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¿Es posible cuantificar la historia de la cultura? Pienso que muchos historiadores responderían negativamente a esta pregunta. Parece dominar el punto de vista de que los sucesos históricos son únicos e irrepetibles, y se suele reaccionar con extrema sospecha ante cualquier intento de descubrir leyes o recurrencias en este tipo de fenómenos. Bastará citar como ejemplo la reacción antagónica que despertaron obras como La decadencia de Occidente del filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, o Estudio de la Historia del historiador británico Arnold Joseph Toynbee, cuyas conclusiones, sin embargo, se basaban en análisis cualitativos. No es de extrañar, por tanto, que para buscar verdaderos cuantificadores de la historia haya que recurrir a autores cuya profesión no era la de historiador.
El primer intento importante de análisis
cuantitativo de los fenómenos históricos fue emprendido por el sociólogo de
origen ruso y nacionalidad estadounidense Pitirim A. Sorokin. En su obra
monumental Dinámica social y cultural realizó
un estudio cuantitativo sobre la historia del pensamiento greco-romano y
occidental con el objetivo de analizar la evolución de las formas de
pensamiento a lo largo de los siglos, para descubrir si existen uniformidades
discernibles y se puede responder a estas preguntas: ¿Es posible discernir un
aumento sistemático de algún desarrollo histórico, como sostienen Marx, Comte y
otros autores? ¿O, por el contrario, se producen alternancias cíclicas? ¿Pueden
detectarse patrones de sucesión entre escuelas filosóficas tradicionalmente
enfrentadas: idealismo y materialismo; realismo y nominalismo; determinismo e
indeterminismo? Pero el estudio de Sorokin resulta incompleto, pues analiza tan
sólo dos actividades, la filosofía y la ciencia, y no las distingue entre sí (todos
son, simplemente, pensadores).
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| Alfred L. Kroeber |
El segundo intento de cuantificación de la cultura se
debe a A.L. Kroeber, antropólogo estadounidense que en su libro Configuraciones del crecimiento de las culturas trató
de demostrar que los genios nunca nacen solos. Kroeber piensa que los
movimientos culturales no se distribuyen en el tiempo de forma arbitraria, sino
que quienes los llevan a la práctica se arrastran unos a otros por imitación o
emulación, crean un ambiente cultural y forman configuraciones o
agrupaciones de individuos que nacen aproximadamente en la misma época y
cultivan la misma actividad cultural. En apoyo de esta tesis, Kroeber analizó
varios miles de nombres de personajes históricos pertenecientes a las
civilizaciones egipcia, mesopotámica, india, china, japonesa, mesoamericana, islámica,
hebrea, griega, romana, bizantina y occidental. Los ámbitos culturales
considerados fueron la filosofía, la ciencia, la filología, la literatura y el
drama, la pintura, la escultura y la música. Pero el análisis de Kroeber es
poco cuantitativo. Clasifica a los autores objeto de su estudio en tres
categorías: cumbres culturales (señalados con dos asteriscos); autores
importantes (un asterisco); y los demás (sin asteriscos).
Acabo de publicar un libro en el que abordo con
detalle la cuantificación de la historia. Se titula La cuantificación de la historia y el futuro de Occidente. Escribí la primera versión
hace mucho tiempo (en 1985). En 1996, utilicé los estudios realizados para el
campo de la ciencia en la introducción de mi diccionario Espasa 1.000
grandes científicos. En 2014 lo amplié y lo puse al día, porque una editorial se declaró
dispuesta a publicarlo, aunque en el último momento canceló el contrato,
aduciendo que mis ideas no coincidían con las suyas (supongo que porque soy
contrario al aborto provocado). Hablé de esto en otro
artículo. Ahora, casi 12 años después, lo he publicado en Amazon, en
versión española e inglesa.
Los estudios que presento en el libro abarcan casi
tres mil años de la historia de la civilización greco-romana y occidental en cinco
campos de actividad: ciencia, filosofía, literatura, artes plásticas y música. Es un análisis biográfico,
en el que cada campo está representado por sus cultivadores, de los que he
anotado las fechas de nacimiento, florecimiento y muerte (si se conocen), así
como su nacionalidad.
