Los mundos perdidos de 2001

Arthur C. Clarke

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2001, una odisea del espacio (1968) es una de las películas más representativas de la ciencia-ficción en el mundo del cine. Su guion, cuya construcción llevó varios años, fue elaborado conjuntamente por Arthur C. Clarke, escritor consagrado de ciencia-ficción durante la edad de oro de este género, y Stanley Kubrick, afamado director de cine. Mientras participaba en el guion, Clarke escribió un libro con el mismo título que la película, que se publicó después del estreno de esta.

En 1972 Arthur C. Clarke publicó un libro titulado Los mundos perdidos de 2001, en el que mezcla reminiscencias sobre la construcción del guion con capítulos descartados del libro. Al leerlo, es posible seguir el proceso de elaboración de la película por parte de Clarke y Kubrick y las etapas sucesivas por las que pasó el argumento. Coincido con ellos en que el guion definitivo quedó mucho mejor que cualquiera de las versiones intermedias.

¿Mecánica cuántica o física clásica?

John Stewart Bell

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El debate sobre si la física de partículas debe apoyarse en la mecánica cuántica (con consecuencias extrañas, como la superposición de estados y el colapso cuántico) o en alguna teoría aún desconocida del tipo de la física clásica que elimine la necesidad de esos fenómenos, viene durando desde que Bohr y Einstein comenzaron a debatir sobre esto hace casi un siglo.

La cuestión parecía haberse decidido cuando John Steward Bell formuló en 1964 la famosa desigualdad de Bell, a la que dediqué otro artículo. Pero hay quien continúa planteando la cuestión, de modo que se siguen buscando otros medios para distinguir entre ambos tipos de teorías. Uno de esos medios es la desigualdad de Leggett-Garg (LGI por las siglas en inglés), a la que voy a dedicar este artículo, que se basa en una publicación de Physics World del 12 de agosto de 2024.

Ciencia-ficción y viajes en el tiempo

H.G. Wells

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Hace algunos años publiqué en este blog una serie de artículos sobre el aspecto científico de los viajes en el tiempo, las paradojas que podría provocar si fuese posible (casi seguro no lo es) y soluciones propuestas para dichas paradojas, como el multiverso cuántico, una de las teorías más absurdas que jamás han pergeñado los físicos. En otro artículo hablé de los errores científicos en la novela de ciencia-ficción Timeline de Michael Crichton, que intenta resolver las paradojas de este modo, pero lo hace mal.

Aquí voy a referirme a los viajes en el tiempo desde el punto de vista literario, como subgénero de la ciencia-ficción. En este contexto, la posibilidad de realizar viajes en el tiempo es irrelevante. La cuestión nos interesa porque se trata de uno de los temas más frecuentes de este tipo de literatura.

Correlación o causalidad

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Desde que Francis Galton, primo-hermano de Darwin, más conocido por promover la eugenesia, inventó el concepto matemático de correlación, se han cometido numerosos errores relacionando correlación y causalidad, que a veces coinciden, pero otras son completamente diferentes.

Se dice que dos variables están correlacionadas, cuando los aumentos de una se parecen a los aumentos de la otra, y además las disminuciones de una se parecen a las disminuciones de la otra. Pero no todas las correlaciones son iguales: para distinguirlas, Galton ideó el coeficiente de correlación, un número comprendido entre -1 y 1.

Inteligencia computacional y consciencia

Eduardo César Garrido Merchán
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En los últimos años ha habido avances considerables en inteligencia artificial, especialmente en el campo de la generación automática de textos e imágenes que a veces compiten con éxito con las producciones humanas. Ante esto, los medios, e incluso algunos científicos, han lanzado las campanas al vuelo anunciando que estamos a punto de crear inteligencias artificiales conscientes, que competirían con los seres humanos como iguales nuestros. Pero otros piensan que ese objetivo, si fuera posible (lo que no está claro), está mucho más lejos de lo que algunos piensan.

En un artículo firmado por Eduardo César Garrido Merchán y Sara Lumbreras y publicado en la revista philosophies con el título Can Computational Intelligence Model Phenomenal Consciousness, los autores revisan la analogía de Bertrand Russell, que sostiene que la consciencia y la inteligencia están íntimamente correlacionadas. O sea, que cualquier ente que posea consciencia poseerá también un alto nivel de inteligencia, y viceversa. En cierto modo, esta analogía es semejante a la Prueba de Turing, mucho más conocida.

