![]() |
| Portada del libro Divine action & modern science por Nicholas Saunders |
Como he mencionado
en artículos
anteriores, ni la existencia de Dios ni su
inexistencia pueden ser demostradas por la ciencia, pues Dios,
si existe, no puede ser objeto del conocimiento científico. En consecuencia,
desde el punto de vista racional, el problema de la existencia de Dios es
filosófico y no científico. Ante este problema se han propuesto diversas
soluciones:
- Ateísmo: Según esta
solución, propuesta hoy por muchos, Dios no existe y la existencia del
universo sería consecuencia únicamente del azar. Un problema
adicional, sugerido por esta teoría, es que realmente no sabemos qué pueda
ser el azar (véase este
artículo). Como la materia oscura y la energía
oscura, es un nombre que sólo sirve para esconder nuestra ignorancia.
- Panteísmo: Según esta
solución, propuesta por nombres tan señeros como Spinoza y Einstein, Dios
es el universo. Con otras palabras, en el universo hay algo que no podemos
descubrir con el análisis científico, que explica de algún modo su propia
existencia y la nuestra. La contraposición de esta teoría con la anterior
queda clara en las palabras de Einstein contra la interpretación de
Copenhague de la mecánica cuántica: Dios
no juega a los dados. Con esas simples palabras, Einstein
declaró su incredulidad respecto al concepto de azar, tal y
como se plantea en muchas soluciones ateas al problema. En esta teoría, la
acción de Dios en el mundo se realizaría únicamente a través de las causas
naturales, sin modificación alguna (o sea, es una acción compatibilista).
- Deísmo: Según esta
solución, Dios existe y creó el universo, pero después se desentendió de
él, dejándolo evolucionar solo. Originada en el siglo XVIII, muchos de los
pensadores franceses de la época (y algunos posteriores hasta nuestros
días) adoptaron esta teoría. Partiendo de este punto de vista, el problema
de la acción de Dios en el universo no se plantea, pues se niega que Dios actúe
en el universo.
- Teísmo providencial: Según esta solución, Dios existe y creó el universo, pero después no se desentendió de él, sino que interactúa con él de alguna manera, dirigiendo su evolución. El problema de cómo tiene lugar la acción divina sólo se plantea en el marco de esta teoría.









