jueves, 8 de mayo de 2014

¿Se ha frenado la investigación sobre el genoma humano?

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Todos conocemos el proyecto Genoma Humano, que se puso en marcha oficialmente en 1990, aunque ya venía funcionando de forma parcial desde 5 años antes. Su objeto era identificar y descifrar en 15 años todos los genes del ADN humano. El proyecto se completó en 2003, dentro del plazo previsto, aunque ya en el año 2000 se publicaron resultados parciales. Desde el punto de vista científico, el proyecto fue un éxito, pero es posible que para una parte del público parezca un fracaso, teniendo en cuenta las expectativas exageradas que despertaron algunos medios de comunicación.
Los medios saludaron el proyecto como la puerta abierta a una nueva revolución médica. Entre las aplicaciones revolucionarias que se anunciaban estaban: la terapia génica para prevenir o corregir enfermedades genéticas; el diagnóstico prematuro de enfermedades reales o potenciales, incluso desde la fase embrionaria; o la medicina personalizada, que adaptará los tratamientos de cada enfermedad a la persona que la padece. También se discutieron posibles peligros, como la manipulación de embriones humanos para adaptar sus genes a los deseos de sus padres o de gobiernos dictatoriales; y la utilización de los datos genéticos para seleccionar personal, o para conceder o denegar seguros y créditos...

jueves, 1 de mayo de 2014

Exageración de las noticias científicas: superconductividad

Levitación de una placa superconductora
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En 1986, un equipo del centro de investigación de IBM en Zurich descubrió la superconductividad de alta temperatura. Hasta entonces, este fenómeno, bien conocido desde que fue descubierto por Heike Kamerlingh Onnes en 1911, solo se daba a temperaturas próximas al cero absoluto. Gracias a la utilización de materiales cerámicos formados por cobre y tierras raras, la temperatura crítica subió primero a 35ºK, y poco después a 92ºK.

Inmediatamente los medios anunciaron el descubrimiento como la puerta abierta a una nueva revolución tecnológica. Entre las aplicaciones revolucionarias que se anunciaban estaban la fusión nuclear, los trenes y barcos de alta velocidad que se moverían levitando, la transmisión de energía eléctrica a grandes distancias sin pérdidas, los superordenadores, y muchas más. La “fiebre” de los medios creció aun más cuando Bednorz y Müller, del equipo descubridor, recibieron el Premio Nobel en 1987.

