jueves, 30 de septiembre de 2021

¿Se opone la ciencia a la fe?

Charles Darwin
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La oposición entre la ciencia y la fe es una invención decimonónica. Y no fueron científicos los que la inventaron, pues la mayoría de estos eran creyentes. Los responsables fueron filósofos ateos como Marx, Feuerbach, Schopenhauer o Nietzsche. Cuento a Marx entre los filósofos, a pesar de que él abominaba de la filosofía, a la que consideraba muerta (lo dijo en los Manuscritos), igual que hizo Stephen Hawking siglo y medio después, como comenté en este artículo. Alguna vez he dicho que Marx se habría horrorizado de que hoy se le estudie en clases de historia de la filosofía, pues él no se consideraba filósofo, sino economista.

Dudo de que los lectores puedan nombrar a un solo científico perseguido por la Iglesia Católica después de Galileo. Ni siquiera el evolucionismo darwiniano provocó un enfrentamiento abierto. El origen de las especies y El origen del hombre nunca estuvieron en el índice de libros prohibidos, y algunos de los defensores del evolucionismo fueron católicos convencidos, aunque la postura oficial de la Iglesia fuese durante bastante tiempo recelosa. He citado a Teilhard de Chardin, que no pudo publicar sus libros en vida, pero la prohibición no se debió a sus ideas científicas, sino a sus ideas respecto al pecado original. Es un caso parecido al de Giordano Bruno, a quien los ateos suelen presentar como mártir de la ciencia, cuando la razón de su condena no tuvo nada que ver con la ciencia, sino con su negación de la presencia de Cristo en la Eucaristía.

En el siglo XX ha habido científicos famosos que no vieron ningún enfrentamiento entre la ciencia y su fe. Uno de ellos fue Arthur Eddington, cuáquero practicante, autor del libro La naturaleza del mundo físico, del que hablé en el artículo anterior. Veamos esta sugerente cita del capítulo 9:

En el último siglo —y creo que también en este— hubo muchos científicos que mantuvieron su ciencia y su religión en compartimentos estancos. Mantenían un conjunto de creencias en el laboratorio y otro conjunto de creencias en la iglesia, y no se hizo ningún esfuerzo serio para armonizarlas. Esa actitud es defendible. Discutir la compatibilidad de las creencias llevaría al científico a regiones de pensamiento en las que era inexperto; y cualquier respuesta que pudiera alcanzar no merecería una gran confianza. Mejor admitir que había algo de verdad tanto en la ciencia como en la religión; y si deben luchar, que sea en otro lugar que no sea en el cerebro de un científico. Si alguna vez hemos despreciado esta actitud, Némesis nos ha superado. Durante diez años hemos tenido que dividir la ciencia moderna en dos compartimentos; tenemos un conjunto de creencias en el compartimento clásico y otro conjunto de creencias en el compartimento cuántico. Lamentablemente, nuestros compartimentos no son estancos.

Con otras palabras: se ha acusado a los científicos creyentes de tratar de mantener al mismo tiempo dos creencias incompatibles: en la fe y en la ciencia. Mientras Eddington niega que sean incompatibles, también señala que, de hecho, es irónico que eso sí haya ocurrido en la ciencia, que se encontraba en su tiempo (y sigue ahora) en la contradictoria situación de basarse en dos teorías, una clásica, la Relatividad, y la otra no clásica, la teoría cuántica, que son incompatibles entre sí.

En el capítulo 10 dice esto:

[El principio de incertidumbre de Heisenberg] equivale a la negación del determinismo, porque los datos requeridos para predecir el futuro incluirán los elementos incognoscibles del pasado. Creo que fue Heisenberg quien dijo: "No puede plantearse la cuestión de si podríamos predecir el futuro partiendo de un conocimiento completo del pasado, porque ese conocimiento completo del pasado es autocontradictorio".

Werner Heisenberg

En un artículo anterior mencioné que Heisenberg también era creyente (en su caso luterano), y en otro artículo hice referencia a la incompatibilidad de su principio de incertidumbre con el determinismo, como señala correctamente Eddington.

La ciencia dice (lleva siglo y medio diciéndolo) que un ser humano comienza a existir en el momento de la fecundación de un óvulo de su madre por un espermatozoide de su padre. Pero la ideología dominante se ha empeñado, en contra de lo que dice la ciencia, en que un feto no es más que una parte del cuerpo de la madre, que puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Por eso se prohíbe que las mujeres que van a abortar vean una ecografía de su vientre. Quizá si la vieran se darían cuenta de que están matando a su hijo y renunciarían a realizar el aborto, que la ideología dominante les exige.

