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En varios artículos anteriores (véase uno) he afirmado que las teorías del multiverso no son ciencia, pues no es posible demostrar su falsedad, sino ciencia-ficción, creaciones puramente imaginativas. Una prueba de esto es que la idea del multiverso no surgió originariamente de la ciencia, sino de la ciencia-ficción. Algunas de mis lecturas de este verano me han ayudado a completar las pruebas de esta afirmación.
La forma más común del multiverso, el multiverso de la teoría M, apareció por primera vez en la literatura de ciencia-ficción en un cuento corto de Clifford Simak, publicado en 1939, que el mismo autor desarrolló después en forma de novela, Cosmic Engineers, publicada en 1950. En esta novela, los protagonistas deben enfrentarse a la invasión de nuestro universo por seres inteligentes malévolos procedentes de otro universo, que quieren destruirnos. Para defenderse, los terrestres establecen una alianza con una civilización formada por inteligencias artificiales creadas por seres extraterrestres muy lejanos que hace tiempo se extinguieron, que son quienes les avisan de la amenaza del otro universo.


