En el artículo anterior mencioné que la ciencia no
proporciona pruebas de la existencia de Dios, pero sí indicios. En un
libro mío que se publicó en 2013 con el título ¿Es
compatible Dios con la ciencia? Evolución y Cosmología presenté una lista de
indicios. Aquí voy a resumir algunos de ellos. Los tres primeros son
científicos, los demás no.
- El universo es un objeto físico. Durante el siglo XIX, algunos filósofos ateos negaron que el universo
sea un concepto aplicable a un objeto concreto que existe fuera de nuestra
mente. Usualmente se define el universo como el conjunto de todo lo
que existe. Según esos filósofos, tal conjunto no existe, pues el
concepto de universo es una pura elucubración de la mente humana, que no
se corresponde con ningún objeto físico. Por lo tanto, no sería necesario
buscarle origen (causa) fuera de nuestra mente. Este argumento cayó por
tierra en el siglo XX: la teoría de la relatividad general de Einstein lleva
a una ecuación cosmológica que se aplica al universo, lo que implica que
el cosmos tiene existencia real, que es un objeto físico.
- El universo tuvo principio. La confirmación de la teoría del Big Bang durante los años sesenta supuso un duro golpe para los científicos ateos, que no veían cómo escapar de la creación y de la existencia de Dios. En realidad, esto demuestra que no sabían (ni saben) mucha filosofía ni mucha teología, porque la creación no tiene que ver con la existencia de un momento inicial, cosa que dejaron clara San Agustín, que distinguió creatio ex nihilo de creatio originans (la creación a partir de la nada, del momento inicial de la creación), y Santo Tomás de Aquino, que señaló que la creación en un momento inicial es indecidible, y por tanto secundaria. La creación por parte de Dios afecta al universo entero y es compatible con un universo con principio y con un universo que tenga una duración infinita, pues el tiempo es parte de la creación. Igual que, si yo soy autor de un libro, soy autor de todo el libro, no sólo de la primera página.
- El universo parece haber sido diseñado
para que sea posible la vida (ajuste fino). Sobre esta cuestión he publicado numerosos
artículos en este blog, por lo que no voy a repetirlos aquí. De nuevo los
científicos ateos se sintieron acorralados, y para recuperarse acudieron a
las teorías no científicas de los multiversos, sin darse cuenta de que
todas estas teorías siguen siendo compatibles con la creación por parte de
Dios, y que el ajuste fino simplemente se traslada a un nuevo nivel, pues
todas las teorías de los multiversos (excepto
una) son cuánticas, y dado que la vida sólo podría aparecer en un
multiverso cuántico, vuelve a surgir el ajuste fino.
- Argumentos filosóficos. Son los argumentos clásicos, como el
ontológico de San Anselmo de Canterbury (con una
versión matemática moderna de Kurt Gödel) y las cinco vías de Santo
Tomás de Aquino.
- El universo contiene leyes morales
intrínsecas (argumento axiológico). Una versión de este argumento, debida
a Alvin Plantinga, da la vuelta al argumento del mal,
el más utilizado por los ateos para justificar su creencia en que Dios no
existe: un Dios bueno no permitiría que hubiese tanto mal en el
mundo. Según esta versión, en el mundo existen males aborrecibles,
porque el hecho en sí es horrible (piénsese en Auschwitz). Pero en un
universo materialista y ateo, la existencia de males aborrecibles no tendría
sentido.
- Argumento de la experiencia estética, también llamado el argumento de Mozart:
¿Por qué somos capaces de apreciar la belleza? Según la hipótesis
materialista, la evolución nos ha llevado a este resultado como
subproducto inexplicable, pues no se ve de qué manera este rasgo puede ser
útil para nuestra supervivencia. Desde la hipótesis de la existencia de
Dios, sin embargo, es fácil explicarlo, partiendo de la base de que Dios
es la Belleza.