La productividad científica disminuye

Teoría de cuerdas

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Un equipo de investigadores chinos y estadounidenses ha publicado en arXiv en septiembre de 2024 un artículo que resume su estudio sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología a lo largo de más de dos siglos. El estudio analiza 213 millones de artículos científicos publicados entre 1800 y 2020, junto con 7,6 millones de patentes concedidas entre 1976 y 2020.

El resultado de su estudio es que, mientras el número de publicaciones científicas ha crecido exponencialmente, el conocimiento obtenido por la humanidad crece linealmente; o sea, que la velocidad de adquisición de conocimientos es constante y no crece en la misma proporción que el número de publicaciones.

¿Fue perseguido Teilhard de Chardin por defender la evolución?

Pierre Teilhard de Chardin

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En un artículo anterior he mencionado algunos de los mitos relacionados con la persecución de los científicos como consecuencia de sus ideas científicas y por motivos religiosos. Mencioné, por ejemplo, a Giordano Bruno y Miguel Servet, presentados erróneamente como mártires de la ciencia, cuando en realidad fueron perseguidos por sus ideas religiosas, no por sus actividades científicas, que en el caso de Bruno fueron prácticamente inexistentes.

En la presentación de un vídeo publicado hace poco se da publicidad a uno de estos mitos, también bastante extendido: el que afirma que Teilhard de Chardin fue reprimido por su orden jesuita por abogar por la evolución. Que esto es falso se puede deducir fácilmente del hecho de que Teilhard pudo publicar sin problemas decenas de artículos sobre la evolución de los antepasados del hombre en revistas científicas y filosóficas de impacto, sin que su orden se lo impidiera. Una de esas revistas fue Études, editada precisamente por los jesuitas. Curiosa manera de reprimirle por abogar por la evolución.

Éxitos y fracasos de la conservación biológica y ambiental

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Usualmente, cuando los medios hablan de la conservación ambiental y de las especies en peligro, las noticias que dan suelen ser casi siempre negativas: todo va muy mal; cada vez hay más especies en riesgo de extinción; las actividades humanas corrompen el medio ambiente; nuestro planeta está en peligro de convertirse en un erial incompatible con la vida… En realidad, al decir la frase resaltada, estamos utilizando el tropo llamado sinécdoque, en la versión que consiste en nombrar el todo por la parte, pues no es el planeta el que está en peligro, sino nosotros, los seres humanos, junto con otros muchos seres vivos.

Acabo de leer un libro publicado en 2012, escrito por Andrew Balmford y titulado Wild hope: on the front lines of conservation success, que intenta poner énfasis en todo lo contrario: no todas las noticias son negativas; últimamente se están produciendo algunos éxitos en la conservación de especies animales en peligro de extinción, o de entornos amenazados por la voracidad humana. El análisis que realiza de estos casos señala deficiencias en los procesos de conservación ambiental dirigidos por los políticos, que a veces consiguen exactamente lo contrario de lo que se proponían, como indiqué en este blog en un artículo publicado hace casi seis años, titulado La ignorancia ecológica de los ecologistas.

Boecio, el tiempo y la eternidad

Manuscrito medieval de
La Consolación de la Filosofía
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Han transcurrido 1500 años desde la muerte de Boecio, pero la efeméride ha pasado desapercibida. Hace un siglo eso no habría ocurrido, pues entonces aún se estudiaba historia. Nuestra época, en cambio, desprecia la historia. Y ya sabemos lo que ocurre a quienes la desprecian, en frase atribuida a George Santayana: quienes no conocen el pasado, están obligados a repetirlo.

Anicio Manlio Severino Boecio fue un político y filósofo del siglo V y VI, que desempeñó cargos importantes en el reino ostrogodo que surgió en Italia poco después de la caída del Imperio Romano de Occidente. En su actividad política, Boecio fue sucesivamente senador, cónsul y consejero del rey ostrogodo Teodorico.

Verdad frente a utilidad

Alvin Plantinga

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Como dije en un artículo anterior, la selección natural es la constatación estadística de que, en general, los individuos mejor adaptados a su medio ambiente suelen dejar más descendientes que los menos adaptados. Es, por tanto, una cuestión de utilidad. Un rasgo que es útil para aumentar la reproducción de un individuo será, en principio, favorecido estadísticamente por la selección natural.