jueves, 24 de abril de 2014

El gran diseño

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En el año 2010, los medios dedicaron mucha atención a un libro de divulgación científica de Stephen Hawking y L.Mlodinow, The Grand Design. Ahora que ha pasado algún tiempo, me parece oportuno hacer algunos comentarios, para lo que me voy a basar en algunas citas del libro que me parecen más significativas:
·         La filosofía ha muerto… Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha de los descubrimientos en nuestra búsqueda de conocimiento.
Estas frases aparecen al principio del capítulo primero. Aunque la mayor parte del libro es divulgación científica e historia de la ciencia, es irónico que plantee una sola aportación original (el realismo de modelos), que es pura filosofía.
·         La realidad objetiva no es cognoscible y por tanto no podemos suponer que exista… Sólo existen los resultados de las observaciones y los modelos que construimos para explicarlos… Cada modelo es válido (real) en su campo de aplicación…Dos modelos que tienen el mismo poder de explicación son igualmente válidos… El modelo de Ptolomeo es tan válido como el de Copérnico… Sólo se distinguen porque el segundo es más sencillo que el primero.
Lo anterior no es una cita literal, sino una paráfrasis resumida del capítulo 3, que describe el realismo de modelos, la aportación original del libro (con permiso de Berkeley). Los autores olvidan que el modelo de Copérnico predijo correctamente la paralaje de las estrellas próximas, que no tiene fácil explicación en el de Ptolomeo. En este mismo capítulo, Hawking y Mlodinow descartan el modelo del universo estacionario basándose en su incapacidad para explicar ciertas observaciones realizadas sobre el universo. ¿No deberían hacer lo mismo con el de Ptolomeo?
·         [El universo] no tiene una historia, sino todas las historias posibles… El pasado es indefinido y sólo existe como un espectro de posibilidades.
Estas afirmaciones del capítulo 4 las sacan de la formulación de Richard Feynman de la mecánica cuántica, un artificio matemático alternativo y equivalente a la mecánica de matrices de Heisenberg y a la función de onda de Schrödinger, que calcula la probabilidad de un suceso cuántico integrando sobre todas las trayectorias posibles. Para poder sacar esas conclusiones, Hawking y Mlodinow necesitan que el artificio represente de algún modo la realidad (esa realidad cuya existencia objetiva niegan), y por eso han inventado el realismo de modelos. Pero no dicen nada de las paradojas que surgen cuando estas teorías se aplican a objetos macroscópicos, como la del gato de Schrödinger. En cambio, la aplican alegremente al universo entero, sin justificar por qué puede hacerse eso. Además, ¿no habíamos quedado en que la realidad objetiva no es cognoscible? Entonces, ¿cómo podemos saber si el universo existe? Los autores ni siquiera se lo plantean, quizá porque de hacerlo acabarían en una contradicción.
·         ¿Cómo podemos saber si un ser tiene voluntad libre?... No sabemos resolver las ecuaciones de tres o más partículas en interacción. Un [ente] del tamaño de un ser humano contiene mil cuatrillones de partículas… sería imposible resolver las ecuaciones y predecir su comportamiento.
Esta discusión del capítulo 8 es absurda. Una calculadora mecánica tiene también cuatrillones de partículas; sin embargo, observando su comportamiento pasado podemos deducir que no tiene voluntad libre y predecir su comportamiento futuro. Los autores olvidan que el comportamiento de los objetos macroscópicos puede analizarse sin necesidad de aplicar la física de partículas. Además, la idea de la voluntad libre no proviene de la resolución de ecuaciones, sino de la introspección.
·         No hay restricción a la creación de universos enteros… La creación espontánea es la razón por la que existe algo en lugar de nada, la razón por la que existimos.
Suponiendo que esto sea verdad (lo que es mucho suponer), aún quedaría sin explicar por qué existen leyes que permiten que esto ocurra, con lo que estamos como al principio. Por lo demás, todo lo que dice el libro respecto al multiverso como posible explicación del ajuste fino no añade nada a lo que ya sabíamos.

Los científicos que se meten a hacer filosofía (esa misma filosofía que desprecian y consideran muerta) deberían tomarse la molestia de estudiarla un poco más a fondo. Así, al menos, tendrían cuidado en no transgredir algunas de sus bases fundamentales, como el principio de no contradicción. Esta crítica no sólo se aplica a Hawking, también a otros científicos conocidos, como Richard Dawkins, que al invadir el campo de la filosofía suelen demostrar su ignorancia.

Es una pena que los errores filosóficos de bulto en que caen los autores tiendan, para el lector cuidadoso, a desacreditar la totalidad del libro. Aunque proceda de aficionados a la filosofía, sería bueno que la única propuesta original de El Gran Diseño (el realismo de modelos) fuese analizada más a fondo.

Para terminar, una cita de Woody Allen (Getting even, 1971):

¿Es cognoscible el conocimiento? De no ser así, ¿cómo podemos saberlo?

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Manuel Alfonseca

jueves, 17 de abril de 2014

Encuestas y estadística: opiniones o hechos

Henry Whitehead (1825-1896)
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Tenemos tendencia a confundir la opinión mayoritaria con la verdad. Esta tendencia es errónea, como expresó significativamente Henry Whitehead:
No temáis nunca formar una minoría de uno; 
las mayorías suelen equivocarse.
Pero hay algo que puede ser aún más erróneo que la opinión pública: las consecuencias que se sacan de ella. En un artículo titulado ¿Somos xenófobos?, publicado en La Vanguardia el 17 de marzo de 2011, José Antonio Zarzalejos comentó el resultado de una encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió de la Generalitat de Catalunya: 
Los ciudadanos estiman que... los inmigrantes... perciben del Estado mucho más (30,8%) o más (38,7%) de lo que aportan.
Y extrajo de ello el siguiente comentario: 
Cualquier diagnóstico sociológico entendería estas cifras como un caldo de cultivo social reactivo y xenófobo. Y sostener lo contrario es tanto como negar una realidad consistente.
Para que esto sea cierto, es necesario conocer sin género de dudas cuál es la realidad consistente. El artículo de Zarzalejos me sugiere que para interpretar la opinión de los ciudadanos es preciso conocer los hechos, que en este caso son: 
¿Los inmigrantes perciben realmente del Estado
más, igual o menos de lo que aportan?
Mientras no se conozca la respuesta a esta pregunta, no se puede sacar ninguna consecuencia. Si la respuesta fuese igual o menos, Zarzalejos podría tener razón al pensar que los ciudadanos somos xenófobos, o al menos que estamos equivocados. Quizá tengamos tendencia a creer cosas falsas respecto a los inmigrantes. 
Pero si la respuesta fuese más, la conclusión sería completamente diferente: en vez de xenófobos, los ciudadanos serían perspicaces. Por una vez, la opinión pública no estaría equivocada.
Las encuestas tienen por objeto descubrir opiniones. Pero las opiniones aisladas, en vacío, no sirven para nada. No se pueden sacar consecuencias de ellas sin confrontarlas con los hechos, que son objeto de la estadística. Otra cuestión distinta es que también los estudios estadísticos pueden deformarse. Como dijo Mark Twain: 

