar e incluso montar en avión. ¿Les hace eso inferiores a otros seres humanos? Según tu fórmula, sí.
    Entonces, según tu brillante fórmula científca de la superioridad, tenemos también derecho a encerrar en zoológicos a bebés humanos, personas con capacidades cognitivas limitadas, e incluso a la gente con fobia a volar.
    La idea de antropomorfismo sólo puede ser concebida desde la creencia infundada e indemostrable de que la humanidad es superior. Para alguien que no se erige en jerarca de la naturaleza por mandato divino, valorar por igual una injusticia independientemente de la especie de quien la sufra se llama, sencillamente, igualdad.

    Por suerte algún día (no muy lejano) la comundidad científica se llevará las manos a la cabeza y se avergonzará de los absurdos postulados antropocéntricos como los tuyos. Una gran parte ya lo hace, de hecho.

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    1. Parece que es usted el que no entiende. No es que yo no haya entendido su mantra: sí, somos diferentes, pero eso no demuestra que seamos superiores, sino que lo niego. Ya le he demostrado que somos superiores, aunque usted no lo haya visto.

      En efecto, gracias a la tecnología (que es una parte de lo que es el hombre como especie), el hombre está en condiciones de superar a cualquier otra especie en aquello en que esa especie había sido superior. Luego el hombre es superior a todas las especies.

      ¿Está más claro ahora? El problema no es que no les entienda, sino que niego lo que ustedes dicen.

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    2. Suponiendo, que el anónimo tenga razón y que seamos "iguales" a las otras especies ¿Por qué deberíamos respetarlas? ¿Acaso no satisfacemos las necesidades de nuestra especie al eliminar a otras de la misma forma que un oso mata para alimentarse?

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    3. Sí, esto es lo que yo quería decir cuando escribí que "el hombre es la única especie que se ha planteado su responsabilidad moral hacia otras especies". Los animalistas no se dan cuenta de que su propia existencia es una prueba de que el hombre no es un animal más.

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