En otro artículo, en el que hacía referencia a un libro mío de divulgación científica (Evolución biológica y evolución cultural en la historia de la vida y del hombre)  mencioné que 

La evolución actúa en el universo, tanto sobre la vida como sobre la cultura, aunque su forma de actuar se adapta al entorno concreto sobre el que se aplica (genes, sistemas nerviosos o elementos culturales). 

¿Se desinfla la investigación en generadores de lenguaje?

John McCarthy

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Parece como si el sino de ese campo de la tecnología informática mal llamado inteligencia artificial fuese alternar entre el optimismo excesivo y el pesimismo desatado. Veamos un esbozo de la historia de esta tecnología:

  1. En el curso de verano del Dartmouth College, en 1956, se propuso el nombre de inteligencia artificial para los programas de ordenador que realizaran tareas que tradicionalmente se habían considerado exclusivamente humanas, como jugar al ajedrez y traducir de una lengua humana a otra. Los asistentes, dirigidos por John McCarthy, lanzaron las campanas al vuelo y predijeron que en diez años se habrían resuelto esos dos problemas. Esperaban que para 1966 habría programas capaces de ganar al campeón del mundo de ajedrez, y otros que podrían traducir perfectamente entre dos lenguas humanas cualesquiera. Cuando esos objetivos no se consiguieron tan pronto, la investigación en inteligencia artificial se detuvo. En las universidades, los temas de investigación en este campo estaban mal vistos, porque se pensaba que no tenían futuro.

El imperio de la mentira

Abraham Lincoln

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A Abraham Lincoln se le atribuye esta frase:

Se puede engañar a algunas personas todo el tiempo. Se puede engañar a todo el mundo durante algún tiempo. Pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Cuando yo era joven se decía que, si a un político se le pillaba en una mentira, tenía que dimitir, porque había engañado al pueblo. Por entonces, esto era cierto. Entre los políticos más famosos que dimitieron durante esos tiempos por haber mentido se pueden mencionar John Profumo, ministro del Reino Unido, en 1963, y a Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, en 1974.

Estas cosas ya no son así. Hoy los políticos que dimiten cuando se les pilla mintiendo no son la regla, sino la excepción. Muchos políticos mienten cada vez que hablan a sabiendas de que todo el mundo sabe que mienten, y no les importa lo más mínimo. Es una muestra del descrédito en que ha caído el concepto de la verdad, uno de los criterios más importantes de la historia, no sólo para la política, sino para la ciencia y todas las formas del pensamiento humano.

¿Persecución religiosa de los científicos?

William Harvey

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Este verano, Jesús Lizcano publicó en El Imparcial un artículo titulado Un recuerdo para los científicos perseguidos en la historia. Los clasifica en tres grupos: a) perseguidos por razones políticas; b) perseguidos por razones religiosas; y c) perseguidos por razones de tendencia sexual. Aquí voy a referirme a los del segundo grupo, que me parecen discutibles.

Entre los once científicos perseguidos por razones religiosas, según Lizcano, no podían faltar Hipatia y Galileo, que siempre son mencionados, a veces con exageraciones manifiestas, como demuestra el hecho de que mucha gente cree que Galileo fue quemado vivo por la Inquisición, cuando en realidad fue condenado a arresto domiciliario, que fue suavizándose a lo largo del tiempo. Pero aquí voy a hablar de los otros nueve que menciona el artículo.

Paradojas de la información

Woody Allen

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Como he mencionado varias veces, los viajes en el tiempo, si fuesen posibles, provocarían muchas paradojas. En un artículo anterior mencioné la paradoja de la información que surge de la nada, que puede resumirse así:

Un viajero en el tiempo que vive en el tiempo 3 sabe que cierta persona A dijo o hizo algo en el tiempo 2, anterior al suyo. 

El viajero viaja hacia el pasado hasta el tiempo 1, anterior al tiempo 2, donde se encuentra con A. 

Mientras están juntos, le sugiere la idea que sabe que esa persona hará o dirá en el futuro, y que todavía no se le ha ocurrido. 

¿De quién fue originalmente la idea? Del viajero no, porque en el tiempo 3 lo aprendió de la historia de la persona A. De la persona A tampoco, porque la idea se la sugirió el viajero. 