Lo primero que tienes que hacer es saber cuáles son los hechos. Después podrás distorsionarlos tanto como quieras.

Y hablando de encuestas, se ha puesto de moda entre los medios de comunicación realizarlas entre sus lectores. Muchas de ellas son absurdas, inútiles e irrelevantes. Siempre lo es una encuesta que sólo trate de predecir el futuro. También lo es cuando se pregunta a la gente de la calle su opinión sobre temas muy complejos, o que precisen de información privilegiada o conocimientos especializados, de los que casi nadie dispone. ¿De qué sirve saber lo que piensa la gente sobre cosas como estas, todas las cuales han sido propuestas en los últimos meses por alguno de los medios de más difusión?
  • ¿Ganará el Barça la final de la Copa al Real Madrid? (La Vanguardia, 15 de abril de 2014). Salió que no.
  • ¿Quién ganará la Champions? (El País, 11 de abril de 2014). La opinión mayoritaria votó por el Bayern de Munich.
  • ¿Apruebas la gestión de la Unión Europea en el conflicto de Crimea? (La Vanguardia, 6 de marzo de 2014). Salió que no.
  • ¿Ves bien que la justicia española ordene detener al ex-presidente de China? (La Vanguardia, 11 de febrero de 2014). Salió que no.
  • ¿Piensas que el tifón Haiyan está vinculado con el cambio climático? (La Vanguardia, 12 de noviembre de 2013). Salió que sí.
  • ¿Qué ciudad será designada para albergar los juegos olímpicos de 2020? (El País, 6 de septiembre de 2013). La opinión mayoritaria votó por Tokyo.

Todas estas encuestas, menos la segunda, daban la opción de contestar no sabe. Si lo pensamos bien, para este tipo de preguntas esa opción debería haber obtenido la respuesta mayoritaria. Pues bien, el porcentaje de respuestas que se inclinaron por ella estuvo en todos los casos entre el 2 y el 6%. Como indiqué en otro artículo de este BLOG, es dificilísimo saber decir no sé.

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Manuel Alfonseca
Publicado también en Tecno y Ciencia, 6/5/2011

jueves, 10 de abril de 2014

¿Divulgación científica o especulación más o menos gratuita?

Colisión de dos agujeros negros
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En diciembre de 2013 apareció en algunos medios la referencia a una noticia relacionada con la parte de la física que se ha dado en llamar “gravedad cuántica”, una serie de teorías incompatibles entre sí que en los últimos 30 años no han conseguido formular ni una sola predicción comprobable, pero que suelen presentarse como el último grito de la física y dan lugar a noticias muy divulgadas por los medios de comunicación no especializados.

La noticia en cuestión llevaba este título : El entrelazamiento cuántico provoca la aparición de agujeros de gusano y de él se hizo eco Madri+d, que cada día genera una recopilación de las noticias científicas en los medios y las envía a los investigadores de la Comunidad de Madrid suscritos al servicio.

Tal como se presenta en las referencias citadas, esta noticia contiene algunas incorrecciones. Citaré dos:

1. El grupo demostró que, mediante la creación de dos agujeros negros entrelazados que se separaban a continuación, se formaba un agujero de gusano -esencialmente un ''atajo'' a través del universo-, que conectaba a los agujeros negros distantes entre sí. 
Comentario: el grupo no demostró nada. Solo ha encontrado unas ecuaciones que sugieren que eso podría suceder (o no, porque una cosa son las matemáticas y otra la física). Además, todas estas elucubraciones teóricas parten de la teoría de cuerdas, que no está contrastada y que solo es una de las diversas propuestas alternativas de la gravedad cuántica que existen en la actualidad.

