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| Aristóteles |
Las publicaciones filosóficas y científicas de Aristóteles se perdieron para el Occidente europeo durante siglos y fueron redescubiertas a través de traducciones árabes. Su descubrimiento dio lugar a la aparición de una corriente filosófica europea occidental, la escolástica, con figuras tan señeras como Alberto Magno, Tomás de Aquino, Duns Scoto, Guillermo de Ockham, Jean Buridan, Alberto de Sajonia, Nicolás Oresme, Gregorio de Rímini y muchos otros.
Voy a recordar aquí un curioso debate que tuvo
lugar entre los escolásticos entre los siglos XII y XIV, que quizá hoy nos
parezca inútil, pero que en su época tuvo bastante importancia. Para quien
quiera conocer a fondo todos los detalles del debate, recomiendo el libro Le
Système du Monde de Pierre Duhem, volumen VII.
El origen del debate fue la detección de un problema de incompatibilidad entre dos afirmaciones de Aristóteles:
1.
La existencia real (en acto) de infinitos objetos distintos unos de
otros, es imposible. Sí puede haber infinitos objetos en potencia, como los
números enteros, a los que siempre pueden añadirse nuevos elementos, pero nunca
tendremos juntos infinitos elementos en el mismo instante.
2.
El mundo dura desde siempre, tiene tamaño finito y siempre ha sido
igual.
Estas afirmaciones se contradicen con la
inmortalidad del alma, porque si el mundo tiene duración infinita y siempre ha
sido igual (afirmación 2) habría infinitas almas individuales separadas del
cuerpo (en acto, no en potencia), lo que provocaría una contradicción con la
afirmación 1.
Soluciones:
·
Aristóteles no intentó resolverlo, porque no se planteó el
problema.
·
De los estoicos y los materialistas: El alma humana muere con el
cuerpo. No hay infinitas almas sin cuerpo.
·
De los neoplatónicos: La reencarnación; el número
de almas es finito, aunque el tiempo sea infinito. Se van reencarnado una y
otra vez.
·
De Averroes: Después de la muerte, el alma
humana se funde en una inteligencia única, común a toda la humanidad. No hay
infinitas almas, solo hay una.
·
De Avicena: Niega que la afirmación 1 se
aplique a seres no materiales, que no ocupan lugar en el espacio. Luego no se
aplicaría a las almas, que sí podrían existir simultáneamente en número
infinito.
·
De Al Gazali: Niega la afirmación 2. El
mundo no dura desde siempre. Luego no hay infinitas almas.
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| Santo Tomás de Aquino |
La última debería ser también la conclusión de los
escolásticos, pero se empeñaron en separar la razón de la fe y se negaron a utilizar
la razón para llegar a la conclusión de que el mundo pueda no tener duración
infinita. Tomás de Aquino intentó salvar la afirmación 2 de Aristóteles cuando
dijo esto:
1.
creatio ex nihilo (la creación a partir de la nada) se puede
probar por la razón
2.
creatio originis, que el universo haya tenido origen en un instante
inicial, es decir, que la duración del tiempo no sea infinita, es cuestión de
fe, no de razón. Como Aristóteles no tenía fe, solo por la razón no pudo llegar
a esa conclusión, con lo cual Aquino salvaba la autoridad de Aristóteles.
Me pregunto qué diría Tomás de Aquino si hubiera
conocido la teoría del Big Bang, o el segundo principio de la termodinámica, que
sugieren (aunque no demuestren) que el universo tuvo principio. Por lo tanto, la
cuestión del origen del universo sería también cuestión de razón, no solo de
fe, y el problema de la infinidad de almas no se plantearía. Pero ahora casi
nadie intenta salvar la autoridad de Aristóteles.
Es curioso que en el Islam, que también cree que el
universo fue creado en un momento dado y no tiene duración infinita, hayan
surgido personalidades como Averroes o Avicena, que también intentaron salvar
la autoridad de Aristóteles a pesar de que su religión les induce a negar que
el universo haya tenido duración infinita, lo que resuelve el problema.
Tampoco se plantearía el problema en el caso del dualismo
neurofisiológico al estilo de Eccles, pues el alma no existiría separada
del cuerpo. Esto es compatible con la interpretación de Joseph Ratzinger, quien
en su libro Introducción al Cristianismo señala que la “resurrección
de la carne” se refiere a la resurrección de la persona, cuerpo y alma.



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