La información en cuestión ha surgido de la nada, sin que se le ocurra a nadie.

Véase un diagrama que lo explica.

Equívocos respecto a la selección natural

Charles Darwin

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Desde que Charles Darwin lo acuñó, incluyéndolo en el título de su famoso libro, publicado en 1859, el término selección natural ha sido muy mal comprendido, especialmente por los no especialistas. Vamos a revisar aquí algunos de los equívocos más frecuentes.

  • La selección natural es una fuerza que actúa sobre los seres vivos para provocar la evolución. Esto no es cierto. La selección natural no es una fuerza, ni un objeto, ni una interacción, ni un fenómeno. Es, simplemente, una constatación estadística. Observamos que, en general, los individuos mejor adaptados a su medio ambiente suelen dejar más descendientes que los menos adaptados. Nada más. Es, por tanto, una cuestión de sentido común, no el resultado de la acción externa de una fuerza misteriosa.

Longevidad y envejecimiento

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Hace casi ocho años escribí un artículo sobre este mismo tema en este blog. Dicho artículo contenía una figura que construí a partir de datos proporcionados por el INE y que presenta los datos de mortalidad para España en tres años distintos: 1900, 1991 y 2013. Las tres curvas de la figura representan el porcentaje de las personas que han cumplido cierta edad y que mueren durante el año siguiente. Adjunto aquí una figura equivalente, con los datos actualizados que corresponden a los años 1900, 1991 y 2022, puesto que ahora disponemos de datos más recientes.

Como dije entonces, la figura muestra que los avances de la medicina han disminuido la mortalidad sobre todo al principio y al final de la vida, pero se notan poco sus efectos para las personas entre 20 y 40 años.  La curva de la mortalidad, que en 1900 tenía forma de U, se va aproximando a una L al revés, con una tasa muy baja durante casi toda la vida y un ascenso bastante brusco a partir de los 80 años de edad.

Singularidades

Hal 9000, de la película
2001, una odisea del espacio

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La singularidad es un concepto matemático (que el diccionario de la RAE no recoge) que se aplica a una función de una variable que alcanza un valor infinito para uno o varios valores finitos de su variable independiente.

Por ejemplo, la función y=1/x presenta una singularidad para x=0, pues suele decirse que 1 dividido por cero es igual a infinito.

Curiosidades de la constante de estructura fina

Clifford Pickover
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En un artículo que publiqué en este blog hace más de tres años expliqué qué es la constante de estructura fina y alguna de sus peculiaridades físicas. En este artículo voy a hablar de algunas de sus peculiaridades matemáticas. Las he sacado de un libro que ya he mencionado en alguna otra ocasión: A Passion for Mathematics, de Clifford A. Pickover.

Sabemos que el valor más exacto de esta constante es este:

α = 1 / 137,035999206

Pickover señala que Eric W. Weisstein, en su página web World of Physics, ofrece dos aproximaciones matemáticas increíblemente próximas a este valor:

¿Agujeros negros o gravastares?

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Como expliqué es un artículo anterior, nuestras dos teorías físicas fundamentales, la relatividad general y la mecánica cuántica, predicen infinitos, lo que no agrada a los físicos. La relatividad general lo hace en las singularidades gravitatorias: el Big Bang y los agujeros negros. La mecánica cuántica, en la energía del vacío y las cantidades que deben ser renormalizadas en la teoría cuántica de campos.

Hasta hace poco, la teoría de los agujeros negros, formulada por Subrahmanyan Chandrasekhar en 1930, afirmaba esto: cuando una estrella 30 a 70 veces más masiva que el sol sufre una explosión de supernova, expulsa gran parte de su masa, pero una parte (al menos 3,8 veces más masiva que el sol) colapsa hasta tal punto, que pasa a ocupar un volumen nulo, que por tanto tendrá una densidad literalmente infinita.

La ilusión de la antigravedad

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El hombre siempre ha deseado poder volar. Ver cómo lo hacen las aves y no poder hacerlo le ha obsesionado, hasta el punto de provocar no pocos accidentes. Es un ansia que ya conocen los niños muy pequeños. Sirvan de prueba algunos percances que provocó a finales de los años setenta la visión de la película Superman.