Julian Schwinger, Premio Nobel 1965
2. Sonner ...primero generó quarks utilizando el efecto Schwinger, un concepto en la teoría cuántica que permite crear partículas de la nada.
Primer comentario: Sonner no generó nada, porque el efecto Schwinger aún no se ha comprobado experimentalmente, ni siquiera con pares electrón-positrón, mucho menos con quarks, así que otra vez tenemos aquí la confusión de un mero estudio teórico con algo real. Lo que realmente hizo Sonner fue suponer que el efecto Schwinger sea real y que se pueda utilizar para crear quarks en el vacío, en cuyo caso ciertas ecuaciones (que no han sido comprobadas) dicen que podría suceder esto... Como se ve, todo este estudio está literalmente apoyado sobre el vacío.
Segundo comentario: de la nada no se puede crear nada, porque la nada no existe, como sabemos desde Parménides y Bergson. Como de costumbre, se confunde la nada con el vacío. El vacío no es la nada, pues posee varias cualidades (espacio, tiempo, energía, existencia) que la nada no tiene.

Agujero negro en el centro de una galaxia
Nuestras teorías actuales sobre el vacío cuántico no pueden ser totalmente correctas, pues predicen que la energía del vacío es infinita. Los físicos resuelven este problema mediante lo que llaman renormalización, un procedimiento que esencialmente consiste en dividir por infinito (cosa que las matemáticas prohíben), y que equivale a esconder el problema debajo de la alfombra.
Hay que tener cuidado con las noticias científicas que aparecen en la prensa. Algunos medios de comunicación solo buscan un titular de impacto. La corrección científica de una noticia, que al final puede reducirse a una simple especulación gratuita, suele importar menos.


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Manuel Alfonseca

jueves, 3 de abril de 2014

La vida artificial no está aquí


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Acaba de saltar a los medios de alta difusión (El País, 28 de marzo de 2014) la noticia de que un equipo científico ha conseguido sustituir el cromosoma más pequeño de una levadura por un cromosoma sintético que han construido basándose en la secuencia del cromosoma sustituido, pero con algunos cambios, como la eliminación de una parte. El cromosoma sintético se ha incorporado al genoma de la levadura y parece funcionar correctamente. Este artículo ha sido recogido en la recopilación de Madri+d.

El titular del artículo de El País es significativo: La vida artificial ya está aquí. Pero ¿es cierto? ¿O se trata de una de esas exageraciones a las que los medios nos tienen acostumbrados cuando se dan noticias científicas, y que he comentado en artículos anteriores, aquí mismo?
En el argot científico, el término vida artificial puede significar dos cosas completamente diferentes:

  1. Simulación del comportamiento de los seres vivos por medio de un programa de ordenador. Yo mismo he trabajado en este campo.
  2. Construcción de un ser vivo, no a partir de otros seres vivos anteriores, como hace la naturaleza, sino a partir de sustancias químicas separadas, como se supone que ocurrió hace miles de millones de años, cuando apareció la vida en la Tierra.
Es evidente que el artículo que comentamos se refiere a la segunda alternativa. Desde luego, se trata de un paso importante, pero el titular no es cierto: la vida artificial no está aquí, y falta mucho para que llegue. El titular que empleó La Vanguardia para la misma noticia fue más sensato: Avance en la creación de vida artificial.
El artículo de la Vanguardia parece identificar la creación de vida artificial con la sustitución de todo el genoma de un ser vivo unicelular por un genoma artificial completo distinto del suyo y conseguir que el resultado sea viable. Pero con esto (que está muy lejos de conseguirse) tampoco se habría creado vida artificial. Como mucho, si fuese posible (porque la incompatibilidad epigenética podría hacer que no lo fuera), se habría manipulado un individuo vivo de una especie, transformándolo en un individuo de otra especie diferente. Un gran logro también, pero no se habría creado vida, porque la célula de partida ya estaba viva. Hay que llamar a las cosas por su nombre.
¿En qué consistiría pues la creación de vida artificial? En tomar una serie de sustancias químicas independientes (proteínas, ácidos nucleicos y muchas más), introducirlas dentro de una cápsula lípido-proteica (una membrana) y, sobre todo, conseguir que aquello se comporte como un ser vivo unicelular, que lo que hayamos construido no sea el cadáver de una célula.
Para aclarar las cosas, vamos a buscar un término de comparación. Lo que se ha hecho (sustituir un cromosoma de un ser vivo por otro equivalente que funciona más o menos igual, con algunas diferencias) es parecido a insertarle a un ser humano un corazón artificial. Sí, es un logro considerable, pero ¿a alguien se le ocurriría decir que al hacerlo se ha creado un ser humano artificial? ¿O que estamos en camino de hacerlo?
Para construir un ser humano artificial, al estilo del monstruo de Frankenstein en la novela de Mary Shelley, no basta con juntar un conjunto de miembros extraídos de aquí y de allá y montar un cuerpo. Así lo único que terminaríamos construyendo es un cadáver. Para obtener un ser humano vivo hace falta algo más. Y lo que falta es precisamente lo más difícil.

