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En diversos artículos de este blog he hablado sobre
el determinismo, siempre en contra. Por ejemplo, en el artículo titulado La debacle del materialismo mencioné los tres ataques demoledores que ha sufrido el
determinismo durante el siglo XX: el principio de incertidumbre de Heisenberg (para el que sería mejor
utilizar el nombre que Heisenberg propuso inicialmente: principio
de indeterminación); la teoría del caos; y la
interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica.
El capítulo 7 del libro Agentes libres (Free
agents) de
Kevin Mitchell, se titula como este artículo el futuro no está escrito (The future is
not written), y analiza el determinismo, pero no habla de un solo determinismo,
sino de tres, y va considerando cada uno de ellos en capítulos sucesivos.
¿Cuáles son esos tres determinismos?
1. Predeterminismo físico: la idea de que sólo existe una línea del tiempo posible. O sea, que el futuro está totalmente determinado por el pasado. Que la historia total del universo está predeterminada desde el principio. Que nada de lo que va ocurriendo podría haber ocurrido de otro modo.
2.
Determinismo causal: la idea de que todo suceso tiene
una causa y lo causan sucesos precedentes. Es sutilmente diferente y algo menos
exigente que el caso anterior.
3.
Determinismo biológico: la idea de que las
decisiones que toman los seres vivos están determinadas por su estado
bioquímico o por la configuración de su sistema nervioso. Que somos marionetas
a merced de nuestra biología.
El predeterminismo físico va asociado al
reduccionismo, y casi siempre a la teoría filosófica llamada Tiempo B,
que sostiene que el tiempo es una dimensión más del universo y que, al igual
que el espacio, todos los tiempos (pasado, presente y futuro) existen
simultáneamente. Que no hay una dirección del tiempo (del pasado hacia el
futuro pasando por el presente), pues todas las ecuaciones físicas son
reversibles (siguen siendo válidas si sustituimos t por -t). Esta última
afirmación es falsa, pues una de las teorías físicas fundamentales (el segundo
principio de la termodinámica) no es reversible, y es palpable su influencia en
la existencia de muchos procesos
irreversibles.
| Pierre-Simon Laplace |
Einstein (como Laplace, un siglo antes) era firme
creyente en el predeterminismo físico, lo que le llevó a adoptar la teoría filosófica
del Tiempo B y a afirmar que el transcurrir del tiempo es una ilusión. También
creía en la reversibilidad de la física, porque sus ecuaciones de la
relatividad general parecen reversibles a primera vista, a pesar de que
implican soluciones irreversibles como el Big Bang y los agujeros negros. Por eso se opuso con todas
sus fuerzas a la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, que
rompía el determinismo, y trató por todos los medios de refutarla, sin
conseguirlo. Al hacerlo, Einstein dejó que sus presuposiciones filosóficas se
inmiscuyeran en sus trabajos científicos, aunque hay que reconocer que sus
intentos para echar abajo la interpretación de Copenhague fueron
científicamente muy productivos, pues su fracaso sirvió para reafirmarla y, por
tanto, contribuyó al progreso de la física.
En cuanto al determinismo causal (todo
efecto precisa de una causa) y su posible incompatibilidad con el libre
albedrío, la mecánica cuántica señala que hay sucesos (los colapsos cuánticos)
que no están totalmente determinados por la situación precedente.
La ciencia occidental considera únicamente las causas
eficientes de Aristóteles, despreciando las causas finales, que son compatibles con el libre albedrío.
Mitchell señala que el estudio de las causas eficientes sólo puede responder a
preguntas encabezadas por el adverbio cómo, mientras que el de las causas finales responde a
preguntas del tipo por qué. Y que la desconfianza de muchos científicos hacia
las causas finales se debe a que temen que, si se admite que los propósitos
influyen, se arriesgan a introducir a Dios en el sistema. A esto, Mitchell
aduce que, aunque el universo no tuviera propósito,
los organismos vivos ciertamente lo tienen. De hecho, esa es la característica
que los define.
Finalmente, Mitchell rechaza también el
determinismo biológico y realza el papel de la información y, sobre todo, su significado, que da a los agentes poder causal en el mundo: Los
pensamientos no son sólo patrones de actividad neuronal: son patrones que
significan algo. El crecimiento de la información disponible a lo largo del tiempo es
resultado de la evolución y de la selección natural, como yo también he
señalado en mi libro El Quinto Nivel de la Evolución y en estos dos artículos de
mi blog: Evolución
y progreso, y El
origen de los eucariotas.
En relación con la consciencia hay dos tipos de
reduccionismo: el estricto, que afirma que todo está decidido por las
propiedades de las partículas elementales; y el neuronal, según el cual es el
funcionamiento de las neuronas el que lo explica todo. En el capítulo 6 de su
libro, Mitchell se opone al reduccionismo neuronal con estas palabras:
En
sentido holístico, los circuitos neuronales del organismo no deciden; el
organismo decide. No es una máquina que procesa datos para producir resultados.