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| Pitirim Sorokin |
Cada personaje histórico ha recibido una
calificación cuantitativa representada por un número comprendido entre cero y
diez (ocho para los científicos), calculado en función del número de líneas
dedicadas a cada autor por los textos o enciclopedias que me han servido de
base para realizar el estudio. Los criterios han variado en función del campo
de actividad concreto y de las fuentes de información utilizadas, que
lógicamente no son siempre las mismas. Dado que las enciclopedias mencionan un
número enorme de individuos, que crece exponencialmente a medida que disminuye
la puntuación (hay muchos menos creadores excelentes que buenos, y muchos menos
buenos que medianos) he sometido los resultados a un proceso de criba,
eliminando a los que queden por debajo de cierto umbral, dependiente del campo
de actividad. En el caso de la civilización occidental, los mismos datos se han
sometido a veces a varios umbrales diferentes para normalizarlos y facilitar la
comparación con la civilización greco-romana.
El paso siguiente consistió en dividir tres mil
años de historia en intervalos de duración razonable. Aquí consideré la
posibilidad de utilizar el siglo, el medio siglo o el cuarto de siglo. He usado poco el cuarto de siglo por ser demasiado pequeño, porque el período de creatividad
de una persona rebasa con frecuencia esta duración, por lo que no resulta fácil
asignar a cada personaje un cuarto de siglo único. Por lo tanto, en general utilicé
el siglo y el medio siglo, en función del número de datos disponibles.
Aunque no soy historiador, no es la primera vez que me introduzco en el
campo de la historia en mis libros de divulgación. En 1979 se publicó mi libro Human cultures and evolution (Vantage Press, New York), y en 2017 Evolución biológica y evolución cultural en la historia de la vida y del
hombre (CEU Ediciones,
Madrid). Dado que mis dos grandes predecesores tampoco eran historiadores, y
han establecido un precedente, considero justificado meterme en este campo.
En los dos artículos sucesivos daré algunas muestras de los resultados de este
análisis.
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Manuel Alfonseca



Según el diccionario de la lengua española de la RAE, “polímata” viene del latín moderto polymathes 'que sabe mucho', y este del griego πολυμαθής polymathḗs: “Persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas”. Por ejemplo, Manuel Alfonseca. Además del citado “Human cultures and evolution”, tengo un ejemplar de su libro “El futuro de la evolución” (Editorial Alambra, Madrid, 1985). Ambos engrosan mi modesta colección de libros dedicado por sus autores. De estos dos de Manuel me siento especialmente orgulloso.
ResponderEliminarMuchas gracias, Felipe.
EliminarLa materia oscura podría estar conformada de los agujeros negros de otro universo, sugiere un estudio | WIRED https://share.google/bcwgG0OgbYHTbBSx2
ResponderEliminarYa lo había leído. Pero no serían de otros universos, sino de este, "antes del Big Bang". Otra idea loca de los físicos, parecida a los multiversos. Hablé de esto en otros artículos: ¿Está perdiendo la física el contacto con la realidad? ¿Ciencia patológica, ciencia ilusa o ciencia irónica?
EliminarCuando cada vez es más difícil publicar, debido a la avalancha de intentos, este tipo de elucubraciones se publican con mucha facilidad. Es absurdo, ¿no?
Hola Manuel, enhorabuena por tu nuevo libro. ¿Se puede adquirir en formato EPUB?
ResponderEliminarEstá en Amazon en español e inglés, en papel y en formato digital de Amazon, sin DRM.
EliminarEn "El juego de los abalorios" Hermann Hesse ofrece una sorprendente utopía de la última fase de la cultura de Occidente, ubicada, si no recuerdo mal, hacia el siglo XXII. La cultura consiste en la renuncia explícita a cualquier innovación. La creatividad ha sido sustituida por el virtuosismo en la combinación de "memes" fosilizadosdel inmenso acervo de la tradición.
ResponderEliminarSegún Toynbee, una civilización colapsa cuando es incapaz de resolver correctamente uno de los desafíos a los que se ve sujeta. Mientras resuelve sus desafíos, la civilización avanza; pero en cuanto llega un desafío que no puede resolver, colapsa.
EliminarY en otro pasaje de su colosal obra, Toynbee sostiene que las civilizaciones colapsan “cuando los líderes se creen fines en sí mismos” (citó de memoria)
ResponderEliminarLo que me viene a la memoria de Toynbee actualmente son sus disquisiciones sobre la presión disolvente que ejercen en la civilización tanto el "proletariado interno" como el "proletariado externo". Ese parece ser el desafío.
ResponderEliminarSegún Toynbee, el colapso de la civilización Occidental tuvo lugar con las dos guerras mundiales, como la de la civilización Helénica con la guerra del Peloponeso. Hay que recordar que el colapso de una civilización, para Toynbee, no representa su final, pues le siguen dos fases más: imperio universal y desintegración. El colapso es el punto en que la civilización es incapaz de resolver uno de los desafíos sucesivos a los que se ve sometida. Después del colapso puede quedarle mucho tiempo de "vida".
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