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Manuel Alfonseca

miércoles, 26 de marzo de 2014

La ignorancia estadística y sus consecuencias (II)

La imagen representa un posible resultado
de las pruebas mencionadas en el texto.
Las figuras negras representan embarazadas
que dieron negativo.
Las rojas son falsos positivos.
Solo las blancas son verdaderos positivos.
Los resultados para el síndrome de Down
aparecen arriba a la izquierda.
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En estudios realizados hace unos años [1] se describe una situación delicada en relación con ciertas pruebas médicas muy utilizadas. Se trata de un test (la triple prueba) que se ha venido realizando a muchas mujeres embarazadas, con objeto de detectar si el feto va a padecer el síndrome de Down y otras deficiencias. Cuando el resultado de la prueba es positivo, los ginecólogos suelen recomendar que se realice una amniocentesis o una muestra de vellosidades coriales (biopsia), pero dado que estas pruebas suponen cierto riesgo, muchas embarazadas no quieren correrlo, y algunas podrían decidir practicar un aborto solo con los resultados de la triple prueba.
El síndrome de Down afecta aproximadamente al 0,13% de los fetos. El problema es que la prueba que se ha venido utilizando para detectarlo tiene una sensibilidad del 70% (o, lo que es lo mismo, la probabilidad de un falso negativo es del 30%) y una especificidad del 91%, lo que significa que la probabilidad de un falso positivo es del 9%.
¿Cómo hay que interpretar estas cifras?
Supongamos que se realiza la triple prueba a 1000 mujeres embarazadas. Aplicando los datos anteriores deducimos que:
·         El número previsible de fetos afectados por el síndrome de Down está entre 1 y 2.
·         La probabilidad de detectarlos con la prueba es del 70%.
·         90 de las mujeres analizadas (9% de 1000) darán positivo en la prueba, aunque su hijo no tendrá el síndrome de Down.
Cuando la prueba sale positiva, la probabilidad de que el feto esté afectado por el síndrome es de 1 o 2 en 90, del orden de un 2% (sí, así de baja). Si, como consecuencia de esa información se practica un aborto, en un 98% por ciento de los casos se está matando a un niño normal: si lo hubiesen dejado nacer, no habría padecido el síndrome.
Las cosas pueden mejorar gracias a una prueba nueva, basada en un análisis de sangre de la embarazada, que se ha puesto en práctica a partir de enero de 2013 y que permite detectar trisomías del feto, como la del cromosoma 21 (la que produce el síndrome de Down), con una sensibilidad del 99% y una especificidad del 99,9%. Al menos, gracias a esto, algunos fetos podrían escapar del aborto, aunque seguirá en pie una cuestión fundamental: ¿por qué los niños con síndrome de Down no tienen derecho a la vida?


[1] E.Kurz-Milcke, G.Gigerenzer, L.Martignon, Transparency in risk communication: graphical and analog tools, en Strategies for risk communication: evolution, evidence, experience, Annals of the New York Academy of Sciences, vol.1128, 2008.

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Manuel Alfonseca

miércoles, 19 de marzo de 2014

Consecuencias de la ignorancia estadística

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En un estudio realizado hace unos años [1], se propuso el siguiente problema a 18 expertos consultores para enfermos del SIDA:
Elena ha dado positivo en la prueba del SIDA. ¿Qué probabilidad piensa usted que hay de que tenga el SIDA? ¿Qué le aconsejaría?

Los datos de partida son los siguientes:
1.      La probabilidad de tener el SIDA, si se pertenece a una población sin riesgo especial, es de 1 en 10,000.
2.      La sensibilidad de la prueba del SIDA es del 99,9%. O, lo que es lo mismo, la probabilidad de un falso negativo es del 0,1%.
3.      La especificidad de la prueba del SIDA es del 99,99%. O, lo que es lo mismo, la probabilidad de un falso positivo es del 0,01%.