- Argumento de la experiencia religiosa. Muchos
seres humanos, de distintas religiones, afirman haber
tenido experiencias de Dios, con consecuencias espectaculares: quien
las ha tenido suele alcanzar una certidumbre absoluta de que Dios existe.
![]() |
Alvin Plantinga |
Se
sabe que todo el conocimiento humano procede de tres fuentes diferentes:
a) La
autoridad: lo que nos dicen otras personas que nos parecen dignas de confianza.
Los niños aprenden de sus padres y profesores; los adultos, de otros adultos,
de los libros y de los medios de comunicación; los científicos, de los libros
de texto y de las comunicaciones científicas en revistas y congresos; todos
nosotros, de Internet. La credibilidad de todas estas fuentes no siempre es
digna de confianza, pero la autoridad es el origen de la mayor parte de
nuestros conocimientos. En el caso del conocimiento científico, osaría afirmar que
más del 99 por ciento de lo que sabemos, lo sabemos por autoridad. Nadie ha
realizado personalmente una proporción importante de los experimentos que se
han llevado a cabo a lo largo de la historia. Sin embargo, todos los
científicos dan por supuesto que lo que saben sobre los resultados de dichos
experimentos es correcto, aunque lo saben por autoridad.
b) La
experiencia: lo que hemos experimentado personalmente. A lo largo de la vida,
nuestras experiencias se acumulan, aunque también podemos perderlas a través
del olvido.
c) El
razonamiento: el uso de la razón para deducir, inducir o abducir nuevos
conocimientos a partir de los que ya poseíamos. A este grupo pertenece este
artículo.
La cuestión principal es: ¿Son
suficientes todos estos indicios acumulados para construir un caso razonable en
favor de la existencia de Dios? Los ateos dirán que no, los creyentes que sí. Que
cada uno saque sus propias conclusiones.
Hilo Temático sobre Ciencia, Fe y Ateísmo: Anterior Siguiente
Manuel Alfonseca
San Buenaventura se le enfrentó a santo Tomás de Aquino. Un universo con un pasado infinito es absurdo. Tanto la ciencia reciente como la Teología coinciden en que el espacio y el tiempo no existían. El teorema BGV corrobora que todo parte de una singularidad. Solo hay 2 posibilidades: Dios o la casualidad. La casualidad no crea ni organiza leyes. Por lo tanto el ateismo es una fe irracional. Creer que la casualidad puede ajustar la constante de gravitación a 123 ceros es algo irracional. El número de partículas elementales es de 10 elevado a la 80. Yo mejor no apostaría contra esas probabilidades.
ResponderEliminarDe la infinitud del tiempo hablaré en un artículo próximo, pero no inmediato. Entretanto, algunas correcciones:
Eliminara) El teorema BGV no se aplica al multiverso inflacionario.
b) La constante cuyo valor se aparta 120 órdenes de magnitud del valor teórico no es la constante de gravitación, sino la constante cosmológica. Véase
El misterio de la constante cosmológica
c) No veo ninguna relación entre el número de partículas elementales propuesto por Eddington y el ajuste fino.
Pero parece que coincidimos en las conclusiones :-)
Dice "Desde la hipótesis de la existencia de Dios, sin embargo, es fácil explicarlo, partiendo de la base de que DIOS ES LA BELLEZA.", y se queda tan pancho. Podía haber dicho también "Dios es la osadía" y hubiera tenido el mismo significado: ninguno.
ResponderEliminarLos teólogos cristianos han dicho siempre que Dios es la Belleza, la Verdad y la Bondad. Nunca han dicho que Dios sea la osadía. Estudie un poco, antes de criticarme.
EliminarEstos argumentos son más indicios que pruebas concluyentes de la existencia de Dios. Para un caso mucho más sólido, recomiendo examinar esta obra compuesta de 60 argumentos pertenecientes a un mismo sistema filosófico: https://shorturl.at/79Fyh
ResponderEliminarSi lee el título de este artículo y mi artículo anterior en el blog verá que yo siempre los he llamado indicios, no pruebas. Gracias por el enlace.
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