jueves, 8 de enero de 2026

El problema del origen de la vida

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En un artículo anterior titulado Paul Davies, divulgador científico, mencioné los dos problemas difíciles de la ciencia moderna (hard problems), así llamados porque después de varios siglos tratando de resolverlos, y aunque se han producido avances considerables, a medida que vamos avanzando, la solución de esos problemas parece alejarse, en un caso paradigmático del efecto horizonte, del que hablé en otro artículo de este blog con ese mismo título. Esos problemas son: por un lado, el origen de la vida, y por otro el origen del libre albedrío, que a veces se identifica con el problema de la consciencia, aunque ambas cosas no son exactamente iguales, pero sí están muy relacionadas. En este artículo voy a hablar del primer problema. El próximo estará dedicado al segundo.

El problema del origen de la vida no es un problema científico. Es un problema histórico. Ocurrió una sola vez en la historia de nuestro planeta, y es imposible reproducirlo, por lo que no está al alcance de las ciencias experimentales. Incluso aunque consiguiéramos fabricar vida sintética (no confundir con la vida artificial, que es una rama de la informática), no sabríamos si esa forma de generar vida fue la misma que tuvo lugar poco después del origen de la Tierra como planeta.

¿Cuál es el problema? Que el origen de la vida no ha dejado rastros fósiles, porque los primeros seres vivos eran microscópicos y estaban desprovistos de partes duras. Además, parece probable que esos seres surgieran por primera vez en entornos muy alejados de nuestro alcance, como las chimeneas hidrotermales situadas en el fondo de los océanos, en lugares donde la corteza de la Tierra se está separando, debido al empuje del magma procedente del manto terrestre.

Un problema adicional es el hecho de que no nos ponemos de acuerdo en una definición de qué es la vida, una razón más por la que el problema de su origen se nos escapa.

El libro Agentes libres (Free agents) de Kevin Mitchell, en su capítulo 2, titulado La Vida Sigue (Life Goes On), explica la teoría actual sobre el origen de la vida, que, aunque parece plausible, no podrá ser demostrada concluyentemente.

Este es el escenario que se propone actualmente: En las chimeneas hidrotermales, las rocas están perforadas por innumerables ranuras y orificios, en los que se acumula el agua caliente. El aporte de energía desde el manto pudo provocar la formación de numerosas sustancias químicas precursoras de la vida, que quedarían encerradas en compartimentos rocosos microscópicos que desempeñarían el papel de las membranas celulares, que se originarían posteriormente a partir de lípidos. Una vez aparecieron esas membranas, la vida incipiente pudo separarse de las rocas perforadas, extenderse por el resto del océano, y aprovechar otras fuentes de energía.

Este libro utiliza para definir la vida criterios que no suelen encontrarse en este contexto:

Los seres vivos son entidades autónomas, dotadas de propósito y capaces de actuar según sus propios términos, sin estar sujetas a todas las causas de su entorno, sino a causas propias... Lo que distingue a los organismos vivos es que actúan por razones.

...los seres vivos, para mantenerse organizados, deben trabajar constantemente en contra de lo que se conoce como la segunda ley de la termodinámica... la vida no es un estado; es un proceso.

La continuidad es la propiedad definitoria de la vida. En un organismo unicelular, el todo impone restricciones a las partes: todas las interacciones de retroalimentación interconectadas mantienen organizados todos los procesos bioquímicos según un patrón determinado. El organismo no es un patrón de materia; es un patrón de procesos interactuando, y el yo es ese patrón persistiendo.

El libro describe muy bien la evolución de la vida desde el punto de vista de la aparición de seres vivos que van adquiriendo, progresivamente a lo largo del tiempo, mayor libertad de decisión en sus actividades. Los cuatro primeros capítulos describen cómo perciben el mundo y responden a esa percepción los procariotas, los eucariotas, y los primeros animales provistos de sistema nervioso: la hidra de agua dulce y el nematelminto Caenorhabditis elegans. El desarrollo de esta sección es bastante paralelo y coincidente con la primera parte de mi libro El quinto nivel de la evolución.

En los capítulos 5 y 6, el libro salta al nivel de los mamíferos y al humano, y describe con bastante detalle la neurofisiología de la visión y del cerebro. Y en los capítulos sucesivos analiza el otro problema difícil de la ciencia moderna: el libre albedrío y la consciencia. Pero eso lo veremos en el próximo artículo.

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Manuel Alfonseca

2 comentarios:

  1. Muy interesante, aunque la frase "Lo que distingue a los organismos vivos es que actúan por razones" me parece que puede dar lugar a confusión, porque los organismos vivos (salvo el ser humano) no razonan, luego no pueden actuar por razones.

    Es más correcto decir que actúan por fines intrínsecos, es decir, finalidades o tendencias que surgen de su propia estructura biológica, orientadas a la autoorganización y la supervivencia. Los seres inertes también tienen tendencias, pero en ese caso no son fines intrínsecos sino extrínsecos: reaccionan pasivamente a los influjos de su entorno, como el incremento de temperatura para fundirse o la ley de la gravedad para caer.

    El ser humano consciente es el que además de tener finalidades intrínsecas (porque es un ser vivo) es el que puede proponerse otras finalidades que exceden lo meramente biológico: fines que son racionales, conocidos, deliberados. Ahí está el problema del libre albedrío, que tampoco se puede explicar en términos biológicos.

    Escribí sobre esto en ¿Hay finalidad en el universo?

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    Respuestas
    1. Sí, eso es exactamente lo que quiere decir Mitchell cuando dice que los organismos vivos actúan "por razones". Su nomenclatura puede ser discutible, pero la explicación está bastante clara. Lo que sigue a mi cita es esto:
      They behave in a truly purposeful manner... The way things are organized can and does govern the way complex systems behave.

      En un artículo de 2018 El problema de la intencionalidad humana hablé de estas cuestiones aplicadas al hombre.

      Eliminar

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