El resultado del estudio fue el siguiente:

·         Los 18 expertos coincidieron en que la probabilidad de que Elena tenga el SIDA es mayor del 90%. La mayoría pensaban que dicha probabilidad es mayor del 99%. Algunos llegaron a afirmar que es mayor que 99,9%.
·         Todos los expertos dijeron que aconsejarían a Elena que se lo comunicara a su familia, que se hicieran todos la prueba del SIDA, y que comenzara a medicarse.

Para ver cuál es la realidad, partamos de una población de 10.000 personas sin riesgo especial de SIDA y les hacemos la prueba a todos ellos. ¿Cuáles serían los resultados?
1.      Como la probabilidad de tener el SIDA en esa población es de 1 en 10,000, habrá una persona con SIDA y 9,999 sin SIDA:
2.      Como la probabilidad de un falso negativo es del 0,1%, es casi seguro que la persona que tiene el SIDA dará positivo.
3.      Como la probabilidad de un falso positivo es del 0,01%, al hacer la prueba a los 9.999 individuos que no tienen el SIDA, uno de ellos dará positivo sin tener el SIDA (la probabilidad de que eso ocurra es 0,9999).
4.      Resumiendo: al hacer la prueba del SIDA a esas 10.000 personas, dos darán positivo. Uno de ellos tiene el SIDA, el otro no.
5.      Luego la probabilidad de que Elena tenga el SIDA es del 50% (la misma que la de que salga cara al arrojar una moneda al aire).
6.      Luego el consejo que los expertos deberían haberle dado a Elena es el siguiente: repita la prueba en otro laboratorio.

¿Son expertos los expertos? ¿En manos de quiénes estamos?

[1] E.Kurz-Milcke, G.Gigerenzer, L.Martignon, Transparency in risk communication: graphical and analog tools, en Strategies for risk communication: evolution, evidence, experience, Annals of the New York Academy of Sciences, vol.1128, 2008.