Es un ser integrado que decide qué hacer, basándose en sus propias razones.
Estas razones se derivan del significado de toda la información disponible para
el organismo, fundamentada en su experiencia pasada y utilizada para imaginar
futuros posibles. El proceso se apoya en mecanismos físicos, pero no es
correcto pensar que se reduce a ellos. Lo que hace el sistema no debe
identificarse con cómo lo hace. Estos mecanismos, en su conjunto, conforman un
ser, y es el ser quien decide.
La filosofía de Mitchell es el monismo
emergentista, con el que no estoy de acuerdo, aunque coincido con él en su
ataque contra el monismo reduccionista, que está muy bien documentado. En cambio,
estoy más de acuerdo con su idea del tiempo, una forma de la teoría
A que define el presente como el intervalo durante el cual la indefinición
del futuro se fija, se vuelve definida y se transforma en pasado, pues afirma
que un instante aislado en el tiempo no puede existir. En consecuencia, si el
futuro no está escrito, el pasado sí lo está.
Y yo añado: esta visión del tiempo, en la que el
futuro no está escrito, cuadra con la idea cristiana de la eficacia de la
oración, y con el
segundo mensaje de Fátima: Si se hace lo que os voy a decir, se
salvarán muchas almas y tendréis paz. Como no se hizo, tuvimos la Segunda Guerra
Mundial.
En el próximo artículo explicaré cómo aplica Mitchell sus ideas a la inteligencia artificial.
Hilo Temático sobre Inteligencia Natural y Artificial: Anterior Siguiente
Manuel Alfonseca


Me ha encantado el artículo, Manuel. Muy interesante. Me quedo con ganas de leer el libro. Lo poco que sé del monismo emergentista tampoco termina de convencerme, pero me queda la duda de cuál es la teoría a la que usted se adscribe.
ResponderEliminarDos preguntas más:
- ¿La irreversibilidad de los procesos termodinámicos no es estadística? Es decir, que un proceso irreversible se revierta sería sumamente improbable, pero no imposible en sentido estricto, ¿no? Y en todo caso, la relación de entre la reversibilidad y el determinismo iría sólo en un sentido, ¿no? Es decir, si todo proceso es reversible, las cosas sólo pueden haber pasado de una manera, y por tanto todo estaba determinado (no hay lugar para las acciones libres). Pero a la inversa no: cabe imaginar un sistema determinista donde se colapse la información, es decir, donde se pudiera llegar al mismo estado del universo por diferentes caminos. De hecho, esta no conservación de la información resulta muy intuitiva, pues de lo contrario tendríamos que admitir que, por ejemplo, en las cenizas y el humo de una habitación "está" todo el contenido de un libro que acaba de arder.
- Con respecto a la oración, a mí, que soy cristiano, siempre me ha costado entender "el mecanismo": si Dios está fuera del tiempo, y ve las cosas desde la Eternidad y desde ella establece sus designios, ¿cómo puede responder a nuestras oraciones e intervenir puntualmente en nuestra temporalidad? Una vez leí, no recuerdo la fuente, que es debido a que sus designios providentes tienen en cuenta nuestras oraciones presentes y futuras, pues para Él todos los instantes temporales están presentes, y es por eso por lo que incluso podemos rezar por cosas ya pasadas, pues Dios habría tenido en cuenta en el pasado nuestras oraciones. No me parece una mala explicación, pero me gustaría saber de qué manera entiende usted la acción de Dios en respuesta a las oraciones.
Gracias!
Contesto a sus preguntas:
Eliminar- Como Ratzinger, me adscribo al dualismo no cartesiano, que afirma que alma y cuerpo son inseparables, y que la resurrección de la carne será la del hombre entero (véase Introducción al cristianismo.
- El segundo principio de la termodinámica es algo más que estadística. Es la constatación de que en todo sistema aislado la entropía (que mide el orden del sistema) siempre aumenta. En el artículo cuyo enlace puse en el artículo hablo de otros sucesos irreversibles. El colapso cuántico, por ejemplo. Al medir una propiedad de una partícula cuyo estado no está definido, esta colapsa en un valor, y no en el otro. En cambio, la operación de desmedir es imposible. Cuando se habla de conservación de la información en mecánica cuántica no se refiere a cualquier tipo de información (como en el caso del libro), sino a masa, carga eléctrica, y momento angular. Véase este artículo de mi blog: ¿Son calvos los agujeros negros?
- Del tema de la acción de Dios en el mundo (y por tanto de la eficacia de la oración) hablé con detalle en este artículo: La acción de Dios a la luz de la ciencia.