De igual manera, la ciencia no tiene ninguna duda (no la ha tenido desde hace siglo y medio) de que los seres humanos se dividen en varones (con cromosomas XY) y hembras (con cromosomas XX). Véanse en este artículo las excepciones minoritarias. Pero la ideología dominante sostiene que cada ser humano puede decidir a qué sexo pertenece, aunque para disfrazar el absurdo de la afirmación no dicen “sexo”, sino “género”, una palabra con connotaciones puramente gramaticales. Se ha llegado a despedir a un profesor de biología por enseñar lo que dice la ciencia, porque dar a conocer la verdad científica es una amenaza para la ideología dominante.

Está bastante claro que el enemigo de la ciencia y de la razón no es la religión, sino la ideología dominante.

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Manuel Alfonseca

12 comentarios:

  1. Es lugar común la historia sobre la persecución de Galileo desde la Iglesia Católica por defender la teoría heliocéntrica. La realidad es que el propio papa Urbano VIII era heliocentrista, ya que los cálculos de la posición de los objetos observables en el firmamento (fundamentalmente, planetas) son mejores que los resultados de aplicar el modelo geocéntrico de Ptolomeo (que por cierto, durante siglos se utilizó con una precisión admirable).
    El problema no radicaba en el modelo matemático sino en la afirmación de Galileo de que el Sol era el centro del Universo. La Iglesia le planteo reticencias a la aceptación de esa idea porque el concepto de Centro del Universo no estaba nada claro. Literalmente le dijeron que no se metiera en filosofía sin la preparación adecuada. El tema hubiese quedado en una de tantas discusiones bizantinas pero se cruzó la política en el debate. Galileo publicó su teoría en Florencia, ciudad enemiga del Vaticano y el debate derivó en un enfrentamiento. Galileo se enrocó en que el Sol era el Centro del Universo y el Papa en que no solo era una idea filosóficamente endeble sino que era directamente una herejía, con el resultado conocido por todos. La Iglesia siguió utilizando el sistema heliocéntrico en sus cálculos y Galileo quedó como un mártir de la ciencia, en vez de como un científico excelente pero mediocre como filósofo.
    Lo más curioso es que actualmente hemos dejado (de momento) de lado el concepto de Centro del Universo y estamos más cerca de la posición inicial de Urbano VIII. El sistema heliocéntrico es mejor para predecir la posición relativa de los planetas. Incluso la Iglesia levantó hace pocos años la (injustificable por otro lado) excomunión a Galileo, pero los lugares comunes se resisten a desaparecer.
    Recomiendo el monográfico de "Investigación y Ciencia" sobre este tema para entender qué pasó exactamente.
    Luis de Pedro

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    1. Luis, no me consta que Galileo fuese excomulgado. Sí fue condenado a prisión perpetua (luego conmutada por arresto domiciliario), pero que yo sepa no hubo excomunión. Juan Pablo II no levantó la excomunión (pues no la hubo), sino que nombró en 1981 una comisión para estudiar el caso Galileo, que en 1992 terminó su trabajo con la conclusión de que, aunque Galileo no debería haber sido condenado, su posición teórica no estaba justificada. En octubre de ese año, Juan Pablo II hizo referencia al caso en su discurso a la Academia Pontificia de Ciencias, donde reconoció que había habido errores de algunos teólogos en el asunto. En cuanto a Benedicto XVI, antes de ser Papa defendió la posición del filósofo agnóstico Feyerabend, que en 1976 escribió esto:

      La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y solo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión — P. Feyerabend, Contra la opresión del método, Frankfurt, 1976, 1983, p. 206.

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    2. Efectivamente, no he podido encontrar referencias fiables de la excomunión de Galileo, solo artículos sin citas serias.
      Luis

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    3. Me gustaría añadir una consideración adicional. En la cosmovisión aristotélica, asumida sin más por el cristianismo medieval, la Tierra se encontraba en el centro. Pero, y esto es la clave, el centro no era el lugar más “importante”: el lugar más importante eran los cielos, donde habitaban los dioses. De hecho, el centro geométrico del universo era el inframundo, el centro de la Tierra, lugar del Hades, lugar de los muertos. Por tanto, desplazar a la humanidad de la cercanía al centro geométrico no podía ser tan dramático. La humanidad no estaba en el centro, sino a medio camino entre el Hades y los Cielos.

      Me parece a mí que esa resistencia a desplazar a la humanidad del centro de la creación divina no era tan importante para la cosmovisión cristiana (quizás en todo caso para la mentalidad renacentista, más antropocéntrica que la mentalidad teocéntrica medieval).

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  2. No, Bruno, ningún programa informático es consciente. Esto se aplica también, por supuesto, a los programas que hacen funcionar los robots.