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Manuel Alfonseca

miércoles, 12 de marzo de 2014

Fraude científico, un peligro para la ciencia

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La actividad fraudulenta no es privativa de los políticos y de los financieros, aunque quizá esté más extendida entre ellos. También afecta a los científicos, que como todos los seres humanos son propensos a la tentación y a veces (sorprendentemente pocas) caen en ella. Los motivos son los de siempre: la ambición, la fama y la presión insoportable para obtener resultados y publicarlos a que se ven sometidos los investigadores.
Lo primero que habría que tener claro es qué es y qué no es fraude científico. De acuerdo con los criterios utilizados en Estados Unidos, entre las actividades científicas claramente fraudulentas destacan esencialmente dos: la invención o falsificación de resultados experimentales, y el plagio. No se consideran fraudulentas, pero sí cuestionables, otras actividades: presentar especulaciones como si fueran hechos; usar procedimientos estadísticos incorrectos; o pedir la aprobación de experimentos éticamente controvertidos después de realizados. Finalmente, no se pueden considerar fraudulentos ni cuestionables los errores de juicio, las diferencias de opinión al interpretar los datos, o los errores cometidos en su análisis.
Supongamos el caso hipotético siguiente: Un investigador repite cuatro veces un experimento y obtiene tres veces el mismo resultado, y una vez otro distinto. Para mejorar la presentación de los resultados y asegurar su publicación, elimina el experimento discrepante y en su artículo se refiere únicamente a los otros tres.
Parece un fraude pequeño, pero ciertamente es un fraude. Einstein dijo: El derecho a buscar la verdad implica también un deber: uno no debe ocultar ninguna parte de lo que uno reconoce que es verdad.
Algunos fraudes científicos son famosísimos y merecerían un tratamiento más amplio, pero han sido descritos con frecuencia, por lo que me limitaré a mencionarlos, añadiendo una enumeración de algunos de los más recientes.
·       A principios del siglo XX, la tinción con tinta china de las manos del sapo partero, en relación con el intento de Paul Kammerer de demostrar la herencia de los caracteres adquiridos (Lamarckismo), en contra de la teoría de Darwin. Este fraude pudo ser debido a la iniciativa de un ayudante, demasiado preocupado por el prestigio científico de su jefe.   
·     El hombre de Piltdown, el eslabón perdido inglés, fabricado en 1912 con un cráneo de hombre moderno y la mandíbula de un orangután. Casi un siglo después, aún hierve la controversia sobre quién fue el autor del fraude.
·         Los resultados espectaculares obtenidos por Franz Moewus en los años 40 en el campo de la biología molecular, cuyos experimentos parecen ser imaginarios.
·         Las investigaciones de Cyril Burt (en tiempos considerado uno de los más eminentes psicólogos británicos) sobre la controversia sobre el origen de la inteligencia: ¿predominan las influencias hereditarias, o las ambientales y educativas? Sus estudios sobre gemelos univitelinos separados parecieron decidir la cuestión en favor de la influencia genética. Años después de su muerte, se descubrió que, de los 119 pares de gemelos supuestamente estudiados por Burt, sólo los 15 primeros eran reales: los restantes se los había inventado. También parece haber inventado a dos supuestas colaboradoras, que le habrían ayudado en sus investigaciones. 
·         Además de éste, a Burt se le atribuyen otros fraudes de menor importancia, como la publicación de cartas, reseñas y notas bajo seudónimo en la revista de la que era editor (el British Journal of Psychology), para citarse a sí mismo y aumentar el índice de impacto de sus artículos.
·         En 1974, el inmunólogo norteamericano Summerling anunció haber logrado realizar, sin provocar rechazo, trasplantes de piel de ratones albinos a ratones negros. Cuando se pusieron en duda sus resultados, fue sorprendido in fraganti tiñendo de blanco el pelo de un ratón.
·         En 1986, Claudio Milanese, del Dana-Farber Cancer Institute de la Universidad de Harvard, reconoció haber manipulado los resultados de un experimento que condujo a la publicación del descubrimiento de una molécula inexistente (interleucina-4A).
·         En un análisis realizado entre 1977 y 1988 por la FDA norteamericana, se detectaron deficiencias graves en muchos informes y datos de laboratorio de los investigadores contratados por empresas farmacéuticas para estudiar drogas experimentales, tales como manipulación de datos, falta de consentimiento de los pacientes, o protocolos científicos incorrectos. 395 casos fueron estudiados a fondo, por presentar deficiencias especialmente graves. En 63 de ellos, la FDA tomó medidas disciplinarias contra los investigadores.
·         Entre 1989 y 1991, el gobierno de los Estados Unidos analizó 200 casos posibles de mala conducta científica. En 30 de ellos, la sospecha se confirmó.
·         Entre 1992 y 1999, las agencias federales de los países nórdicos investigaron 37 casos de mala conducta científica, que sólo se confirmó en 9.
·         En 1999 se descubrió en China un fósil, aparente eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves, al que se dio el nombre de Archaeoraptor. La revista National Geographic le dedicó un artículo. Posteriormente se descubrió que el fósil había sido montado con la cabeza del ave extinguida Yanomis, la cola de un Microraptor y las patas de una tercera especie.
·         En 1999, Victor Ninov y sus colegas del Lawrence Berkeley Lab anunciaron que habían conseguido por primera vez fabricar los elementos 116 y 118. En 2002, un panel investigador concluyó que Ninov había manipulado intencionadamente los datos. Aunque negó las acusaciones, Ninov fue despedido.
·         En 2000, Robert Tracy, uno de los miembros del equipo de Michael Lieber, confesó haber manipulado los datos que parecían demostrar la existencia de híbridos de ADN y ARN que desempeñarían un papel en la síntesis de anticuerpos. Sus colegas tuvieron que retractarse de la publicación correspondiente.
·         En 2002, un panel de Lucent Technologies acusó a Jan Hendrik Schön, de Bell Labs, de haber manipulado datos sobre experimentos en electrónica molecular que parecían haber conducido a una cascada de descubrimientos: un transistor formado por una sola molécula, transistores plásticos, transistores superconductores... Los datos manipulados habían contaminado 25 artículos científicos, entre ellos varios en Nature y Science. Schön fue despedido.
·         En 2004, el coreano Woo Suk Hwang, de la universidad de Seul, anunció haber logrado clonar células madre embrionarias humanas. La revista Science publicó dos artículos. A finales de 2005, esta investigación fue cuestionada, Hwang fue acusado de fraude y expulsado de la universidad, y Science retractó los dos artículos.
·         En un artículo publicado en The Lancet en 2005, Jon Sudbö, del Hospital Noruego del Radio y la universidad de Oslo, publicó un estudio que demostraba que el ibuprofeno reduce el riesgo de cáncer de boca en los fumadores. Acusado de fraude, Sudbö reconoció haber inventado los 908 pacientes que mencionaba en el artículo.
David Baltimore
No todos los supuestos fraudes científicos resultan serlo al final. También en relación con esto es preciso ser exquisitamente escrupulosos con la presunción de inocencia. En 1986, el premio Nobel David Baltimore avaló con su firma un artículo de su colaboradora Thereza Imanishi-Kari sobre la inserción de genes en ratones. Margot O’Toole, estudiante posdoctoral del equipo, acusó a Thereza de manipular los datos de los experimentos. Durante algún tiempo, pareció que la acusación tenía base. En 1991, Baltimore se vio obligado a dimitir como rector de la Universidad Rockefeller de Nueva York. En 1994, Imanishi-Kari fue declarada culpable de 19 acusaciones de mala conducta científica por un panel de la Oficina de Integridad en la Investigación (ORI). En 1996, sin embargo, un panel federal de apelación calificó  el análisis de la ORI de irrelevante, no creíble o no corroborado, y declaró a Imanishi-Kari inocente de las 19 acusaciones. Para entonces, sin embargo, tras diez años de lucha, Thereza había tenido que abandonar la carrera investigadora.

