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| Friedrich Nietzsche |
Con la pérdida de impulso del cristianismo, han vuelto a surgir en Occidente concepciones cíclicas de la historia. Veamos cómo lo expresa Nietzsche en Así habló Zaratustra (III parte, 2,2), que sin embargo predijo la suplantación del hombre por el superhombre, y debería haber sido inmune a ello:
Y esa araña que se arrastra lentamente
a la luz de la luna, y esa misma luz lunar, y tú y yo, que estamos delante de
esta puerta charlando sobre cosas eternas, ¿no tenemos que haber existido ya
todos nosotros alguna vez? ¿Y no tenemos que venir de nuevo y recorrer esa otra
senda que se extiende ante nosotros hacia adelante, esa senda larga y horrible?
¿No tendremos que retornar eternamente?
Los cosmólogos ateos del siglo XX han expresado a menudo su preferencia por una cosmología cíclica, que en su opinión haría innecesario recurrir a Dios para explicar la existencia del universo. Aunque algunas de esas teorías (la cosmología estacionaria y la alternancia del Big Bang y el Big Crunch) no están de moda, gracias a los datos que tenemos sobre el origen y el futuro del universo, continuamente surgen otras teorías nuevas que las sustituyen.
¿Hay algún indicio de que
la ciencia moderna esté empezando a perder impulso? Veamos algunos síntomas:
·
La burocratización de la investigación: Aunque ahora hay más
investigadores que nunca, cada vez es más difícil calificar los resultados de
sus investigaciones. Se han introducido medidas como los índices h e i10, que
se calculan automáticamente, aunque es bastante fácil engañar a Google Scholar,
que las utiliza.
·
El impulso irrefrenable por publicar: Los investigadores se
sienten presionados para realizar el mayor número de publicaciones posible. A
menudo esto tiene la consecuencia de que los resultados de una investigación no
se publican juntos, sino divididos en varios artículos, lo que disminuye su
calidad y dificulta su comprensión.
·
El desplazamiento de la carga económica: Tradicionalmente, el
soporte económico de las publicaciones lo llevaban las editoriales de las
revistas científicas, que se resarcían cobrando a los lectores. En la
actualidad, con la imposición de la cultura del todo gratis,
muchas revistas exigen que los autores paguen para publicar sus artículos, con
lo que llegamos a la situación kafkiana de que los mismos investigadores a los
que se exige que publiquen muchos artículos se ven obligados a sufragarlos.
·
El constructivismo: Movimientos radicales sostienen que la
ciencia es una construcción social, determinada por la cultura en que ha
nacido, y proponen que el acervo científico sea destruido, para empezar de
nuevo bajo otros supuestos (cada movimiento propone los suyos). Algunos
ecologistas y animalistas radicales llegan hasta el punto de afirmar que la
desaparición del hombre sería beneficiosa para nuestro planeta. ¿Deberíamos
considerarlos traidores
a la especie humana?
·
La epistemología democrática: La idea de que el
principio fundamental de la democracia (el predominio de la opinión más
extendida) debe aplicarse a todas las ramas de la vida humana, incluida la
ciencia, puede tener consecuencias funestas para la actividad científica. En
ciencia lo que importa es la verdad, no el número de personas que opinan de
cierta manera.
·
Prevalencia de previsiones sobre experimentos: Muchos de los avances
que se anuncian suelen ser condicionales y contienen términos como podría o
es posible que… No son descubrimientos, son previsiones de
posibles hallazgos que se podrían realizar en el futuro. En un
artículo anterior describí 18 noticias divulgadas por la revista Science
News, que sólo en tres casos hablaban de descubrimientos genuinos. Los
otros 15 casos eran previsiones, de las que sólo dos se confirmaron en los
siete años posteriores a su anuncio, otra quedó desacreditada, y las 12
restantes siguieron en el limbo de las previsiones futuras no confirmadas.
·
Abandono de la investigación básica: Se da prioridad a las investigaciones que tienen
aplicaciones prácticas inmediatas, olvidando que la investigación básica hace
posibles avances tecnológicos y
científicos futuros a largo plazo. Al igual que en política, se observa una
tendencia a priorizar cuestiones científicas tácticas sobre las estratégicas.
La acción común de
periodistas y políticos ateos está intentando convencer a la población de que
la religión está desfasada, de que Dios no existe, y de que la ciencia nos
llevará muy pronto al paraíso, gracias al logro de la inmortalidad, la
inteligencia artificial y la biología sintética. Veremos si la ciencia consigue
cumplir esos objetivos, al menos en los plazos de pocas décadas, e incluso
pocos años, que se están anunciando. Si no lo hace, llevará indefectiblemente a
la desilusión y al descontento.
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Manuel Alfonseca

Estupenda entrada, una más, de Manuel Alfonseca. Muy buen menú de 7 síntomas (los siete son platos fuertes) de que “la ciencia moderna esté empezando a perder impulso”. Mi comentario es sobre uno de ellos: “La epistemología democrática” y la así llamadas en estos tiempos “crisis climática”.
ResponderEliminarLos defensores de que tal crisis está causada exclusivamente por la acción desmedida del hombre aducen en favor de su tesis que hay muchísimos más científicos que avalan tal opinión que los que la refutan. Y, llevados de esta creencia, culminan su alegato subrayando que dada esa mayoría, la idea de “crisis climática” tiene base científica.
Manuel dice, y dice bien, que “[e]n ciencia lo que importa es la verdad”. Y yo añado algo que, conocido, por supuesto, por Manuel, pero no por los ecologistas, viene muy a cuento: la verdad científica es siempre provisional, pendiente de que la Naturaleza la invalide. Ella es el árbitro, “no el número de personas que opinan de cierta manera”. Y es por eso por lo que la lucha contra el cambio climático carece, en este sentido, de base científica.
Cuando sostienes en foros ecologistas que lo que nos ocurre es que, como especie humana, nos produce pavor vernos obligados a hacer frente a situaciones cuya gestión no está únicamente en nuestras manos, entonces, o te increpan y llaman negacionista, o miran para otro lado.
Manuel , muchas gracias por el artículo. Como antiguo doctorando suyo, me ha resultado especialmente interesante esta reflexión. Comparto varios de los puntos que plantea, pero hay uno que siempre me ha preocupado: el impulso de publicar por publicar. A veces parece que la producción científica se mide más por la cantidad de artículos que por su profundidad, originalidad o contribución real al conocimiento. Esa presión puede llevar a fragmentar los resultados y a convertir la publicación en un fin en sí mismo, cuando debería ser una consecuencia natural de una investigación sólida.
ResponderEliminarCarlos Castañeda