| Elizabeth Anscombe |
San Anselmo de Canterbury propuso en 1078 una
demostración de la existencia de Dios en su obra Proslogion, que ha dado lugar a diversas
versiones que intentaban mejorarla (usualmente sin éxito) y a intentos de
echarla abajo, y aún hoy sigue provocando la atención de los filósofos y
correcciones a su traducción. Este es el argumento de San Anselmo, que
originalmente estaba en latín, y que suele traducirse así:
i. Aquello
de lo que nada más grande puede concebirse existe, al menos, en la mente del
necio que dice que no existe.
ii. Si
aquello de lo que nada más grande puede concebirse solo existe en la mente,
puede pensarse que también exista en la realidad, lo que es más grande.
iii. Por
lo tanto, si aquello de lo que nada más grande puede concebirse solo existe en
la mente, es aquello de lo que algo más grande puede concebirse.
iv. Pero
es una contradicción decir que aquello de lo que nada más grande puede
concebirse es aquello de lo que algo más grande puede concebirse.
[Contradicción]
v. Por lo tanto, aquello de lo que nada más grande puede concebirse existe tanto en la realidad como en la mente.