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Manuel Alfonseca

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Qué es hacer ciencia?

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En marzo de 2009, la dirección general de tráfico proclamó la siguiente noticia en los medios de
comunicación: El 22% de los fallecidos en accidente de tráfico no llevaban el cinturón de seguridad. Para salvar vidas, se recomienda a todo el mundo que se lo ponga. Expresado así, este dato es ambiguo. Alguien podría pensar que, si el 22% de los muertos no lo llevaba, el 78% (más del triple) sí lo llevaba, por lo que es mejor no ponerse el cinturón de seguridad. Para poder sacar conclusiones correctas, falta un dato: con o sin accidentes, ¿qué proporción de los conductores no lleva puesto el cinturón de seguridad? Este dato existe, aunque me costó algún trabajo encontrarlo: es el 5%. Combinado con el anterior, permite deducir que la probabilidad de morir en un accidente es más de 4 veces mayor entre los que no llevan el cinturón que entre los que sí lo llevan. Si todos lo llevaran, el número de muertes disminuiría en un 18%. Ante la forma en que se publicó esta noticia, me pregunto: si se denuncia que los políticos y los medios de comunicación utilizan la estadística y divulgan datos científicos de forma incorrecta, ¿se hace política? ¿O se divulga la ciencia?
En 1897, la cámara de representantes de Indiana (Estados Unidos de América) aprobó por 67 votos a favor y ninguno en contra el proyecto de ley #246, en el que se establecía que el valor del número pi pasaría a ser igual a 3,2 en ese estado. Literalmente decía que la relación del diámetro a la circunferencia (1 dividido por pi) es de 5/4 a 4 (1 dividido por 3,2). El proyecto pasó entonces al senado, donde no llegó a presentarse gracias a la oposición activa de Clarence Abiathar Waldo, profesor de matemáticas de Purdue. ¿Hizo política el profesor Waldo al oponerse a un proyecto de ley aprobado por unanimidad? ¿O hizo ciencia?
Cuando un grupo de presión creacionista norteamericano intenta conseguir que no se enseñe la teoría de la
evolución en las escuelas, o que se ofrezca como alternativa científica la creación del mundo en seis días, si un científico se opone a ello ¿hace política? ¿O divulga la ciencia?
Quien defiende el derecho a la objeción de conciencia por los científicos que no quieren trabajar en la producción de gases venenosos, de minas antipersonas o de bombas atómicas, o realizar experimentos con seres humanos sin su consentimiento, ¿hace política? ¿Tiene que ver con la ciencia la dimensión ética de la ciencia?
Cuando se ataca o se defiende una ley del aborto acudiendo a afirmaciones tales como el embrión no es un ser humano, o el embrión es parte del cuerpo de la madre, o el embrión no es más que un conjunto de células (¿qué somos, pues, los adultos?), si uno o mil científicos denuncian que dichas afirmaciones son incorrectas, si se defiende el derecho a la objeción de conciencia de los médicos, ¿se hace política? ¿O se hace ciencia?

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Manuel Alfonseca