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En un artículo anterior titulado Paul
Davies, divulgador científico, mencioné los dos problemas
difíciles de la ciencia moderna (hard problems), así llamados porque después
de varios siglos tratando de resolverlos, y aunque se han producido avances
considerables, a medida que vamos avanzando, la solución de esos problemas
parece alejarse, en un caso paradigmático del efecto horizonte, del que hablé en otro
artículo de este blog con ese mismo título. Esos problemas son: por un
lado, el origen de la vida, y por otro el origen del libre albedrío, que a veces se identifica
con el problema de la consciencia, aunque ambas cosas no son exactamente iguales,
pero sí están muy relacionadas. En este artículo voy a hablar del primer problema.
El próximo estará dedicado al segundo.
El problema del origen de la vida no es un problema científico. Es un problema histórico. Ocurrió una sola vez en la historia de nuestro planeta, y es imposible reproducirlo, por lo que no está al alcance de las ciencias experimentales. Incluso aunque consiguiéramos fabricar vida sintética (no confundir con la vida artificial, que es una rama de la informática), no sabríamos si esa forma de generar vida fue la misma que tuvo lugar poco después del origen de la Tierra como planeta.
