![]() |
| Georges Lemaître |
Durante los años 50 entraron en competencia dos teorías cosmológicas contrapuestas: la del Big Bang, propuesta por Georges Lemaître, y la del estado estacionario, propuesta por Hermann Bondi y Thomas Gold. Aunque la segunda tenía que renunciar al principio de la conservación de la energía, el más sagrado de la física, los cosmólogos ateos la preferían al Big Bang, porque les parecía que esta última teoría exigía aceptar la creación por parte de Dios. En palabras del astrónomo inglés Raymond Littleton, en su libro de divulgación The Modern Universe (1956):
Una teoría como esta [el Big Bang]
que remonta la creación a un instante singular en el pasado remoto... para
algunas mentes, es una objeción que implicaría eliminar del ámbito de la
ciencia la cuestión del origen del material del universo... Esta consideración
no significa, por supuesto, que la teoría de la explosión sea necesariamente
errónea, pero pone el acto de la creación, como podríamos llamarlo, fuera del
alcance de la ciencia.
Con otras palabras: Raymond
Littleton pone objeciones a la teoría del Big Bang porque podría forzarnos a
reconocer la existencia de un Dios creador. No se puede decir más claro.