    ¡Mira que creer que los robots que vende Amazon son conscientes! Es usted incorregible.

    Más vale que detenga la avalancha de comentarios con que me está atacando, porque no pienso dejarle pasar uno, ni contestarle, hasta que se publique el artículo que le prometí.

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  3. Veo hoy, en TV manifestaciones de mujeres que reclaman el derecho a hacer con su cuerpo lo que deseen. Pero en realidad toda acción que hombre o mujer realiza lo hace con su cuerpo, y nadie puede afirmar que, por este motivo, uno puede hacer cualquier cosa que se le antoje, además de que la vida que se desarrolla en su seno no es produto de su solo cuerpo.
    En cuanto a lo que dices que la distinción varón y hembra lo dicen los cromosomas, esto es verdad limitadamente a la constitución biológica (y aún ahí hay casos, rarísimos, en los que esta diferenciación no se ha desarrollado en forma plenamente correcta según "X o Y" del cromosoma). En cambio, hay que considerar la complejidad del mundo hormonal donde hay que recoger los datos de la estadística, que aunque el porcentaje de casos que discrepan del hecho biológico es siempre pequeño, (variable según quienhace el estudio), en ningún caso se reduce a cero. Y ello independientemente de condicionantes incluso familiares, por lo que hijos o hijas de familias excelentes y que han recibido una sana educación moral, sucede que en algún caso en su adolescencia sienten la atracción por personas de su mismo sexo. Por desgracia hay también el caso de quienes en la adolescencia realizan eventuales experiencias negativas con parientes o amigos que dejan su huella. Ciertamente afirmar, como tú denuncias que cada uno puede elegir el sexo es una insensatez inaceptable, también porquè puede llevar a confusión y provocar desviaciones artificialmente a tantos adolescentes. Pero no creo que se pueden aducir argumentos científicos a esta realidad. En cualquier caso, de lo que se trata es de que el joven, para tener la luz que lo oriente, es que se ponga a amar desinteresadamente y no encerrado a satisfacerse a si mismo, como la sociedad de consumos invita.

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    1. Jordi, en el artículo hay un enlace a otro artículo de este blog donde describo con detalle las excepciones minoritarias a la relación entre el sexo y los cromosomas. Lo repito aquí: Intersexualidad

      Discrepo en que no se puedan aducir argumentos científicos. Ya lo creo que se puede. Hasta que surgió la ideología de género, la ciencia tenía muy claro quien es varón, quien es hembra y cuáles son las excepciones. Ahora sigue teniéndolo claro, pero la silencian.

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  4. Volviendo al tema del artículo. D. Manuel, podría explicar un poco más lo ocurrido con Bruno Giordano y por qué, efectivamente, es utilizado con tanta frecuencia como un caso más de oposición de la Iglesia a los avances o descubrimientos científicos. Lo cierto es que el tema de Galileo está muy desarrollado y bien explicado por muchos autores ( en especial me gusta el análisis de Ignacio Sols sobre los dos sentidos del término hipótesis) pero ni en el libro Preguntas sobre ciencia y fe respondidas por profesores de Universidad, ni en ningún otro, he encontrado una explicación de lo ocurrido con el caso de Giordano con el nivel de análisis del caso Galileo.
    Por cierto muy interesante también en relación a esta cuestión el libro Ciencia y Fe Catolica de Ignacio del Villar. Saludos.

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    1. Tomo nota. Intentaré escribir un artículo sobre el caso de Giordano Bruno.

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  5. Alguna vez he oído que en el caso Galileo había influido el interés de la Iglesia Católica de no exasperar a los protestantes, que bajo el influjo de "solo scriptura" no veían claro como un sistema heliocéntrico pudiera conciliarse con lo que se cuenta en el libro de Josué (10:12-13) "Ese día en que Yahvé entregó a los amorreos en manos de los israelitas, Josué le dijo a Yahvé en presencia de todo el pueblo: «Sol, detente en Gabaón, Luna, párate sobre Ayalón»
    Pero nunca he encontrado ninguna confirmación escrita

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    1. Cuando Copérnico publicó su famosa obra, los teólogos católicos la acogieron bien, pero los protestantes se opusieron. Sin embargo, antes del final del siglo XVI los protestantes aceptaron el heliocentrismo, y entonces los católicos se opusieron. Así que el objetivo no era no exasperar a los protestantes, sino todo lo contrario.

      Galileo sufrió ese cambio de tendencia, aunque su proceso se debió más bien a su carácter fuerte y a los muchos enemigos que hizo que a su heliocentrismo, que fue utilizado como pretexto.

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