A finales del siglo XIX se conocían dos interacciones fundamentales: la electromagnética y la gravitatoria. En un respecto, las dos son muy diferentes. Los cuerpos cargados de electricidad pueden tener carga positiva o negativa. Una carga positiva y una negativa se atraen; dos positivas o dos negativas se repelen. De igual manera, los cuerpos magnéticos presentan dos extremos con magnetismo de tipo diferente, norte y sur. Si acercamos dos imanes, el extremo norte de uno y el extremo sur del otro se atraen; los extremos del mismo tipo se repelen.

¿La ciencia lo explica todo?

William Shakespeare
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El cientificismo es la teoría filosófica que afirma que la ciencia es la única fuente válida del conocimiento humano. Tomada al pie de la letra, esta afirmación a veces lleva al absurdo. El caso que voy a describir podría ser un ejemplo de cientificismo. Lo he sacado de un artículo reciente de Joseph Pearce titulado Shakespeare and Science (Shakespeare y la ciencia).

Kathryn Harkup, doctora británica en ciencias químicas y divulgadora científica, ha publicado varios libros analizando diversas obras literarias desde el punto de vista de la ciencia. Ignoro si Harkup es cientificista, pero su énfasis en la ciencia me hace pensar que podría serlo. Recientemente ha publicado un libro titulado Death by Shakespeare (La muerte según Shakespeare) en el que critica la forma en que Shakespeare presenta la muerte en sus obras, basándose en lo que, según ella, la ciencia moderna sabe de la muerte. Pearce destaca dos casos, que muestran algunas conclusiones absurdas a las que puede llevar basarse únicamente en la ciencia.

Contradicciones del naturalismo

Mary Midgley
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En varias ocasiones he señalado alguna de las contradicciones en que caen los filósofos naturalistas y sus diversas variantes: materialistas, reduccionistas, fisicalistas, cientificistas, etcétera. En el artículo anterior señalé que Raymond Tallis ha detectado dos contradicciones importantes que llama darwinitis y neuromanía. En este artículo voy a añadir algunas más, porque al verlas juntas la potencia de cada una se multiplica. Aquí están las que he seleccionado:

  • La ciencia es la única fuente válida del conocimiento humano: ¿Qué ciencia ha llegado a esa conclusión? ¿La física? ¿La biología? No, ninguna. Luego, si lo que dice esta afirmación es verdadero, esta afirmación tiene que ser falsa. Llegamos a una contradicción. En cambio, si esta afirmación es falsa, no hay ningún problema. Luego esta afirmación es falsa. Luego el cientificismo (y por ende, el naturalismo) es falso.

Neuromanía y Darwinitis

Raymond Tallis
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El capítulo 11 del libro La cosmovisión naturalista de Moisés Pérez Marcos, al que me referí en el artículo anterior, está dedicado íntegramente al filósofo y neurocientífico Raymond Tallis, quien a pesar de su postura religiosa atea se opone a algunas de las exageraciones modernas del naturalismo reduccionista. Tallis publicó en 2011 un libro titulado, significativamente, Aping Mankind: Neuromania, Darwinitis and the misrepresentation of humanity (El hombre al nivel del mono: neuromanía, darwinitis y la tergiversación de la humanidad). Este libro describe dos patologías filosóficas muy extendidas, que surgen desde las revistas profesionales y los coloquios instruidos a las discusiones en el pub o las pantallas de televisión. (Pérez Marcos, parafraseando a Tallis). Son estas:

Naturalismo o naturalismos

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La cosmovisión naturalista es un libro monumental, escrito por Moisés Pérez Marcos, sobre la(s) filosofía(s) naturalista(s). Porque al igual que con el multiverso, del que existen muchas teorías diferentes, usualmente incompatibles entre sí, hay (casi) tantas filosofías naturalistas como filósofos naturalistas. Es decir, que no se ponen de acuerdo entre ellos.

Lo primero que se debe hacer al enfrentarse al naturalismo es intentar definirlo y diferenciarlo de otras cosmovisiones relacionadas:

¿Cambiará el multiverso el método científico?


Antony Flew

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Termino de comentar el artículo de Man Ho Chan, que revisa y refuta los intentos recientes de conseguir que las teorías de los multiversos sean científicas. Aquí voy a referirme a aquellos que proponen renunciar al método científico para conseguir que las teorías del multiverso sean científicas. Este tipo de propuestas, las más drásticas posibles, puede resumirse así:

  • Anarquía epistemológica: Propuesta por Feyerabend en 1988, sostiene que la ciencia es una empresa esencialmente anárquica: el anarquismo teórico es más humanitario y tiene más probabilidades de fomentar el progreso que sus alternativas de ley y orden. Con otras palabras: Más vale que renunciemos a aplicar el método científico, no vaya a ser que se nos escape alguna teoría seudocientífica que hubiera podido sernos útil.

