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jueves, 16 de abril de 2026

¿Se puede cuantificar la historia?

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¿Es posible cuantificar la historia de la cultura? Pienso que muchos historiadores responderían negativamente a esta pregunta. Parece dominar el punto de vista de que los sucesos históricos son únicos e irrepetibles, y se suele reaccionar con extrema sospecha ante cualquier intento de descubrir leyes o recurrencias en este tipo de fenómenos. Bastará citar como ejemplo la reacción antagónica que despertaron obras como La decadencia de Occidente del filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, o Estudio de la Historia del historiador británico Arnold Joseph Toynbee, cuyas conclusiones, sin embargo, se basaban en análisis cualitativos. No es de extrañar, por tanto, que para buscar verdaderos cuantificadores de la historia haya que recurrir a autores cuya profesión no era la de historiador.

jueves, 8 de marzo de 2018

Cien años de La Decadencia de Occidente


Oswald Spengler
Se van a cumplir cien años desde la publicación en 1918 del primer volumen del libro La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler. El segundo volumen se publicó cinco años después, en 1923. En este libro se planteó por primera vez la idea de que nuestra afamada civilización Occidental está en decadencia. ¿Qué podemos decir al respecto cien años después?
El gran historiador del siglo XX, Arnold J. Toynbee, coincidió con Spengler en su idea fundamental, aunque no en los detalles. Para Toynbee, la civilización Occidental entró en colapso en el siglo XX, cuando las dos guerras mundiales mostraron su incapacidad para seguir enfrentándose a nuevos desafíos. Claro es que, para Toynbee, el colapso de una civilización no significa su desaparición, ni siquiera la preludia. Todavía tendríamos por delante –según él- unos cuantos siglos de lo que Toynbee llama Imperio Universal, ligados, eso sí, a cierto estancamiento cultural.
Lo primero que tenemos que reconocer es que, si Spengler logró detectar la decadencia de nuestra civilización, eso significa que dicha decadencia había empezado mucho antes. Los movimientos evolutivos, tanto los biológicos como los culturales, son imperceptibles al principio. Cuando se hacen visibles, están ya muy avanzados en su desarrollo.