Una de las frecuencias de radio más interesantes
para los radiotelescopios es la que emiten los átomos de hidrógeno cuando son
excitados por un aporte de energía. Al volver a su estado fundamental, el átomo
emite un fotón con una frecuencia de 1,42 gigahercios. Esa frecuencia
corresponde a la zona de las microondas, que va desde 300 MHz hasta 300 GHz. Si
enfocamos con un radiotelescopio una nube de gas y polvo de nuestra galaxia,
que está compuesta en su mayor parte por hidrógeno, esa frecuencia es fácil de
detectar.
¿Pero qué pasa si intentamos detectar esa frecuencia en regiones muy alejadas del universo? Que la expansión del universo afecta a esas ondas alargándolas (es decir, disminuyendo su frecuencia), del mismo modo que la frecuencia de la radiación cósmica de fondo, que inicialmente estaba en la región visible e infrarroja del espectro, ahora está en la zona de las microondas, con el máximo en la frecuencia de 160,2 GHz.