¿Provocará el multiverso un cambio en el paradigma científico?

Thomas Kuhn
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Continúo comentando el artículo de Man Ho Chan, que revisa y refuta los intentos recientes de conseguir que las teorías de los multiversos sean científicas. En este artículo voy a referirme a aquellos que intentan modificar el paradigma científico actual para que incluya las teorías del multiverso, que así podrían considerarse científicas. Para ello habría que realizar lo que se denomina cambios epistemológicos o cambios de paradigma científico.

Según Thomas Kuhn, existen cinco criterios que permiten evaluar el carácter paradigmático de una teoría:

  1. Exactitud: Indica si las predicciones de la teoría están de acuerdo con los datos experimentales que podamos descubrir después de formulada la teoría. Este criterio es semejante a la falsabilidad de la teoría al estilo de Popper, y corresponde a lo que he llamado en otro artículo validación de la teoría. Está claro que las teorías del multiverso no cumplen este criterio, pues no hacen predicciones que puedan comprobarse.

¿Son científicas las teorías de los multiversos?

Cúmulo galáctico de Virgo

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En artículos anteriores he dicho que las teorías de los multiversos (hay varias, algunas contradictorias entre sí) no son científicas, porque no es posible demostrar que son falsas, siguiendo el criterio de Karl Popper, que afirmó que una teoría no es científica a menos que con un experimento se pueda demostrar que es falsa.

Un artículo reciente de Man Ho Chan revisa y refuta diversos intentos de afirmar que las teorías de los multiversos sí son científicas. Aquí voy a referirme a quienes intentan demostrar que las teorías del multiverso deben considerarse científicas sin apenas cambiar los criterios actuales. Carroll 2018 utiliza tres argumentos principales para justificarlo:

Paradojas cuánticas

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La interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica provoca paradojas, al menos aparentes, cuando se intenta aplicarla al mundo macroscópico. Estas dos son las más conocidas:

  • Paradoja del gato de Schrödinger. Se introduce en una caja opaca un gato vivo, un átomo radiactivo, una ampolla llena de ácido cianhídrico, y un dispositivo que rompe la ampolla si el átomo radiactivo se desintegra. Si la ampolla se rompe, el gato muere. Si no se rompe, vive. Mientras la caja está cerrada, la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica nos dice que el átomo radiactivo está en una superposición de estados, desintegrado e intacto, hasta que alguien lo compruebe, en cuyo momento la superposición de estados colapsa en uno de ellos. Pero entonces, mientras la caja está cerrada, el gato tiene que estar en una superposición de estados: vivo y muerto. ¿Puede un gato estar vivo y muerto a la vez? La intuición nos dice que no, pero la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica nos dice que sí. Esta paradoja, como indica su nombre, fue propuesta en 1935 por Erwin Schrödinger, uno de los padres de la mecánica cuántica.

¡Que vienen los extraterrestres!

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Antes del siglo XX, algunos filósofos se plantearon la posibilidad de existencia de seres inteligentes extraterrestres. Podemos citar a Lucrecio (De Rerum Natura, libro II, siglo I a.C.), Nicolás de Cusa (siglo XV), y Giordano Bruno (siglo XVI). La idea fue adoptada con alegría por los escritores de ciencia-ficción, como Luciano de Samósata (Vera Historia, siglo II) y Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los estados e imperios de la Luna, 1656), de los que hablé en otro artículo.

Durante el siglo XIX, la atención del público se centró en posibles habitantes inteligentes de otros astros del sistema solar, especialmente la luna y Marte. En 1835, el diario Sun de Nueva York publicó seis reportajes falsos en los que declaraba que se había descubierto la presencia de hombres voladores en la luna. Se dice que nueve de cada diez estadounidenses lo creyeron. En realidad, el Sun publicó una novela de ciencia-ficción como si fuera real, haciendo referencia a personas existentes, como el astrónomo Sir John Herschel. Casi al final del siglo, la novela de H.G. Wells La guerra de los mundos (1898) planteó la posible existencia de marcianos, coincidiendo con la polémica científica sobre los canales de Marte, que no quedó definitivamente resuelta hasta 1965.

¿Imposible? ¡Quizá no!

Lord Kelvin

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A lo largo de la historia de la ciencia ha habido muchas demostraciones de que algo es imposible. Estas demostraciones suelen ser ciertas en matemáticas, como la que afirma que es imposible generar el número π con regla y compás. A pesar de lo cual, muchos aficionados siguen empeñándose en que lo han conseguido. Yo mismo he tenido que enfrentarme con alguna de esas “demostraciones”.

Otro caso parecido es la demostración, esta vez relacionada con la ciencia física, de que es imposible construir máquinas con movimiento perpetuo, porque se oponen al primero o al segundo principio de la termodinámica. También en este caso muchos aficionados se empeñan en afirmar que lo han conseguido. En estos casos, uno no debe perder el tiempo buscando el error, porque se sabe que existe.

¿Genes que surgen de la nada?

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Ana Márquez me pide aclaraciones ante una noticia reciente que ha saltado a la prensa más o menos divulgativa con titulares como estos:

Los científicos resuelven el persistente misterio de cómo surgen los genes de la nada. (Revista Squire, 7/1/2024)

New genes found that can arise from nothing. (Phys.org, 8/12/2023)

Parece mentira el empeño que tienen los medios (y algunos científicos) en abusar del concepto de la nada. Ignoran que la nada no existe, y que nada puede surgir de lo que no existe. Esto es algo que ya sabían los filósofos griegos presocráticos. (El primero en plantearlo fue Parménides). Veinticinco siglos después, el hombre moderno, tan orgulloso del avance de la ciencia y la tecnología, comete este error una y otra vez. En estos artículos he criticado a menudo la frase, tan común hoy día, que afirma que el universo surgió espontáneamente de la nada, que suelen formular los ateos para negar la creación y, por ende, la existencia de Dios. Una frase que no pertenece a la ciencia (porque las teorías actuales no nos permiten remontarnos al momento del Big Bang), y que como filosofía no es más que una flagrante demostración de ignorancia.

El misterio de la constante cosmológica

Alexander Fridman
(Александр Фридман)

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Este artículo completa un artículo anterior con un título parecido: El problema de la constante cosmológica.

En primer lugar, vamos a distinguir tres conceptos diferentes, pero que podrían estar relacionados:

  1. La energía del vacío: se debe a la aparición constante de pares de partículas y antipartículas que se desintegran inmediatamente entre sí, de modo que son indetectables por experimentación directa. Su aparición es consecuencia del principio de incertidumbre: ΔE×Δt<ħ/2, que implica que una partícula con la energía ΔE puede aparecer espontáneamente durante un tiempo Δt<ħ/(2ΔE), tanto más pequeño cuanto más grande sea ΔE. Así, un electrón virtual duraría menos de 4×10-21 segundos. Un protón, cuya masa es 1837 veces mayor, duraría 1837 veces menos. Aplicando la teoría cuántica de campos a todas las partículas conocidas, se puede estimar la energía del vacío.

Ladran, luego cabalgamos

Ilustración de Gustavo Doré

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En septiembre de 2003, leyendo el libro Sobre la voluntad en la naturaleza (1836) del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, encontré las siguientes palabras en la página 40 de la traducción española de Alianza Editorial:

…según lo que dicen aquellos versos de Goethe: “El perro quisiera acompañarnos desde el establo: el eco de sus ladridos nos prueba que cabalgamos”.

Inmediatamente se me ocurrió que esta frase tenía que ser el origen del refrán castellano ladran, luego cabalgamos, que solía atribuirse al Quijote. Como no recordaba haberla leído en El Quijote, por si acaso, hallé una versión digitalizada del Quijote y busqué la frase en cuestión. No estaba. A continuación hice una búsqueda de la frase en Google, y me salieron unas sesenta referencias, todas las cuales afirmaban que era una frase del Quijote. Busqué también la traducción al alemán de la frase de Goethe citada por Schopenhauer, y aparecieron cinco referencias al poema Kläffer (Ladrador) de Goethe (1808). Por lo tanto, toda la información utilizada por Google para buscar esa frase en castellano era entonces errónea, mientras que la información escrita en alemán sí era correcta, aunque menos abundante.